Por Miguel Cienfuegos.
Hay una parte de la precariedad que no aparece en las estadísticas del paro ni en los balances del empleo. No figura en la nómina, no se mide en los convenios y casi nunca entra en los discursos optimistas sobre la economía. Es el cansancio con el que se llega a casa, las conversaciones que se aplazan, los vínculos que se desgastan y la sensación de vivir siempre a punto de que llegue un nuevo problema. De todo eso habla Esta soledad, el primer largometraje de Javier Giner, una película que mira de frente el agotamiento material y emocional de una generación que sobrevive entre trabajos precarios, cuidados familiares y una estabilidad que nunca termina de llegar.
La historia sigue a Leo y Lorea, una pareja que se ha roto después de cinco años. Él arrastra el peso de un padre enfermo y una desconexión emocional que le va cerrando por dentro. Ella intenta recomponer su vida entre trabajos mal pagados, incertidumbre y una fragilidad personal que tampoco encuentra un suelo firme. No es solo una película sobre una ruptura. Es, sobre todo, una historia sobre lo difícil que resulta sostener la propia vida cuando alrededor todo se vuelve inseguro: el empleo, la vivienda, el tiempo, los cuidados y hasta la posibilidad de descansar sin culpa.
Ese es uno de los aspectos más interesantes que propone Esta soledad: comprender que la precariedad no termina cuando se sale del trabajo. Sigue ahí, instalada en la manera de vivir, de discutir, de amar y de cuidar. Muchas veces se habla de contratos basura, de alquileres imposibles o de salarios insuficientes como si fueran problemas separados de la vida íntima. Pero no lo son. Quien encadena empleos mal pagados, quien no sabe cómo llegará a fin de mes o quien cuida a un familiar enfermo sin apenas apoyo público no deja esas cargas en la puerta de casa. Entran con él. Se sientan a la mesa. Acaban también ocupando los afectos.
En este sentido, la película conecta con una realidad reconocible para buena parte de la clase trabajadora actual. No hace falta enseñar una cadena de montaje ni una gran huelga para hablar de desgaste social. También hay explotación en los ritmos de vida imposibles, en la inseguridad permanente, en la imposibilidad de planificar y en esa falta de tiempo que convierte cualquier proyecto personal en una carrera de obstáculos. El cine social más interesante ya no siempre necesita situarse dentro de una fábrica. A veces le basta con observar cómo se rompe una pareja para mostrar hasta qué punto se ha roto mucho más.
Javier Giner construye una historia sobre una generación cansada. No derrotada, pero sí golpeada por una vida adulta que prometía estabilidad y solo ha ido entregando incertidumbre. El trabajo, la vivienda, la salud emocional y los cuidados aparecen aquí no como asuntos separados, sino como partes de una misma asfixia. Y esa es precisamente una de las razones por las que Esta soledad puede interesar en una sección como Cine dentro de un medio como Sindicalismo.org. Porque habla del trabajo sin encerrarse en el centro de trabajo. Porque entiende que las condiciones materiales no terminan en el contrato, sino que modelan también la vida cotidiana.
La película resulta especialmente sugerente por cómo enlaza la precariedad laboral con la cuestión de los cuidados. Lorea intenta sostenerse entre empleos inseguros y una vida personal quebrada. Leo, por su parte, carga con la enfermedad del padre y con todo lo que eso implica en tiempo, desgaste y responsabilidad. Son dos formas de fragilidad muy presentes hoy en miles de hogares trabajadores. La primera se suele presentar como flexibilidad o adaptación. La segunda, como un problema privado que cada familia debe resolver como pueda. Esta soledad plantea que ambas están profundamente relacionadas.
Ahí es donde la película adquiere una dimensión política que merece atención. No necesita grandes discursos para recordar algo bastante simple: cuando una sociedad convierte la inseguridad en norma, la soledad deja de ser una experiencia puramente individual. Se transforma en una condición compartida. No solo por quienes viven solos, sino también por quienes, aun rodeados de gente, cargan en silencio con la precariedad, el miedo al futuro y la obligación de seguir adelante como si todo eso fuera normal.
En los últimos años han aparecido varias películas que intentan retratar el malestar contemporáneo sin quedarse en la superficie. Algunas se han centrado en la logística, otras en la vivienda, otras en el agotamiento emocional. Esta soledad se sitúa en ese mismo terreno, pero lo hace desde una mirada especialmente sensible a la forma en que la inestabilidad económica va entrando en la intimidad, contaminando las relaciones y desgastando incluso aquello que parecía más personal. Ese es, seguramente, su mayor interés.
No se trata de una película «sobre sindicalismo» en un sentido estricto, pero sí de una obra que puede interpelar directamente a quien piense el presente desde una óptica obrera. Porque recuerda algo esencial: la precariedad no solo empobrece los bolsillos. También daña los vínculos, estrecha el margen para decidir sobre la propia vida y convierte lo cotidiano en una forma de resistencia. La crisis social no solo se mide en sueldos o contratos. También se mide en cuerpos cansados, en familias tensadas y en relaciones que ya no encuentran espacio para respirar.
Habrá que ver cómo termina de recibirla el público cuando llegue a las salas, pero su planteamiento ya resulta estimulante. Frente a un cine que a menudo confunde actualidad con simple decorado urbano, Esta soledad parece mirar de frente una verdad incómoda: que una vida atravesada por el trabajo precario, por los cuidados no compartidos y por la falta de horizonte difícilmente puede sostenerse sin heridas.
Tal vez la pregunta más incómoda no sea por qué tantas relaciones se rompen, sino cuánto desgaste estamos dispuestos a considerar normal antes de preguntarnos qué clase de sociedad lo está produciendo.
Ficha de la película
Esta soledad (España, 2026). Dirección: Javier Giner. Guion: Javier Giner y Luisa Matienzo. Reparto principal: Oriol Pla, Marina Salas, Gemma Martínez, Kai Etxaniz e Itziar Lazkano. Duración: 110 minutos. Presentada en la sección Nuevos Directores del Festival de San Sebastián. Estreno previsto en cines: 30 de octubre de 2026.
Imagen destacada: fotografía promocional de «Esta soledad» con Marina Salas, Javier Giner y Oriol Pla. Fuente: EITB.
La precariedad fuera de la pantalla: el conflicto entre trabajo, ingresos y vida cotidiana también se observa en los datos actuales. En Sindicalismo.org analizamos por qué tener empleo no garantiza salir de la pobreza laboral y cómo el coste de la vivienda reduce el margen de una nómina.





