La jornada de huelga general del jueves 5 de noviembre ha llevado a trabajadores, estudiantes y pensionistas a las calles de numerosas ciudades francesas. En Lyon, las fuerzas antidisturbios cargaron contra manifestantes y utilizaron gases lacrimógenos durante una protesta convocada contra la pérdida de poder adquisitivo, el deterioro de la enseñanza y los recortes en los servicios públicos.
Las organizaciones sindicales habían convocado alrededor de 260 concentraciones y manifestaciones. El Gobierno preparó el despliegue de unos 70.000 policías y gendarmes, alegando la necesidad de impedir que se repitieran los episodios de violencia de octubre. Las centrales sindicales cuestionan las restricciones y defienden el derecho de los trabajadores y estudiantes a manifestarse.
Lyon: cargas, gases y una marcha condicionada por las restricciones
Los convocantes cifraron en más de 25.000 las personas participantes en Lyon. La marcha había previsto atravesar zonas centrales de la ciudad, pero las restricciones administrativas y judiciales modificaron el recorrido. Los enfrentamientos se produjeron cuando grupos de manifestantes y policías antidisturbios coincidieron en los primeros tramos. La Policía empleó gases lacrimógenos y realizó cargas; también se notificaron lanzamientos de objetos contra los agentes. La cifra sindical de asistencia no equivale a un recuento independiente.
Lo sucedido en Lyon vuelve a colocar en primer plano el uso de la fuerza frente a las protestas sociales. Las organizaciones participantes reclaman salarios y pensiones que no pierdan poder adquisitivo y recursos para sanidad y educación. El Gobierno sostiene que la actuación policial busca preservar el orden público.
Escuelas, energía y servicios públicos
La huelga tuvo repercusiones en la enseñanza y en instalaciones energéticas. La Torre Eiffel cerró por la protesta; también se registraron alteraciones en centros educativos y una reducción de la producción nuclear. Los datos oficiales conocidos durante la jornada situaban el seguimiento del profesorado en algo más del 15 %, si bien los sindicatos y colectivos estudiantiles emplean otros indicadores para medir la extensión de los bloqueos y movilizaciones.
La protesta enlaza con semanas de movilización juvenil por falta de personal, aulas saturadas y edificios deteriorados. Ferrocarriles, hospitales y otros servicios públicos arrastran reivindicaciones propias sobre salarios, empleo y condiciones laborales. No todos los sectores registraron el mismo nivel de paro.
Un ciclo de movilizaciones que continúa abierto
Las centrales sindicales pretenden transformar la indignación acumulada en los centros de trabajo y estudio en capacidad de presión sobre el Gobierno y la patronal. La jornada del 5 de noviembre se produce después de protestas estudiantiles, bloqueos y manifestaciones durante octubre. Los balances definitivos de asistentes, heridos y detenidos deberán distinguirse de las previsiones y de las primeras estimaciones.
Antecedentes: Francia prepara la huelga del 5-N: universidades bloqueadas, sanitarios y ferroviarios en lucha.





