Ángel Pestaña y el Partido Sindicalista ante la entrada de la CNT en el Gobierno

La fundación del Partido Sindicalista, el conflicto entre treintistas y faístas, la participación de la CNT en el Gobierno de Largo Caballero y las decisiones de Pestaña entre 1934 y 1937.
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El 4 de noviembre de 1936, mientras las tropas sublevadas se acercaban a Madrid, cuatro militantes de la CNT fueron nombrados ministros del Gobierno de Francisco Largo Caballero. Ángel Pestaña, antiguo secretario de la Confederación y diputado por Cádiz, quedó fuera del gabinete. Su Partido Sindicalista defendía que la acción política y la organización sindical correspondían a entidades distintas. La entrada de la CNT en el Ejecutivo republicano puso en práctica otra forma de intervención.

Del obrero autodidacta al dirigente de la CNT

Ángel Pestaña Núñez nació el 14 de febrero de 1886 en Santo Tomás de las Ollas, cerca de Ponferrada (León), y conoció desde niño la inestabilidad del trabajo y la pobreza. Pasó por distintos oficios y lugares antes de establecerse en Barcelona en 1914. Allí se vinculó a la prensa obrera, colaboró con Tierra y Libertad y llegó a dirigir Solidaridad Obrera. Su influencia procedía tanto de su actividad sindical como de su capacidad para intervenir en los debates estratégicos de la CNT.

En 1920 viajó a la Rusia revolucionaria como delegado cenetista al II Congreso de la Internacional Comunista. El contacto con la experiencia bolchevique y sus mecanismos de poder contribuyó a reforzar su rechazo a la subordinación del sindicalismo a un partido. Tampoco defendió desde entonces el inmovilismo: sostenía que la revolución requería organización, preparación y una base obrera capaz de mantenerla en el tiempo. Aquella discusión, junto con los choques de la Segunda República, explica por qué acabó proponiendo un instrumento electoral separado del sindicato.

1931-1934: una ruptura que no fue igual para todos

El Manifiesto de los Treinta, difundido en agosto de 1931, enfrentó a Pestaña, Joan Peiró y otros militantes con quienes defendían las insurrecciones como vía inmediata. En 1933 se afianzaron los Sindicatos de Oposición y la Federación Sindicalista Libertaria (FSL), ligada al sector treintista. Sin embargo, los firmantes del manifiesto no abrazaron una misma solución: Peiró y Juan López impulsaron la reunificación confederal, mientras Pestaña optó por crear una fuerza política propia.

La constitución del Partido Sindicalista suele fecharse en abril de 1934, aunque algunos inventarios archivísticos sitúan sus antecedentes en 1932 o 1933. Junto a Pestaña participaron en su lanzamiento Ricardo Fornells y Josep Robusté. La diferencia no es menor: el partido fue la opción de una parte de los antiguos cenetistas de oposición, nunca la continuación orgánica de todos ellos. El congreso de Zaragoza de la CNT, celebrado en mayo de 1936, reincorporó a los sindicatos de oposición; el Partido Sindicalista permaneció fuera. De ese modo quedaron separadas una corriente sindical reintegrada en la Confederación y otra que había aceptado intervenir también en las instituciones.

El Partido Sindicalista: programa, prensa y presencia territorial

Su estructura no alcanzó la dimensión de la CNT. Disponía de agrupaciones en Catalunya, País Valencià, Madrid, Aragón y Andalucía, y articuló juventudes y órganos de prensa. El Sindicalista se editó en Madrid desde 1934; en Barcelona circularon Hora Sindicalista y, posteriormente, Mañana. Durante la guerra, El Pueblo, el histórico diario valenciano, se convirtió en órgano del partido en agosto de 1937. Estas cabeceras permiten seguir una organización que combinaba propaganda, debates doctrinales y posicionamientos sobre la evolución del conflicto bélico.

La propuesta de Pestaña no consistía en convertir la CNT en una maquinaria electoral. Pretendía que los sindicatos conservaran su autonomía y que una organización política defendiera, desde los ayuntamientos y las Cortes, iniciativas favorables a la clase trabajadora. Esa separación buscaba evitar que una sola organización confundiera la lucha económica cotidiana con la administración del Estado. A sus críticos libertarios, en cambio, les parecía que la entrada en el parlamentarismo acabaría desplazando la acción directa y convirtiendo el cambio social en una negociación institucional.

En las elecciones de febrero de 1936, Pestaña obtuvo un escaño por Cádiz dentro de las candidaturas del Frente Popular. La situación de Benito Pabón, elegido por Zaragoza, exige más precisión: distintas historias del partido lo contabilizan entre sus dos representantes, mientras repertorios electorales lo identifican como independiente o vinculado al Partido Sindicalista Independiente. No conviene presentar su afiliación al Partido Sindicalista de Pestaña como un dato uniforme en todas las fuentes. El escaso peso parlamentario de aquella opción contrasta con el lugar que su fundador ocupaba en las polémicas del movimiento libertario.

Su propuesta repartía el trabajo entre dos organizaciones. El sindicato debía organizar a los trabajadores, sostener sus reivindicaciones y asumir un papel central en la economía. El partido actuaría en el terreno de las leyes y las instituciones. El cartel de Manuel Monleón que acompaña este artículo resume esa idea. Bajo las chimeneas y sobre dos manos estrechadas, el texto defiende que sindicato y partido se complementan, cada uno en su terreno.

Julio de 1936: el golpe militar y la revolución social

El 17 y 18 de julio comenzó la sublevación militar contra la República. En Barcelona, la resistencia obrera del 19 de julio derrotó a las tropas alzadas y abrió una situación de doble poder: continuaban las instituciones de la Generalitat, pero sindicatos, comités y milicias ejercían una autoridad decisiva sobre transportes, abastecimiento, fábricas y defensa. El Comité Central de Milicias Antifascistas, constituido el 21 de julio, simbolizó ese difícil equilibrio entre guerra, revolución e instituciones.

El Gobierno republicano necesitaba reorganizar unas fuerzas armadas fragmentadas y responder al avance del ejército sublevado, reforzado por la ayuda de la Alemania nazi y la Italia fascista. Al mismo tiempo, en amplias zonas de Catalunya y Aragón se habían extendido experiencias de colectivización y control obrero. Para la CNT, aceptar responsabilidades estatales significaba arriesgar una parte de su independencia; rechazarlas podía dejarla al margen de decisiones militares y económicas esenciales. No había una posición compartida sin fisuras dentro del anarcosindicalismo.

De septiembre a noviembre: cómo se negoció la entrada de la CNT

Francisco Largo Caballero presidía el Gobierno desde el 4 de septiembre de 1936. En un pleno de regionales celebrado el 15 de septiembre, la CNT examinó una salida alternativa: un Consejo Nacional de Defensa con representantes de CNT, UGT y fuerzas republicanas. La propuesta no prosperó. A finales de septiembre y durante octubre, el secretario del Comité Nacional confederal, Horacio Martínez Prieto, defendió con mayor claridad la participación directa en el Gobierno, mientras persistían resistencias entre sectores de la organización, especialmente en Catalunya.

Las negociaciones con Largo Caballero se prolongaron hasta comienzos de noviembre y acabaron fijando cuatro carteras. La selección equilibró, en términos de trayectorias internas, a García Oliver y Montseny, asociados al anarquismo más intransigente, con Peiró y Juan López, procedentes del sindicalismo de oposición. La paradoja resultaba evidente: algunas de las figuras que habían rechazado la vía política defendida por Pestaña aceptaban ahora puestos ministeriales, aunque lo hacían bajo una justificación distinta, la necesidad de coordinación antifascista en plena guerra.

Cuatro carteras con Madrid bajo amenaza

Los decretos del 4 de noviembre, publicados al día siguiente en la Gaceta de Madrid, repartieron así las cuatro carteras de la CNT. Juan García Oliver asumió Justicia, Federica Montseny se hizo cargo de Sanidad, Joan Peiró recibió Industria y Juan López Sánchez, Comercio. Para encajar la remodelación, el decreto separó Sanidad de Trabajo y Previsión, y dividió el anterior Ministerio de Industria y Comercio. Montseny se convirtió en la primera mujer que ocupó un ministerio en España.

Dos días después, el Gobierno salió de Madrid rumbo a València. Largo Caballero encargó al general José Miaja la defensa de la capital, que quedó en manos de la Junta de Defensa. La CNT se incorporó así al Ejecutivo en plena ofensiva sobre la capital, donde sus militantes también participaban en la defensa y en las tareas de retaguardia.

Qué intentaron hacer los cuatro ministros

Juan García Oliver, histórico militante de los grupos de acción y protagonista de las jornadas de julio en Barcelona, se encargó de Justicia. Su labor tuvo que afrontar la reorganización de juzgados, el funcionamiento de la justicia en zona republicana y las consecuencias de la violencia de retaguardia. El contraste entre su trayectoria insurreccional y la responsabilidad ministerial expresó una de las contradicciones más discutidas de aquel momento.

Federica Montseny, escritora y destacada oradora anarquista, asumió Sanidad, posteriormente denominada Sanidad y Asistencia Social. Impulsó medidas de asistencia a la infancia, atención a refugiados, salud pública y proyectos de «liberatorios» para mujeres que quisieran abandonar la prostitución. También promovió una reforma sobre la interrupción voluntaria del embarazo, que no debe confundirse con una ley estatal plenamente aprobada y aplicada. Su paso por el Gobierno convirtió a Montseny en la primera mujer ministra de España.

Joan Peiró, obrero del vidrio y una de las figuras principales del treintismo, ocupó Industria. Había defendido una organización sindical sólida frente al insurreccionalismo improvisado, pero su experiencia ministerial quedó limitada por la guerra, los intereses económicos y la distribución de competencias con los gobiernos autónomos. Juan López Sánchez, otro dirigente procedente de los sindicatos de oposición, asumió Comercio, un terreno especialmente condicionado por el abastecimiento, las importaciones y las necesidades militares. Ninguna de esas carteras controlaba por sí sola la dirección de la guerra.

La discusión de Pestaña y los límites de la colaboración

La posición del Partido Sindicalista era singular: respaldaba la cooperación con el Gobierno republicano y la lucha antifascista, pero no aceptaba que esa colaboración hiciera innecesaria su propia existencia. Pestaña argumentaba que, si la acción política iba a ser inevitable, necesitaba un instrumento definido, responsable ante sus afiliados y separado de la estructura sindical. Quienes defendían la participación excepcional de la CNT no tenían por qué compartir ese paso hacia un partido permanente.

La reconstrucción publicada sobre una reunión del comité nacional del Partido Sindicalista el 4 de noviembre incluye escenas y conversaciones atribuidas a sus participantes. Esas palabras no pueden presentarse como actas literales sin una fuente documental que las confirme. Lo que sí está documentado es el conflicto estratégico entre la vía partidaria de Pestaña y la participación gubernamental confederal. El debate atravesó una guerra en la que la defensa de Madrid se convirtió, en noviembre, en una urgencia inmediata para todas las organizaciones antifascistas.

Pestaña defiende la continuidad del partido

El Partido Sindicalista respaldó al Gobierno republicano y defendió la unidad antifascista durante la guerra. Tuvo presencia en organismos locales y regionales, aunque quedó fuera de los gabinetes nacionales. El 15 de noviembre, Pestaña intervino en el Teatro Apolo de València. Se conserva una edición taquigráfica de aquel discurso en el Centro Documental de la Memoria Democrática Valenciana.

El 13 de diciembre volvió al Apolo para pronunciar una conferencia titulada ¿Debe disolverse el Partido Sindicalista? Defendió la continuidad de la organización y sostuvo que, cuando llegara el momento de reconstruir el país, los trabajadores necesitarían un instrumento político para defender sus intereses. El apoyo a la República durante la guerra y la existencia de un partido propio formaban parte de la misma estrategia.

1937: la desaparición de Pestaña y la continuidad del partido

Pestaña murió el 11 de diciembre de 1937, no en 1936, después de haber desempeñado responsabilidades vinculadas a la organización de material de guerra en la zona republicana. El Partido Sindicalista no desapareció en el momento de su fallecimiento: mantuvo actividad política y periodística durante el resto de la contienda y respaldó la continuidad del esfuerzo bélico republicano. Su trayectoria terminó con la derrota de 1939, la represión y el exilio de militantes.

La breve experiencia dejó dos preguntas abiertas en el movimiento libertario de aquellos años. La primera era si un sindicato revolucionario podía intervenir en el Estado sin diluir su autonomía. La segunda, si una fuerza electoral nacida del anarcosindicalismo podía defender intereses obreros sin convertirse en aquello que los militantes habían combatido durante décadas. Son cuestiones históricas que ayudan a entender tanto la decisión de Pestaña como la entrada de la CNT en el gabinete de Largo Caballero.

Trabajador de jardinería de FCC durante una movilización en Zaragoza
José Miguel Morcillo Moreno

Estuvo en CNT-FIJL, Actualmente Anarcosindicalista de CGT. Luchador sindical en defensa de la memoria obrera antifascista. Amante de la cerveza y de las conversaciones de café que nunca terminan. Aparte de hablar le gusta escribir.