Tal día como hoy: 17 de octubre

El 17 de octubre de 1950 comenzó la huelga de Empire Zinc en Nuevo México, una lucha minera contra la discriminación que las mujeres de la comunidad mantuvieron viva frente a los tribunales y la represión.
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El 17 de octubre de 1950, los afiliados del Local 890 del International Union of Mine, Mill and Smelter Workers iniciaron una huelga contra Empire Zinc en Hanover, cerca de Silver City, Nuevo México. La mayoría de los trabajadores eran mexicano-estadounidenses y soportaban un sistema laboral atravesado por la discriminación: salarios inferiores, categorías profesionales utilizadas para abaratar su trabajo y una jornada más larga que la de otros mineros del distrito.

La plantilla reclamaba igualdad económica con las demás minas de la zona. Pedía cobrar todo el tiempo pasado bajo tierra —desde la entrada hasta la salida—, mejoras salariales, vacaciones o bajas pagadas y el fin de unas diferencias que también se prolongaban fuera del pozo. Las viviendas de las familias mexicanas eran peores y muchas carecían de agua corriente, mientras la segregación alcanzaba los servicios y espacios de la comunidad. Empire Zinc se negó a negociar seriamente y el conflicto quedó bloqueado.

Los mineros mantuvieron los piquetes durante meses, en un ambiente marcado por la ofensiva anticomunista de la Guerra Fría. En junio de 1951, después de ocho meses de huelga, una orden judicial prohibió a los huelguistas obstaculizar la entrada de esquiroles. La medida amenazaba con vaciar el paro: si los rompehuelgas podían cruzar libremente, la empresa recuperaría la producción y el sindicato perdería su principal herramienta de presión.

Entonces las esposas, madres, hermanas e hijas de los trabajadores tomaron una decisión que transformó la huelga. Organizadas en el auxiliar femenino del Local 890, ocuparon el lugar de los hombres en los piquetes porque la orden judicial se dirigía contra los mineros en huelga, no contra ellas. La propuesta encontró resistencias incluso dentro de algunas familias, pero fue aprobada y las mujeres sostuvieron la línea durante otros siete meses.

La represión no tardó. Las participantes sufrieron amenazas, agresiones, gases y detenciones. El 16 de junio de 1951, las autoridades encarcelaron a 53 mujeres y menores, entre ellos un bebé y varios niños. Permanecieron juntas, cantando y golpeando los barrotes, y rechazaron abandonar la protesta a cambio de su libertad. Doce horas después fueron puestas en libertad; al día siguiente regresaron al piquete.

Empire Zinc volvió finalmente a la mesa de negociación y el acuerdo del 21 de enero de 1952 mejoró salarios y prestaciones, aunque no satisfizo todas las reivindicaciones. La huelga había durado quince meses y dejó una lección que desbordó la mina: la lucha contra la explotación no podía separarse de la discriminación racial ni de la desigualdad dentro de los propios hogares. Aquella experiencia inspiró La sal de la tierra, la película de 1954 interpretada en buena parte por mineros y familiares reales y perseguida por el macartismo. La empresa quiso romper el sindicato; las mujeres de la comunidad acabaron convirtiendo el conflicto en una de las historias más poderosas del movimiento obrero estadounidense.

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