4 de octubre: trabajadores y vecinos frenan una marcha fascista en Cable Street

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El domingo 4 de octubre de 1936 miles de vecinos del East End de Londres bloquearon el recorrido previsto para una marcha de la Unión Británica de Fascistas de Oswald Mosley. Entre quienes acudieron a las calles de Whitechapel, Aldgate y Stepney había trabajadores portuarios, militantes sindicales, familias judías, inmigrantes irlandeses, comunistas, socialistas y otros antifascistas. Las barricadas de Cable Street y la resistencia en los cruces principales impidieron que la manifestación fascista atravesara los barrios.

La zona oriental de Londres concentraba entonces viviendas sobreocupadas, salarios bajos y empleo inestable en los muelles, pequeños talleres, comercios y servicios urbanos. Muchas familias judías habían llegado huyendo de persecuciones anteriores en Europa oriental y compartían barrios con trabajadores irlandeses y otras comunidades inmigrantes. La crisis económica y el desempleo ofrecían a Mosley un terreno para difundir propaganda antisemita e intentar enfrentar a grupos de vecinos que padecían dificultades semejantes.

La oposición se organiza antes de la marcha

La decisión de permitir la manifestación fascista había provocado peticiones de prohibición. El Jewish People’s Council reunió decenas de miles de firmas; una carta de septiembre de 1936 al ministro del Interior advertía de que la presencia de los uniformados sería una provocación directa en los barrios de población judía. También hubo organizaciones que recomendaron a sus afiliados no acudir por miedo a la violencia. La movilización que finalmente se reunió fue plural y no respondió a una dirección única.

Los relatos históricos difieren sobre el número de participantes. El London Museum habla de decenas de miles de antifascistas, mientras otras reconstrucciones presentan cifras superiores; no existe un recuento único verificable. Las autoridades desplegaron varios miles de policías para proteger el paso de los fascistas. La mayor parte de los enfrentamientos fue entre quienes bloqueaban las calles y la policía que trataba de abrir un itinerario, no entre dos grupos que avanzasen uno contra otro.

Barricadas de trabajadores y familias

Los manifestantes levantaron obstáculos con materiales del entorno, incluidos muebles y un vehículo volcado. La oposición se concentró primero en las grandes vías de acceso y después en Cable Street. El grito «No pasarán», popularizado en la resistencia republicana española, se escuchó en una ciudad donde las noticias de la guerra española ocupaban ya un lugar importante en los debates obreros y antifascistas.

El comisario de policía Philip Game terminó comunicando a Mosley que no podía garantizar el avance y los fascistas se retiraron del recorrido previsto. Los archivos estatales registran 85 detenciones, de las que solo seis correspondían a fascistas. Entre las personas arrestadas había mujeres y menores. Esos datos ayudan a comprender que la actuación policial se dirigió principalmente contra quienes resistían en la calle.

Lo que cambió y lo que continuó

El Gobierno impulsó después una legislación de orden público que, desde enero de 1937, restringió el uso de uniformes políticos y amplió determinadas facultades policiales sobre las marchas. No desapareció por ello la presencia fascista en el East End: los archivos documentan incluso un crecimiento inicial de afiliación a la organización de Mosley tras los enfrentamientos. Cable Street fue una victoria concreta contra aquella marcha, no el final inmediato del fascismo británico.

La jornada se recuerda porque una coalición de residentes y trabajadores actuó en defensa de sus calles, sus compañeros y sus vecinos frente a la intimidación política. Su dimensión obrera no se limita a las organizaciones presentes: la convivencia en los lugares de trabajo, los muelles y los barrios hizo posible una respuesta colectiva que desbordó las diferencias entre sindicatos, partidos y comunidades.