El resultado bruto de explotación empresarial crece cerca del 66 % desde 2019 mientras los salarios pierden poder de compra

Las empresas analizadas elevan sus márgenes nominales un 66 % desde 2019. Vivienda, alimentos, energía y carburantes amenazan la recuperación salarial.
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El resultado bruto de explotación de las empresas analizadas ha crecido cerca de un 66 % en euros corrientes desde 2019, mientras los salarios apenas habían logrado recuperar el poder adquisitivo perdido con la inflación de 2022. La nueva subida del coste de la vida amenaza con borrar esa recuperación. Vivienda, alimentación, combustibles y energía concentran buena parte de la presión que soportan las familias trabajadoras.

El resultado bruto de explotación de las empresas incluidas en el análisis pasó de 207.000 millones de euros en 2019 a 342.000 millones en 2026: 135.000 millones más. El margen sobre las ventas avanzó del 11 % al 12,8 %. La subida del 66 % se expresa en euros corrientes, sin corregir la inflación, y no significa que todas las empresas ni todos los sectores hayan aumentado sus ganancias por igual.

Los salarios recuperan terreno, pero la cesta de la compra vuelve a encarecerse

Tras el golpe inflacionista de 2022, la subida del salario mínimo, los incrementos pactados en convenios y la evolución del empleo permitieron que el salario medio recuperara gradualmente poder adquisitivo. Según el análisis conocido este viernes, esa recuperación se habría completado en el segundo trimestre de 2026, justo cuando una nueva oleada de encarecimientos volvió a ponerla en peligro.

El problema se aprecia en la economía de cualquier hogar: recibir un aumento de nómina no garantiza vivir mejor si el alquiler, los suministros y la comida consumen una parte creciente de los ingresos. Además, el índice de precios de consumo no refleja directamente el encarecimiento de la compra de vivienda ni recoge de forma completa lo que pagan quienes firman nuevos contratos de alquiler.

Vivienda: más cara para vivir y con mayores márgenes para el negocio inmobiliario

El precio de compra de la vivienda acumula un aumento del 53 % entre 2019 y el segundo trimestre de 2026. En ese mismo periodo, los márgenes nominales de las entidades financieras crecieron un 93 % y los de las constructoras un 90 %. No toda esa evolución responde a la actividad residencial: en la banca influyen también intereses y comisiones, y las constructoras trabajan en otros mercados, como la obra pública.

En las actividades inmobiliarias, el aumento nominal de los márgenes fue del 34 %. Lo más llamativo es su peso sobre las ventas: de cada 100 euros facturados, aproximadamente 31 quedan como margen bruto. La vivienda, que debería cubrir una necesidad básica, se convierte así en uno de los grandes capítulos de gasto para quienes dependen de su trabajo.

Combustibles y electricidad: el precio de la energía pesa en cada desplazamiento

El conjunto de empresas de refino y venta minorista de carburantes registra un incremento nominal de márgenes del 374 % desde 2019. Los precios de gasolina y diésel, por su parte, se habían encarecido un 93 % hasta septiembre de 2026. El dato agrupa actividades distintas y no implica que una gasolinera individual haya multiplicado sus beneficios por la misma cantidad.

Los márgenes del sector eléctrico aumentaron alrededor de un 72 % en ese periodo, mientras los precios lo hicieron cerca del 30 %. Parte de la explicación está en cómo se fija el precio mayorista de la electricidad: en determinadas horas, instalaciones con costes de producción más bajos reciben una remuneración vinculada a tecnologías más caras. La expansión renovable reduce algunas de esas situaciones, pero no elimina la exposición de los hogares a los vaivenes del mercado energético.

Alimentos: un 39 % más caros desde 2019

La alimentación presenta otra brecha relevante. Los márgenes nominales del conjunto de empresas de la cadena alimentaria aumentaron un 51 % desde 2019, mientras los precios de los alimentos subieron un 39 %. En la cadena figuran explotaciones agrarias empresariales, industrias, mayoristas, supermercados y tiendas especializadas, con realidades muy distintas.

El encarecimiento no tiene una causa única: las alteraciones climáticas afectan a las cosechas, los fertilizantes y el transporte sufren el impacto de la energía, y las empresas con mayor capacidad para fijar precios pueden trasladar al público subidas que excedan el crecimiento de sus costes. Para las familias de ingresos bajos, la presión es mayor porque alimentación y suministros representan una proporción más elevada de su presupuesto.

Hostelería: el turismo impulsa la facturación, pero no garantiza mejores nóminas

La hostelería acumula un incremento de precios del 31,2 % desde 2019 y un crecimiento nominal de márgenes superior al 90 %. La fuerte demanda turística explica parte de esa evolución, aunque no permite concluir que todos los establecimientos hayan tenido los mismos resultados. El contraste plantea una cuestión laboral de fondo: qué parte de la riqueza que genera el sector termina reflejada en las condiciones de sus plantillas.

El reparto de la riqueza vuelve al centro de la movilización del 11-N

Alimentación, hostelería, alquileres, electricidad, gas y combustibles reúnen conjuntamente cerca del 47 % del gasto de los hogares. Son gastos difíciles de esquivar: pagar el techo, llenar la nevera, desplazarse al trabajo y mantener la casa en funcionamiento.

La reivindicación de salarios suficientes y de precios asumibles enlaza con la huelga general convocada para el próximo 11 de noviembre. La discusión no se limita a si los beneficios empresariales crecen: también afecta a cómo se reparten los resultados económicos entre accionistas, empresas y personas trabajadoras, y a qué capacidad tienen estas últimas para negociar sus condiciones.

La evolución del resultado bruto de explotación debe distinguirse de la de los márgenes sobre ventas y de los beneficios reales. Para las plantillas, el debate se concreta en las subidas salariales y las cláusulas de revisión de los convenios.

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