Euskalduna: cinco años de lucha obrera contra el cierre de los astilleros de Bilbao

Entre 1983 y 1988, la plantilla de Euskalduna resistió la reconversión naval. Huelgas, barricadas, represión policial y una batalla por el empleo que marcó la memoria obrera de Bilbao.
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Por Begoña Ortiz Casado.

Entre 1983 y 1988, la plantilla de Euskalduna sostuvo una de las resistencias obreras más largas de la reconversión industrial. El cierre impulsado bajo el Gobierno de Felipe González provocó huelgas, encierros, barricadas y durísimos enfrentamientos policiales. La muerte de un trabajador en noviembre de 1984 quedó unida para siempre a la historia del astillero bilbaíno.

El puente de Deusto dejó de ser durante aquellos años una simple vía de comunicación entre las dos orillas de Bilbao. Allí ardieron neumáticos, se cruzaron vehículos y se levantaron barricadas para impedir el avance de los antidisturbios. Al otro lado se encontraban los talleres, las gradas y los diques de Euskalduna. Para sus trabajadores, defender aquellos edificios era defender también una profesión y una manera de vivir.

Un astillero nacido en 1900

La Compañía Euskalduna de Construcción y Reparación de Buques nació en 1900 por iniciativa de Ramón de la Sota y Eduardo Aznar, sobre los antiguos diques de Olabeaga. El primer buque, el Portu, salió de las instalaciones en 1902. A lo largo del siglo XX se construyeron allí centenares de embarcaciones y se desarrollaron trabajos de maquinaria y material ferroviario. Soldadores, caldereros, tuberos, ajustadores y electricistas formaban parte de una plantilla que llegó a superar los 4.000 empleados.

En 1969 Euskalduna pasó a integrarse en Astilleros Españoles. La crisis internacional del sector naval, la caída de nuevos contratos y el desplazamiento de pedidos hacia competidores extranjeros fueron agravando las dificultades. Pero las cifras económicas no explican por sí solas por qué debía desaparecer una factoría concreta ni qué futuro se ofrecía a quienes habían trabajado en ella durante décadas.

La reconversión socialista

El triunfo del PSOE en las elecciones de 1982 llevó a Felipe González a la Moncloa. Carlos Solchaga, ministro de Industria y Energía, dirigió la reconversión de sectores considerados sobredimensionados. Afectó a la siderurgia, la minería y los astilleros, y se desarrolló mientras España se preparaba para ingresar en la Comunidad Económica Europea, incorporación que se produjo en 1986.

Las primeras movilizaciones navales de gran alcance se produjeron en noviembre de 1983. El 7 de ese mes, trabajadores de Euskalduna y La Naval de Sestao salieron a protestar contra unos planes que, según las estimaciones iniciales difundidas entonces, amenazaban unos 20.000 empleos en el conjunto del sector naval español. El impacto no terminaba a la puerta de los astilleros: talleres auxiliares, fundiciones, transportistas y empresas de montajes dependían de su actividad.

Octubre de 1984: la ruptura

La protesta dio un salto en octubre de 1984. Los planes de reestructuración conocidos por el comité proponían que Euskalduna abandonase prácticamente la construcción de buques y conservase apenas una actividad residual de reparación. La factoría tenía unos 2.470 trabajadores; las sucesivas propuestas de ajuste manejaron cifras distintas de excedentes, pero todas suponían una reducción drástica de la plantilla.

Fotografía histórica de la lucha obrera de Euskalduna
Movilización contra el cierre de Euskalduna. Fotografía histórica publicada en DEIA.

Los cortes del puente de Deusto, las concentraciones ante las instituciones y las asambleas se hicieron habituales. Las imágenes de obreros con sus monos de trabajo, detrás de barreras improvisadas, recorrieron la prensa. No había una sola estrategia sindical: las organizaciones representadas en el astillero discrepaban sobre la negociación y sobre la aceptación de los mecanismos de recolocación. Para muchos trabajadores, abandonar la construcción naval era aceptar de antemano el cierre.

La discusión sobre los Fondos de Promoción de Empleo fue especialmente amarga. El Gobierno los presentaba como un instrumento de protección y eventual recolocación. Quienes desconfiaban de aquella fórmula advertían que, con la comarca industrial sumida en cierres y ajustes, prometer nuevos puestos no equivalía a crearlos.

23 de noviembre de 1984

El viernes 23 de noviembre fue la jornada más grave. La Policía Nacional penetró en el recinto del astillero después de los enfrentamientos en sus alrededores. Se efectuaron disparos con munición real y hubo numerosos heridos. Pablo González Larrazábal murió de un infarto mientras trataba de ponerse a salvo durante la intervención; Vicente Carril resultó herido de bala. Es importante distinguir las circunstancias: González Larrazábal no murió por un disparo, sino por el infarto sufrido en aquella operación.

La dureza de la intervención provocó indignación dentro y fuera de la plantilla. El comité de empresa anunció medidas legales y la Fiscalía abrió diligencias. En los días siguientes la dirección cerró las instalaciones y hubo presencia policial en la factoría. El 28 de noviembre, la autoridad laboral declaró ilegal aquel cierre patronal y exigió reabrir el centro. Fue un triunfo jurídico, pero el proyecto de desmantelamiento seguía adelante.

Diciembre: el desgaste

Las semanas siguientes estuvieron marcadas por encierros, protestas y tensiones en las familias. En diciembre, tres sindicalistas de ELA sostuvieron una huelga de hambre que llegó a prolongarse más de tres semanas. El 28 de diciembre, unos 350 trabajadores que todavía rechazaban la suspensión de empleo optaron finalmente por solicitar su ingreso en el Fondo de Promoción de Empleo. La decisión reflejaba el agotamiento material de una lucha en la que cada jornada sin salario pesaba sobre la economía doméstica.

Fotografía histórica de la lucha obrera de Euskalduna
Intervención policial en Euskalduna durante las protestas de 1984. Imagen de archivo publicada por Izquierda Revolucionaria.

La derrota inmediata no cerró la historia. Las recolocaciones y los compromisos incumplidos prolongaron las movilizaciones. Muchos obreros tenían oficios muy especializados; pasar de las gradas y los talleres a un empleo distinto no era una transición sencilla, y menos en una zona donde otras industrias sufrían la misma reconversión.

El último combate, 1987-1988

En mayo de 1987 volvieron las barricadas al puente de Deusto. Habían transcurrido los plazos pactados y numerosos trabajadores seguían esperando una solución. En enero de 1988, más de 1.500 afectados reclamaron su vuelta a la actividad y ocuparon instalaciones de Astilleros Españoles en Sestao. En marzo expiró otra prórroga de los fondos de empleo. Las protestas continuaron durante la primavera, con nuevos enfrentamientos junto al astillero.

Los acuerdos de junio de 1988 sellaron el cierre. El día 23 la plantilla ratificó la decisión definitiva. Algunos trabajadores se acogieron a prejubilaciones, otros reclamaron traslado a Sestao y muchos acabaron lejos del trabajo que conocían. Así terminó una resistencia de cinco años, pero sus consecuencias permanecieron durante mucho más tiempo en los barrios de Bilbao y en las localidades de la ría.

El precio de transformar Bilbao

La desaparición del astillero formó parte de una crisis industrial que también alcanzó a Altos Hornos y a numerosas empresas auxiliares. Con los años, parte del antiguo espacio productivo se convirtió en equipamientos culturales y nuevos desarrollos urbanos. La transformación de Bilbao modificó el paisaje de la ría, pero también borró escenarios cotidianos de generaciones de trabajadores.

Euskalduna no consiguió salvar la construcción naval en sus instalaciones. Sería falso presentar el desenlace como una victoria. Sí dejó, en cambio, una experiencia de organización, solidaridad y resistencia, junto a los límites de una lucha sostenida en medio del desempleo, la división sindical y las decisiones gubernamentales. El puente de Deusto quedó como imagen de aquel pulso. Y el nombre de Pablo González Larrazábal como recuerdo de su jornada más trágica.

Recordar Euskalduna significa devolver a los trabajadores un lugar en la historia de la ciudad. Las fábricas pueden derribarse y sus solares cambiar de uso; lo que no debería desaparecer es la memoria de quienes pasaron allí su vida y se enfrentaron al cierre.

Fuentes: Hemeroteca de Egin y GARA (23 de junio de 2024); El País (1984 y 1988); DEIA (23 de noviembre de 2014); Itsasmuseum Bilbao y documentación histórica sobre la reconversión naval.

Begoña Ortiz Casado

Trabaja de educadora de secundaria, activista de mareas verdes.