El 83,1 % del personal doméstico mundial trabaja en la economía informal. Los bajos salarios, las jornadas prolongadas y la falta de protección social siguen marcando un sector sostenido mayoritariamente por mujeres.
Un trabajo imprescindible para sostener la vida cotidiana sigue siendo uno de los más desprotegidos del planeta. Limpiar viviendas, cuidar a personas mayores, atender a menores o acompañar a quienes necesitan asistencia son tareas que permiten funcionar a millones de hogares. Sin embargo, quienes las realizan continúan afrontando salarios bajos, jornadas excesivas y una protección social que, en muchos casos, apenas existe.
Los datos internacionales correspondientes a 2025 dibujan una realidad difícil de justificar: 66,5 millones de personas empleadas en el servicio doméstico trabajan en la informalidad, el equivalente al 83,1 % de un sector que reúne a unos 80 millones de trabajadores y trabajadoras. Son 5,1 millones de empleos informales más que en 2019, cuando el sector ocupaba a 75,6 millones de personas.
Un trabajo feminizado y mal remunerado
Las mujeres representan el 77,2 % del empleo doméstico mundial. La desigualdad de género atraviesa prácticamente todas las condiciones de trabajo, desde las remuneraciones hasta la estabilidad laboral y las posibilidades de organización colectiva.
El salario mensual medio del personal doméstico equivale al 53,3 % del que perciben otros trabajadores asalariados. Entre las mujeres del sector, esa proporción ronda el 48 %; entre los hombres, el 65,8 %. La ausencia de contratos declarados también dificulta reclamar salarios, cotizar o acceder a prestaciones por enfermedad, desempleo y jubilación.
Jornadas que se alargan dentro de los hogares
La vivienda particular es un centro de trabajo en el que resulta especialmente difícil vigilar el cumplimiento de la legislación laboral. El 35,2 % de las personas empleadas en el servicio doméstico trabaja al menos 49 horas semanales y el 14,6 % alcanza o supera las 60 horas.
En el extremo contrario, otras trabajadoras encadenan contratos de pocas horas entre distintos domicilios, con desplazamientos no siempre remunerados y salarios insuficientes. Para las empleadas internas, el límite entre jornada y descanso puede desdibujarse hasta convertir la disponibilidad permanente en una exigencia cotidiana.
La informalidad se extiende por continentes
Asia y el Pacífico reúnen aproximadamente 40,2 millones de personas trabajadoras del hogar, cerca de la mitad del total mundial. África registró entre 2019 y 2025 un incremento de 4,2 millones de personas empleadas en el sector y mantiene un 93,3 % de informalidad. En los Estados árabes también está extraordinariamente extendida. Incluso en Europa y Asia Central, aproximadamente una de cada tres personas trabajadoras domésticas permanece fuera del empleo formal.
Quince años después del Convenio 189
La adopción del Convenio 189 en 2011 supuso un reconocimiento internacional de los derechos del personal doméstico: límites de jornada, descansos, salarios, seguridad social y protección frente a los abusos. España lo ratificó en 2023 y había aprobado reformas para ampliar la protección del colectivo, incluido el acceso al desempleo. Persisten, no obstante, el empleo no declarado, las dificultades para inspeccionar domicilios particulares y la especial vulnerabilidad de muchas trabajadoras migrantes.
Organizarse para salir de la invisibilidad
Formalizar el empleo doméstico no es solo un trámite administrativo: implica garantizar salarios suficientes, descanso, prevención de riesgos, cotizaciones y capacidad de negociación colectiva. La dispersión de los lugares de trabajo y el aislamiento dificultan la organización sindical, pero las asociaciones y colectivos de trabajadoras han conseguido llevar sus reivindicaciones al debate público.
Millones de hogares dependen de un trabajo que sigue remunerándose y protegiéndose como si tuviera menos valor que cualquier otro. Quince años después del reconocimiento internacional de sus derechos, la distancia entre las normas y la realidad detrás de tantas puertas continúa siendo enorme.





