Tal día como hoy: 20 de octubre

El 20 de octubre de 1926 murió Eugene V. Debs, ferroviario, impulsor del sindicalismo industrial, fundador de la American Railway Union, cofundador de la IWW y candidato socialista desde una prisión federal.
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El 20 de octubre de 1926 murió Eugene Victor Debs, una de las figuras más influyentes del movimiento obrero estadounidense. Había sido ferroviario, organizador sindical, dirigente de grandes huelgas, preso político y cinco veces candidato socialista a la presidencia. Su trayectoria unió dos ideas que marcaron una época: que los trabajadores debían organizarse por encima de los oficios y que su emancipación no podía depender de los partidos de las clases propietarias.

De fogonero a organizador ferroviario

Debs nació el 5 de noviembre de 1855 en Terre Haute, Indiana. Dejó la escuela a los catorce años y comenzó a trabajar en los talleres ferroviarios; después fue fogonero de locomotora. Conoció así una industria que crecía sobre jornadas largas, accidentes frecuentes y una rígida división entre categorías profesionales.

En 1875 participó en la creación de la sección local de la Brotherhood of Locomotive Firemen. Su capacidad organizativa lo llevó a la secretaría nacional del sindicato, pero con el tiempo empezó a cuestionar el modelo de hermandades separadas para maquinistas, fogoneros, guardafrenos y otros oficios. Esa fragmentación permitía a las compañías enfrentar a unos trabajadores con otros.

En 1893 impulsó la American Railway Union, concebida para reunir en una sola organización industrial a quienes trabajaban en el ferrocarril. Al año siguiente, el nuevo sindicato logró que la Great Northern Railway aceptara sus reivindicaciones después de dieciocho días de huelga. La victoria mostró la fuerza de coordinar toda una industria, no solamente un oficio.

Pullman: huelga, Ejército y cárcel

La prueba decisiva llegó en 1894. La Pullman Palace Car Company había reducido los salarios de la plantilla mientras mantenía los alquileres y precios cobrados en la ciudad empresarial donde vivían muchas familias obreras. Los trabajadores se declararon en huelga y pidieron apoyo a la American Railway Union. Tras escuchar sus testimonios, el congreso sindical aprobó no manejar trenes que llevaran coches Pullman.

El boicot se extendió por gran parte del país y afectó a decenas de miles de ferroviarios. Las compañías respondieron incorporando esquiroles; el Gobierno federal obtuvo una orden judicial contra el sindicato y el presidente Grover Cleveland envió tropas. La intervención armada dejó muertos, heridos y centenares de detenidos. Debs fue encarcelado por desacato al tribunal y cumplió seis meses de condena.

La derrota también expuso una grave contradicción. Debs defendió la incorporación de trabajadores negros, pero la asamblea de la American Railway Union rechazó admitirlos por una votación muy ajustada. Excluidos de la organización y limitados por el racismo del mercado laboral, algunos afroamericanos ocuparon puestos abandonados durante la huelga. Aquella decisión debilitó la solidaridad que el propio sindicalismo industrial decía perseguir.

Del sindicato industrial al socialismo

La cárcel transformó políticamente a Debs. Concluyó que la capacidad de las empresas para recurrir a jueces, soldados y leyes contra una huelga no era una anomalía, sino una expresión del poder de clase. Tras recuperar la libertad se incorporó al movimiento socialista y defendió la organización política independiente de los trabajadores.

En 1905 participó, junto a militantes como Big Bill Haywood, Mother Jones y Lucy Parsons, en la fundación de Industrial Workers of the World. La IWW aspiraba a agrupar a toda la clase trabajadora en «un gran sindicato», sin las fronteras de oficio que Debs llevaba años combatiendo. Aunque después se alejó de la organización por diferencias estratégicas, su nombre quedó ligado al nacimiento del sindicalismo revolucionario estadounidense.

Debs fue candidato a la presidencia en 1900, 1904, 1908, 1912 y 1920. Nunca estuvo cerca de gobernar, pero utilizó cada campaña como una inmensa tribuna obrera. En 1912 superó los novecientos mil votos y alcanzó alrededor del seis por ciento del total. Hablaba de jornada laboral, seguridad social, trabajo infantil, propiedad pública y derecho de huelga cuando esas reivindicaciones eran tratadas como amenazas al orden establecido.

Una campaña presidencial desde la prisión

Durante la Primera Guerra Mundial se opuso a que los trabajadores fueran enviados a matar y morir por intereses empresariales y disputas entre Estados. El 16 de junio de 1918 pronunció en Canton, Ohio, un discurso contra la guerra y en defensa de varios militantes encarcelados. Fue procesado al amparo de la Ley de Espionaje y condenado a diez años de prisión.

Desde la penitenciaría federal de Atlanta volvió a presentarse a la presidencia en 1920. Su campaña, identificada con el número de preso 9653, obtuvo cerca de un millón de votos. El presidente Warren G. Harding conmutó la pena en diciembre de 1921. Debs salió de la cárcel con la salud seriamente deteriorada, pero continuó escribiendo y hablando en favor de las personas presas, la paz y los derechos obreros.

El 20 de octubre de 1926

Debs murió a los setenta años en el sanatorio Lindlahr de Elmhurst, Illinois. Sus restos fueron trasladados a Terre Haute, donde miles de personas participaron en los actos de despedida. No dejó una organización sin contradicciones ni una fórmula cerrada para el movimiento obrero. Dejó algo más incómodo y duradero: la convicción de que la solidaridad debía atravesar oficios, industrias y fronteras, y de que los derechos laborales podían exigir enfrentarse simultáneamente a la patronal y al Estado.

Un siglo después, su vida sigue recordando que muchas conquistas consideradas normales comenzaron como propuestas perseguidas. Debs conoció el taller, la huelga, los tribunales y la cárcel. Nunca separó esas experiencias: para él, el sindicalismo era una escuela de poder colectivo y el socialismo, la posibilidad de que quienes producían la riqueza decidieran también el rumbo de la sociedad.

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