Las mujeres de Sagunto: la lucha obrera que salió de los altos hornos y ocupó las calles

Entre 1983 y 1984, las mujeres de Puerto de Sagunto protagonizaron asambleas, marchas y protestas contra el cierre de Altos Hornos del Mediterráneo. Historia de una lucha que fue mucho más allá de la fábrica.
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Periodo histórico: 1983-1984. Lugar: Puerto de Sagunto (Camp de Morvedre). Contexto: reconversión de Altos Hornos del Mediterráneo y movilización de mujeres de familias obreras.

Entre 1983 y 1984, mientras el Gobierno preparaba el desmantelamiento de la siderurgia integral de Puerto de Sagunto, centenares de mujeres ocuparon las calles, organizaron asambleas y llevaron el conflicto hasta Madrid. No eran figurantes de una huelga ajena: ayudaron a sostener durante más de un año la resistencia de una ciudad cuya vida dependía del acero.

Por Redacción Sindicalismo.org.

Una ciudad levantada alrededor de los hornos

Para comprender la batalla de Sagunto hay que empezar mucho antes de la reconversión. La actividad minero-siderúrgica de la Compañía Minera de Sierra Menera y la Compañía Siderúrgica del Mediterráneo había transformado, desde las primeras décadas del siglo XX, el litoral del Camp de Morvedre. Puerto de Sagunto creció junto a las instalaciones, sus talleres, las vías ferroviarias y los barrios donde vivían miles de familias trabajadoras. La fábrica no era solo el lugar donde entraba un salario: condicionaba las escuelas, las tiendas, el comercio, las amistades y la posibilidad misma de construir una vida en el municipio.

En los años setenta la factoría pasó a funcionar como Altos Hornos del Mediterráneo (AHM), vinculada al sector siderúrgico público. Existía un tren de laminación en frío, pero los trabajadores defendían completar el proyecto industrial con un tren de bandas en caliente que permitiera sostener la producción y el empleo. El debate afectaba también a Ensidesa, en Asturias, y a Altos Hornos de Vizcaya. Detrás de las cifras de producción se estaba decidiendo qué territorios conservarían su industria y cuáles asumirían el coste de la reestructuración.

4 de febrero de 1983: la orden que encendió la protesta

El 4 de febrero de 1983, José María Lucía, presidente de AHM y de Ensidesa, trasladó la orden de paralizar el horno alto número 2. La decisión se integraba en los planes de reconversión impulsados por el Gobierno presidido por Felipe González, con Carlos Solchaga al frente del Ministerio de Industria y Energía. El anuncio provocó una respuesta que desbordó las puertas de la empresa. El 16 de febrero, una huelga general paralizó Sagunto y Puerto de Sagunto; según el recuento de la Policía Municipal publicado entonces, entre 30.000 y 35.000 personas participaron en la marcha hacia el ayuntamiento.

En aquellos primeros meses aparecen también los nombres de Miguel Campoy, presidente del comité de empresa de AHM; Manuel Carbó, alcalde de Sagunto al inicio del conflicto; y Joan Lerma, presidente de la Generalitat Valenciana. Sus responsabilidades eran diferentes y sus posiciones no siempre coincidieron con las reivindicaciones de la plantilla. Pero el choque decisivo era más amplio que una negociación entre cargos públicos y representantes sindicales: el futuro de la localidad se había convertido en asunto de sus habitantes.

28 de febrero: una manifestación convocada por las mujeres

El 28 de febrero de 1983, las mujeres de los trabajadores convocaron una manifestación en València. Llegaron autobuses desde Sagunto y la protesta recorrió el centro de la ciudad hasta las inmediaciones de las instituciones autonómicas. La Policía Municipal calculó entre 5.000 y 6.000 participantes, mientras que las fuentes laborales elevaron la asistencia a unos 15.000. La diferencia de cifras no altera lo fundamental: una iniciativa impulsada por mujeres reunió a miles de personas y obligó a la política valenciana a escuchar el conflicto en plena calle.

Aquel paso tuvo una dimensión que las crónicas industriales no siempre explican. Gran parte de las mujeres del Puerto no formaba parte de la plantilla de los hornos. Muchas trabajaban en la casa, los cuidados o empleos menos visibles; otras sí estaban contratadas en oficinas, limpieza y laboratorios de la siderúrgica. La amenaza de cierre afectaba a todas. Si desaparecía el salario principal, también se tambaleaban la economía doméstica, el comercio, los estudios de los hijos y el futuro de quienes aún no habían podido entrar en el mercado laboral.

La protesta femenina encontró formas propias de organización. Hubo asambleas, desplazamientos organizados, caceroladas, recaudación de apoyo y presencia constante en las movilizaciones generales. Las mujeres no se limitaron a acompañar al comité de empresa: tomaron decisiones colectivas y organizaron acciones específicas. En marzo de 1984, la prensa de la época todavía describía asambleas autónomas de mujeres y estudiantes en un Puerto de Sagunto profundamente movilizado.

28 de abril: seiscientas mujeres ante el Ministerio de Industria

El 28 de abril de 1983, unas 600 mujeres de familias vinculadas a AHM se concentraron en Madrid ante el Ministerio de Industria y Energía. Vestían casacas negras y reclamaban la continuidad de la siderurgia integral y el tren de bandas en caliente. Una representación se reunió con el subsecretario de Industria. A la protesta se sumaron trabajadoras de las oficinas madrileñas de la propia compañía. En una carta abierta a Felipe González denunciaron el rumbo de la reconversión y defendieron que Sagunto no debía asumir en solitario el sacrificio industrial.

El gesto fue especialmente significativo. Mientras los técnicos discutían costes y capacidad de producción, ellas trasladaban al Gobierno las consecuencias sociales de cada decisión. La fábrica era una empresa; Puerto de Sagunto era, para quienes vivían allí, un lugar irreemplazable. La imagen de las mujeres vestidas de negro quedó vinculada a esa resistencia. Una de sus pancartas proclamaba: «Las mujeres de Sagunto lucharemos y no nos rendiremos».

Huelgas, encierros y una ciudad que se organizó

Durante la primavera y el verano de 1983 se multiplicaron los paros y las marchas. El 30 de junio, una nueva huelga general detuvo Sagunto y Puerto de Sagunto; mientras trabajadores permanecían encerrados en la factoría, más de un centenar de mujeres se movilizaba de nuevo en Madrid. Los sindicatos CCOO, UGT y CNT participaron en convocatorias contra el desmantelamiento. También se implicaron asociaciones vecinales, comerciantes, profesorado y estudiantes.

En esa red de solidaridad hubo iniciativas que desafiaban la división tradicional entre trabajo remunerado y vida cotidiana. Las familias sostenían cajas de resistencia, buscaban maneras de afrontar los gastos y asistían a reuniones cuando el conflicto parecía interminable. La comunidad educativa se pronunció contra el cierre; jóvenes del Instituto Camp de Morvedre advirtieron de que perder la siderúrgica era quedarse sin horizonte laboral. Nació asimismo Radio Unidad, una emisora creada en 1983 para narrar la lucha desde el propio pueblo.

La resistencia no evitó los desacuerdos. Las alternativas industriales, el futuro de la plantilla y el papel de las organizaciones sindicales provocaron debates intensos. No conviene convertir aquella movilización en una postal de unidad sin fisuras. Su valor histórico está también en que personas con responsabilidades e ideas distintas consiguieron mantener una causa colectiva durante meses, aunque no compartieran siempre las respuestas.

1984: el cierre de la cabecera siderúrgica

El conflicto entró en su fase definitiva en 1984. El horno alto número 2 se apagó el 24 de marzo de 1984. El 4 de abril se alcanzó un acuerdo sobre el cierre de la cabecera y el tratamiento de los excedentes laborales, pero la tensión social continuó. A las 13.50 del 5 de octubre de 1984, la dirección de AHM ordenó las operaciones de cierre definitivo. Esa noche, a las 23.30, el horno alto número 3 realizó su última colada; al día siguiente comenzaron las operaciones finales para enfriarlo y detenerlo.

La suspensión de contratos afectó entonces a 1.794 personas de una plantilla de 3.613, destinadas al fondo de promoción de empleo. Un total de 1.819 continuó en activo en la laminación en frío. Es importante precisar qué se cerró: fue la cabecera de la siderurgia integral, mientras que la actividad de laminación no desapareció íntegramente de golpe. La reconversión transformó de manera irreversible el sistema industrial y social construido durante décadas.

Los nombres propios y las protagonistas sin retrato

Los documentos y las hemerotecas identifican a dirigentes de empresa, representantes obreros y responsables políticos: José María Lucía, Miguel Campoy, Felipe González, Carlos Solchaga, Joan Lerma o Manuel Carbó. En cambio, las crónicas dedicaron mucho menos espacio a los nombres individuales de quienes llenaron las asambleas de mujeres, organizaron los autobuses, hablaron ante las instituciones y sostuvieron la resistencia cotidiana. Esa desigualdad en el archivo es, por sí misma, una enseñanza histórica. Sería injusto inventar liderazgos femeninos para corregirla: lo documentado es la fuerza de un colectivo que actuó y decidió por sí mismo.

Las mujeres de Sagunto demostraron que una reconversión no termina en la puerta de la fábrica. En 1983 y 1984 llevaron a la calle el trabajo invisible que permitía sobrevivir a las familias y defendieron el derecho a permanecer en su comunidad sin resignarse a la pérdida del empleo. La batalla industrial acabó con el cierre de los hornos, pero dejó una memoria de organización popular que todavía pertenece al movimiento obrero valenciano.

Imagen destacada: mujeres de Sagunto durante una manifestación en València contra el cierre de Altos Hornos del Mediterráneo (1983-1984). En la pancarta: «Ayer promesas, hoy despidos». Fotografía histórica de Jesús Císcar, publicada por elDiario.es.

Este reportaje se ha reconstruido con hemerotecas de 1983 y 1984, documentación de la historia industrial de Sagunto y los trabajos de investigación dedicados a las movilizaciones femeninas contra el cierre de AHM.

Más memoria de la reconversión: este episodio forma parte de la historia del trabajo y de las movilizaciones familiares y vecinales que acompañaron a los conflictos industriales. Puedes recorrer otros casos en el Archivo Histórico del Movimiento Obrero y conocer la lucha contra la reconversión en Reinosa en 1987.

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