Redacción
1859-1886: del mundo rural al republicanismo
Francesc Ferrer i Guàrdia nació el 14 de enero de 1859 en Alella, en el Maresme, dentro de una familia campesina acomodada. Su origen no fue proletario, aunque su trayectoria política y educativa acabaría estrechamente vinculada al movimiento obrero. De formación fundamentalmente autodidacta, se aproximó al republicanismo y al librepensamiento. Trabajó como revisor ferroviario, una actividad que facilitó sus contactos con los círculos republicanos contrarios a la monarquía de la Restauración. En 1883 ingresó en la masonería.
Ferrer colaboró con el entorno de Manuel Ruiz Zorrilla, dirigente republicano exiliado que promovía el derribo de la monarquía mediante la insurrección. Su participación como enlace en las conspiraciones republicanas y el fracaso de la tentativa de 1886 lo condujeron al exilio en París. La experiencia francesa sería decisiva: allí dio clases de castellano, conoció ambientes laicos y progresistas y se acercó a las corrientes de renovación pedagógica. Su evolución hacia el anarquismo se produjo dentro de ese recorrido político, sin que desapareciera su interés por la transformación revolucionaria de la sociedad.
El exilio y la formación de un proyecto educativo
Entre las influencias de Ferrer destacó Paul Robin, representante de la educación integral. Esta corriente proponía una formación que combinara el desarrollo intelectual, físico y práctico, frente a la separación entre quienes recibían una educación amplia y quienes eran preparados únicamente para trabajar. Ferrer encontró en la enseñanza un terreno desde el que combatir las desigualdades y la subordinación social. Su propuesta se fue configurando como una educación laica y racionalista, independiente del Estado y orientada a la emancipación.
Una antigua alumna de castellano, Ernestine Meunier, le dejó una herencia que permitió financiar el proyecto. La disponibilidad de esos recursos hizo posible regresar a Barcelona y organizar una escuela con medios propios. Este dato ayuda a comprender tanto su autonomía inicial como su carácter experimental: la Escuela Moderna nació de una iniciativa particular, aunque su horizonte era extender una enseñanza accesible y transformadora.
1901: treinta alumnos en la calle Bailén
La Escuela Moderna abrió el 8 de septiembre de 1901 en el número 56 de la calle Bailén de Barcelona. Comenzó con treinta alumnos, doce niñas y dieciocho niños. La coeducación entre ambos sexos era uno de sus principios fundamentales, junto con la convivencia de alumnado de diferentes clases sociales. En sus escritos, Ferrer explicó que había establecido pagos adaptados a los recursos familiares, desde la gratuidad hasta mensualidades de distinta cuantía. Se trataba de evitar que una tarifa única impidiera el acceso a las familias con menos ingresos.
La escuela defendía una enseñanza basada en la racionalidad y el método científico. El alumnado debía participar activamente en su aprendizaje y conocer su entorno. La laicidad se vinculaba a una finalidad más amplia: desarrollar la libertad de pensamiento desde la infancia. El centro formaba parte de las corrientes de renovación pedagógica de finales del siglo XIX, pero daba a esos métodos una orientación social y libertaria explícita.
Cómo se enseñaba: observación, higiene y conocimiento del trabajo
El programa rechazaba los exámenes y el sistema de premios y castigos. Se recurría a juegos, ejercicios al aire libre y actividades de descubrimiento del medio natural. Las redacciones del alumnado sobre sus experiencias permitían relacionar el aprendizaje con aquello que había observado. La higiene personal y social también ocupaba un lugar destacado, en conexión con una enseñanza que aspiraba a mejorar las condiciones de vida.
El mundo del trabajo entraba en esa formación. Ferrer recogió una visita del alumnado a fábricas de Sabadell, donde niñas y niños se relacionaron con obreras y obreros. Las conferencias sobre higiene abordaron asimismo las condiciones insalubres de viviendas y talleres. En la preparación de materiales de aritmética, la escuela propuso ejercicios sobre producción, transporte, distribución y trabajo humano y mecánico. Los contenidos escolares debían ayudar a comprender la organización material de la sociedad.
Una editorial para extender la enseñanza racionalista
Clemencia Jacquinet dirigió la Escuela Moderna desde su fundación hasta 1903. Fue autora de una Historia Universal cuyo primer volumen, publicado en 1901, inauguró la actividad editorial del proyecto. Entre los libros de lectura destacó Las aventuras de Nono, de Jean Grave. La editorial incorporó también textos científicos y obras como El hombre y la tierra, de Élisée Reclus, ampliando progresivamente su público más allá de la infancia.
Anselmo Lorenzo participó como director de publicaciones; Eudald Canivell y Cristóbal Litrán estuvieron igualmente vinculados al proyecto. Las conferencias dominicales acercaban el conocimiento científico a un público más amplio. El Boletín de la Escuela Moderna, publicado entre 1901 y 1909, tenía periodicidad mensual y finalidad educativa. Aulas, libros y divulgación formaban partes de una misma iniciativa.
La relación con el movimiento obrero y la expansión de las escuelas
Ferrer mantuvo vínculos con núcleos anarquistas y apoyó publicaciones e iniciativas obreras. Su proyecto educativo convivía con una actividad política dirigida contra la monarquía y las estructuras sociales de la Restauración. La Escuela Moderna no fue, por tanto, una experiencia pedagógica aislada del conflicto de su época.
Las escuelas inspiradas en su propuesta se extendieron por Cataluña y otros territorios, frecuentemente en zonas de tradición obrera y libertaria. Un número extraordinario de Humanidad Nueva, publicado por la Escuela Moderna de Valencia en 1907, registraba 38 centros racionalistas. La cifra documenta una expansión temprana, aunque no constituye un inventario definitivo de todas las experiencias surgidas durante aquellos años. La influencia de Ferrer dependió también del trabajo de docentes y organizaciones que adaptaron sus principios a cada localidad.
1906-1908: el atentado de Morral, la clausura y la absolución
El 31 de mayo de 1906, Mateo Morral, antiguo bibliotecario de la Escuela Moderna, atentó contra el cortejo nupcial de Alfonso XIII y Victoria Eugenia en Madrid. Ferrer fue detenido por su presunta implicación y la escuela quedó clausurada. Permaneció más de un año en prisión hasta su absolución y excarcelación en junio de 1907. El centro de la calle Bailén no volvió a abrir.
La editorial reanudó su actividad, aunque afectada por el embargo de sus bienes. En 1908 Ferrer fue elegido presidente de la Liga Internacional para la Educación Racional de la Infancia, con Anatole France como presidente de honor. La revista L’École Renovée, inicialmente editada en Bruselas, difundió esa labor. En abril de 1908, Ferrer anunció su intención de reabrir la escuela, formar profesorado y crear un museo pedagógico. Durante su estancia en Londres de abril y mayo visitó a Kropotkin y buscó materiales para traducir.
Julio de 1909: guerra, huelga e insurrección
El recrudecimiento de la guerra de Marruecos llevó al Gobierno de Antonio Maura a movilizar reservistas. La medida provocó protestas y el 26 de julio comenzó una huelga general en Barcelona. La movilización desembocó en una insurrección con barricadas, enfrentamientos e incendios de edificios religiosos. Su carácter antimilitarista y anticlerical reflejaba la confluencia de la oposición a la guerra con tensiones sociales anteriores.
El 30 de julio llegaron nuevas tropas y el 2 de agosto el ejército controlaba totalmente la situación. A la revuelta siguieron detenciones y procedimientos militares. En ese contexto, Ferrer fue señalado como instigador de los acontecimientos. Su militancia revolucionaria debe distinguirse de la acusación concreta de haber dirigido la rebelión: eran cuestiones diferentes que el proceso acabaría confundiendo.
El proceso: una causa construida contra Ferrer
Ferrer fue detenido la noche del 31 de agosto de 1909. El estudio histórico-jurídico de Pascual Velázquez Vicente identifica la intervención del ministro de la Gobernación, Juan de la Cierva, y la presión policial en la separación de su procedimiento respecto al de otros encausados. La investigación describe una instrucción sesgada, con documentación falsa y diligencias incriminatorias fabricadas. No se trataba únicamente de un ambiente hostil: el análisis del expediente señala irregularidades concretas en la construcción de la acusación.
El 9 de octubre se celebró un consejo de guerra ordinario en la Prisión Celular de Barcelona. Su defensor, el capitán de Ingenieros Francisco Galcerán Ferrer, había sido designado el 1 de octubre. Durante el procedimiento se rechazaron declaraciones de seis testigos propuestos por la defensa residentes en el extranjero. El tribunal lo condenó a muerte como autor y jefe de la rebelión militar y le atribuyó responsabilidad económica por los daños de los sucesos, afectando sus bienes al pago de indemnizaciones.
13 de octubre de 1909: el fusilamiento en Montjuïc
El 11 de octubre Ferrer fue trasladado al castillo de Montjuïc. El día 12, el Gobierno comunicó que quedaba enterado de la pena de muerte. Aquella tarde se le notificó la sentencia y la orden de ejecución; Ferrer manifestó su voluntad de otorgar testamento. A las nueve de la mañana del 13 de octubre de 1909 fue fusilado por fuerzas del Regimiento de la Constitución. Tenía cincuenta años.
La ejecución cerró la trayectoria de un militante republicano, librepensador y promotor de la educación racionalista. La Escuela Moderna había permanecido abierta menos de cinco años. Su fundador murió condenado por un tribunal militar en un proceso sin garantías, mientras los libros, las prácticas educativas y las escuelas inspiradas en su iniciativa habían comenzado ya a extender su influencia más allá de Barcelona.
Un legado que permanece en fundaciones, bibliotecas y centros educativos
La memoria de Ferrer i Guàrdia continúa vinculada a instituciones dedicadas a la educación, la investigación y la cultura. En Barcelona, la Fundació Francesc Ferrer i Guàrdia, constituida el 31 de diciembre de 1987, recupera su legado y trabaja en los ámbitos de la laicidad, la educación, la juventud y la participación democrática. Sus actividades relacionan el pensamiento ferreriano con la defensa de la autonomía personal, la igualdad y el acceso al conocimiento.
La fundación cuenta con la Biblioteca Francisco Ferrer Guardia, un centro de documentación desarrollado desde 1988 para estudiar su trayectoria, el movimiento obrero y la pedagogía transformadora. Su archivo, formado a partir de donaciones de los herederos del pedagogo, conserva manuscritos originales, libros de su biblioteca personal y publicaciones de la Escuela Moderna. Estos fondos permiten investigar la experiencia educativa a través de documentos de la época y conocer la red de relaciones intelectuales y sociales que la hizo posible.
En Alella, su localidad natal, la Biblioteca Municipal Ferrer i Guàrdia mantiene su nombre en un servicio público de lectura y encuentro cultural. Abierta en el Hort de la Rectoria en 1986, celebró su cuarenta aniversario en 2026. Además del préstamo de libros, organiza clubes de lectura, actividades infantiles, talleres y propuestas culturales. El homenaje queda así ligado a una función cotidiana: facilitar el acceso de la población a la lectura y al conocimiento.
En València, su memoria conserva además una vinculación directa con el movimiento anarcosindicalista a través de la Fundació Ferrer i Guardia de València, ligada a CGT. En mayo de 2009, el sindicato ya presentaba la fundación y la biblioteca libertaria de sus locales como un espacio abierto a la lectura, el debate, las charlas y las exposiciones, con voluntad de fomentar la participación cultural tanto de la afiliación como de otras personas interesadas.
La Biblioteca Libertaria Ferrer i Guardia de CGT València, situada en la tercera planta de la sede de la avenida del Cid, 155, reúne libros y documentos procedentes principalmente de donaciones de la afiliación. En 2026, compañeras y compañeros de CGT del País Valenciano y Murcia continuaban organizando jornadas para ordenar sus fondos y facilitar su consulta. Este trabajo colectivo enlaza con una tradición central de la cultura obrera: construir espacios propios donde la lectura, la formación y la conservación de la memoria formen parte de la organización sindical.
Su nombre también está presente en la enseñanza pública. En València funciona el IES Francesc Ferrer i Guàrdia, situado en la calle Emili Panach i Ramos «Milo». En Sant Joan Despí, en el Baix Llobregat, el Institut Francesc Ferrer i Guàrdia ofrece educación secundaria, bachillerato y ciclos formativos. Son centros actuales cuya denominación incorpora a la memoria educativa a un pedagogo perseguido y ejecutado en 1909.
Imagen: Francesc Ferrer i Guàrdia y Soledad Villafranca. Fotografía de Alonso publicada en Nuevo Mundo el 9 de septiembre de 1909. Dominio público; reproducción vía Wikimedia Commons y PICRYL.



