LOS VALORES ARTÍSTICOS, CONSERVADOS

TEXTO:FONDO:

Texto histórico en esperanto, procedente de Fronto k Postfronto de Aragonio, de Alardo Prats, publicado originalmente en 1938 por la oficina de propaganda exterior de CNT-FAI, sección Esperanto.

Incluso en los momentos más dramáticos de los primeros enfrentamientos entre el pueblo atacado por los militares sublevados y las castas feudales, se manifestó con toda amplitud la noble preocupación de quienes, con las armas en la mano, vencían la terrible amenaza de los militares fascistas, por conservar los valores de nuestra civilización y de nuestra cultura.

En todos los lugares del país pudo verse cómo los milicianos salvaban de la destrucción fascista las joyas artísticas, los libros valiosos, las obras maestras de nuestros escritores y poetas; en una palabra, las expresiones de la cultura y de la civilización españolas. Bajo la dirección de especialistas en estas materias, plenamente identificados con el pueblo y con sus preocupaciones, se llevó a cabo en toda la España leal el salvamento de estos bienes.

Las obras artísticas fueron ordenadas y protegidas, cuidando no solamente uno de los patrimonios más importantes del pueblo español, sino también los intereses permanentes y la solidaridad de la cultura universal.

El pueblo de Aragón, como la mayoría de los pueblos de España, conservaba joyas artísticas de enorme valor. Con la llegada de las columnas milicianas a tierras aragonesas para detener, rechazar y posteriormente presionar a los sublevados, algunas personas diligentes y cuidadosas se encargaron de recoger obras de arte, libros valiosos y objetos históricos para trasladarlos a Cataluña. En iglesias y palacios se encontraban dispersas y sin catalogar numerosas obras artísticas.

Sobre todo en el Bajo y Alto Aragón, las antiguas escuelas catalana y aragonesa habían dejado algunas de sus creaciones más hermosas, conservadas en iglesias, conventos y casas señoriales. Toda esta riqueza artística fue catalogada en Barcelona y cuidadosamente custodiada en lugares determinados.

En Aragón, el Consejo de Cultura completaba activamente este trabajo, al que contribuían con gran entusiasmo los consejeros comunales de todas las comarcas de la región liberada.

Gracias a la diligencia y el cuidado empleados en la defensa del patrimonio artístico aragonés, fueron salvadas de la destrucción numerosas pinturas de los primitivos pintores catalano-aragoneses, varias obras de Jacomart, cruces procesionales y otros objetos de orfebrería, entre los que destacaban trabajos de famosos artesanos de Morella y Zaragoza, valiosos tejidos y antiguos broches, imágenes de Forment y numerosos libros antiguos de considerable valor.

Escuelas, bibliotecas y cultura

En los pueblos se construían nuevas escuelas. Era raro encontrar una localidad que no dispusiera de una biblioteca con suficientes libros para despertar, al menos, una viva curiosidad por los problemas de la educación y la cultura.

También se había abordado el problema de la permanencia de los niños en las escuelas durante la edad de aprendizaje. Se exigía rigurosamente a los padres que no pusieran a trabajar a sus hijos hasta que supieran leer y escribir y hubieran cumplido, al menos, los catorce años.

Aunque la legislación española ya establecía obligaciones de los padres en este sentido, en la práctica nunca se habían cumplido. Durante la edad escolar, muchos campesinos, obligados por la miseria o movidos por otros intereses, enviaban a sus hijos al campo y los ponían a trabajar. Ahora esta obligación educativa se hacía cumplir con gran rigor.

Muchas de las escuelas creadas, gracias también al esfuerzo de sus propios maestros, dedicaban especial atención a preparar a los niños en diferentes técnicas.

Solidaridad en la retaguardia

El instinto de creación y perfeccionamiento de todo aquello relacionado con la cultura y la solidaridad, tan vivo entre nuestro pueblo, se manifestaba en todos los ámbitos.

Se multiplicaban las instituciones de beneficencia y los servicios sanitarios, especialmente aquellos de carácter preventivo. En Caspe, por ejemplo, funcionaba un hospital que era al mismo tiempo comedor colectivo y estaba atendido por las monjas del convento.

Las religiosas se habían incorporado a la vida social mostrando una gran solidaridad con el pueblo que trabajaba y luchaba, no solamente en Caspe, sino también en Alcañiz y en otros lugares donde existían conventos femeninos.

Se garantizaba escrupulosamente la práctica privada de sus creencias. Hablamos con las monjas de Caspe y así nos lo confirmaron. Nadie las había molestado. Al contrario.

Desde sus puestos se habían sumado a la lucha antifascista y al esfuerzo por alcanzar el bienestar general, expresando su satisfacción personal y su deseo de que triunfase el pueblo.

De esta manera se fortalecía la solidaridad de todos en la tarea común de reorganizar completamente la vida de la retaguardia, para que una organización cada vez mejor pudiera responder en todo momento a las necesidades de la guerra revolucionaria y a las nuevas exigencias que esta creaba en la sociedad española: la protección de los niños, de las mujeres y de quienes habían quedado privados de cualquier tipo de protección.

Miles de refugiados eran sostenidos por el pueblo aragonés, que los trataba con verdadera y noble fraternidad.

Mientras se combatía en los frentes, en la retaguardia se conquistaba cada día otra gran victoria: avanzar hacia formas de civilización y perfeccionamiento moral de todo un pueblo que trabajaba, luchaba y sufría los rigores de la barbarie fascista, tanto nacional como extranjera.


Nota del original: Jacomart o Jacome, pintor nacido en Cádiz en 1620 y fallecido en 1680.

El texto procede de Fronto k Postfronto de Aragonio (Frente y retaguardia de Aragón), de Alardo Prats, traducido originalmente al esperanto por «Pario» y editado en 1938 por la Oficina de Propaganda Exterior de CNT-FAI, Sección Esperanto, Barcelona. Ver también Informabulteno’s Blog.

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