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Paul Robeson, un gigante de la clase trabajadora

La editorial Atrapasueños presenta esta novedad editorial, la primera biografía en castellano de Robeson, silenciado en EE.UU. por defender la igualdad social y racial.

paul-robeson

Paul Robeson.
Artista y revolucionario.
Paula Park.
Editorial Atrapasueños.
270 páginas.
15 euros.

La editorial Atrapasueños acaba de anunciar la publicación de la primera biografía en castellano del que fuera uno de los artistas negros de Estados Unidos más famoso en las décadas de 1930 y 1940 y más desconocido por el público español. En Youtube se pueden disfrutar sus maravillosas interpretaciones de decenas de espirituales o sus impresionantes Ol´ Man River o Joe Hill (canción en homenaje al sindicalista estadounidense que, momentos antes de ser ajusticiado (asesinado) por los representantes de la patronal lanzó su última consigna: ¡“No lloréis por mí, organizaos”! También se puede escuchar su versión de “Los cuatro generales” que cantó a las tropas republicanas en el frente de la Ciudad Universitaria durante su viaje de apoyo a la República en 1938.

Paul Robeson es uno de esos representantes de la clase trabajadora de la talla de Macelino Camacho, Marcos Ana o Nelson Mandela. Un gigante. Robeson no pasó por la cárcel. No se atrevieron, a pesar de que lo contemplaron, pero les dio miedo convertirlo en un mártir. Era uno de los artistas más famosos y mejor pagados de Estados Unidos en los años treinta y cuarenta. Participó activamente en las luchas sindicales contra la Ford, recabó fondos para la República y viajó a España en 1938 para cantar a las tropas que defendían la democracia frente al fascismo.

Tras la Segunda Guerra Mundial, sufrió los embates del macartismo, empeñado en silenciarlo. Se le vetó en los medios de comunicación de masas y se le negaron locales donde actuar. Para impedir que se ganase la vida actuando fuera de Estados Unidos, se le retiró el pasaporte. La causa, su denuncia de la segregación racial, su apuesta por unir a negros y blancos en la lucha por el socialismo, su apoyo a los sindicatos y su defensa de los comunistas. Tuvo ofertas para salir del hoyo, pero las despachó con viento fresco. Hay una anécdota en este sentido que recuerda a cuando una señora de la alta sociedad de Gallarta quiso reconducir a Dolores Ibarruri para que dejase el PCE y volviese a la Iglesia.

A través de Robeson, iremos conociendo un Estados Unidos que no aparece habitualmente en las decenas de miles de películas que nos inundan. Usando palabras de Enrique Lillo, destacado jurista de Comisiones Obreras, este libro nos da algunas de las claves que permiten entender el trumpismo.

Robeson fue un personaje muy singular. Hijo de padre esclavo, fue uno de los primeros negros en acceder a la Universidad, donde resaltó por delante de sus compañeros blancos. Se graduó con honores en las universidades de Rutgers y Columbia (la foto de graduación no necesita editorial: él único negro entre 124). De complexión atlética, fue el primer negro en jugar en un equipo de la liga universitaria. Pero, sobre todo, se hizo muy famoso por su voz y sus actuaciones teatrales.  También tuvo éxito en el cine. Para quien quiera comprobarlo, le recomiendo que escuche en YouTube sus interpretaciones de Ol´ Man River, Go Down Moses o Joe Hill y su “¡no lloréis por mí, organizaos!

A pesar de la campaña de demonización que sufrió y que, a partir de los cincuenta, llevó a distanciarse de él a gran parte de la comunidad negra, Robeson contó con el apoyo de algunos  líderes negros, de algunos sindicatos, del partido comunista de Estados Unidos, muchos de cuyos dirigentes habían sido encarcelados, y de artistas e intelectuales de la talla de Pete Seeger, Howard Fast o el mismísimo Albert Einstein.

A partir de los años setenta, la figura de Robeson empezó a ser recuperada y se le empezaron a hacer homenajes y actos de reconocimiento incluso allí donde su nombre había sido literalmente borrado, como fue el caso de la Universidad de Rutgers.

Aunque en Estados Unidos Robeson ha sido normalizado, en España apenas se le conoce. No había hasta ahora ninguna biografía en castellano. La autora, una científica que firma con el pseudónimo Paula Park, ha dedicado su tiempo libre durante tres años a documentarse con las biografías y otras fuentes publicadas en inglés y, así, hacer posible su conocimiento al público castellanohablante. Y, por respeto y admiración a Robeson, a su generosidad, lo ha hecho de forma desinteresada.

Manuel González

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