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Cultura Obrera

El primer congreso de Comisiones Obreras

Del 22 al 25 de junio. 1978. El Palacio de Congresos de Madrid situado en el Paseo del Castellana (cerrado actualmente desde hace ocho años) acogía un evento histórico. Miles de personas participaban en el primer congreso estatal de la Confederación Sindical de Comisiones Obreras (CCOO). Marcelino Camacho fue elegido secretario general de CCOO, que se definía como “un sindicato reivindicativo, de clase, unitario, democrático, independiente, sociopolítico e internacionalista”. 42 años después, el sindicato se ha consolidado. El camino hasta el congreso no fue fácil. Varios de los protagonistas de aquel acontecimiento relatan a cuartopoder sus recuerdos.

“Fue muy emocionante porque supuso encontrarnos gente de toda España, algunos nos habíamos visto en la clandestinidad, pero encontrarnos ya en el Palacio de Congresos fue muy bonito. Era la primera vez que hacíamos un congreso organizado, con debates, ponencias, etc. Hubo mucho debate. Fue como decir que ya habíamos empezado a conquistar lo que llevábamos mucho tiempo luchando”. Son palabras de Salce Elvira, histórica sindicalista, trabajadora de la fábrica Westinghouse por aquel entonces. Formaba parte de la ejecutiva de la sección del metal en Madrid.

“El congreso significaba la consagración del proceso que habíamos llevado durante años en una organización muy consolidada, estable y amplia”, señala por su parte Julián Ariza, secretario de organización por aquel entonces. Según explica, el congreso se hace en un marco de “una cierta euforia, porque había habido un crecimiento espectacular en cuanto al número de personas afiliadas a la organización”. Ariza era el encargado de llamar a las distintas organizaciones en el conjunto del Estado para que le dieran una estimación de afiliación que sirvieran para repartir los delegados en función del territorio. “La cifra oficial, que a pesar de los años no se me olvida, fueron 1.832.000”, señala, al tiempo que reconoce que quizás no tuviera “suficiente solvencia” por ser solo estimada y no censada.

Según el histórico sindicalista, en CCOO “eran conscientes de que había un poder de la clase obrera”. Y que ese poder tenía una representación política, en el PCE,  y una social, “donde nadie discutía la hegemonía que tenía CCOO en el movimiento sindical”.

“Encontrarnos allí todos los delegados fue muy emocionante, estuvo también gente de delegaciones internacionales como Francia o Italia”, recuerda por su parte Pepe Casado. Trabajador de la fábrica Isobel, pertenecía a la ejecutiva madrileña. “Después de tanta clandestinidad, de pisar la cárcel de Carabanchel, encontrarte en un acto con toda la legalidad del mundo, fue una ilusión tremenda. Creíamos tanto en todo y teníamos capacidad de influencia”, añade. Casado recuerda con orgullo que Marcelino le planteara usar la estructura de Madrid para formar el congreso, la cartelería, sillas, mesas, etc. “Tiré del segundo turno de la fábrica. Marcelino los felicitó a todos los que habían hecho posible a la salida de la fábrica a las 12 de la noche, montarlo para que se desarrollara”, señala.

El contexto duro

El camino, decíamos, no fue fácil. Y es importante tener en cuenta importantes datos contextuales, tal y como recuerdan los protagonistas. Hay que remontarse, en primer lugar, al año 1953. Así lo narra el propio sindicato: “Militantes comunistas, de Acción Católica y otros trabajadores descontentos, articulan candidaturas alternativas a las oficiales en las elecciones que organizaba el sindicato vertical y se crean comisiones de obreros. En este fenómeno se sitúa el origen de las Comisiones Obreras. Un origen que se singulariza en la mina gijonesa de La Camocha, paralizada por la huelga de enero de 1957 que organizó una Comisión Obrera”.

En los años 60 se crearon diferentes estructuras provinciales que participaron en elecciones sindicales. En junio 1967 se crea la Coordinadora General en 1ª Asamblea Nacional en Aravaca. “El régimen respondió a la expansión de las Comisiones con la represión, la ilegalización en 1967, despidos, detenciones y torturas, además de condenas de cárcel por Tribunal de Orden Público (TOP)”, señalan desde CCOO. Llegó entonces el conocido “Proceso 1001”, contra diez dirigentes. “Un hito destacado de esta espiral represiva”. En el año de la muerte de Franco, las Elecciones Sindicales fueron copadas por CCOO con una mayoría de enlaces sindicales y jurados de empresa.

La muerte de Franco en noviembre de 1975 no acabó con la represión sindical. “Veníamos de una etapa dura, también los años 76 y 77 fueron duros. El 12 de noviembre del 1976, jornada de huelga, nos detuvieron a mucha gente de CCOO. A mí me tuvieron incomunicada tres días en la Dirección General de Seguridad, y en el furgón en el que fuimos al TOP iba con Agustín Moreno”, recuerda Salce Elvira. En enero de 1977 tuvo lugar el asesinato de los abogados de Atocha. Ya en abril, CCOO fue legalizado.

Ese movimiento tenía fuerza. En otoño de 1976 el sindicato lanzó un bono, conocido como “el pulpo”. Era una especie de preafiliación que costaba 5 pesetas. “Queríamos que el congreso arrancase desde abajo, con la participación de todos los trabajadores. Se repartieron un millón de bonos”, recuerda Moreno.

Al factor de espera a esa hipotética unión sindical se unieron las elecciones de 1977, los Pactos de la Moncloa y el debate interno de ese movimiento-sindicato. Todo aquello hizo que el primer congreso tuviera que esperar hasta junio de 1978, más de un año después de la legalización. En aquel encuentro hubo debate, “pero sin tensiones”, según Moreno. Más conflictivo fue el segundo congreso, en 1981. Pero es ya otra historia.

“Marcelino quería un sindicalismo de nuevo tipo, en el sentido de que no fuera tradicional o jerarquizado, que fuera participativo. La pluralidad para Marcelino era un valor”, comenta Moreno. Para el exprofesor, se pretendía recoger de alguna manera el hueco de la CNT y aprender del modelo italiano de la CGIL. “Se quería recoger lo más novedoso, sin perder el carácter de clase, claro. En los estatutos estaban muy claros algunos principios como el rechazo a la explotación del hombre por el hombre y la crítica al sistema capitalista”, destaca.