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Cultura Obrera

“Lo posible y lo necesario”, la película de Marcelino Camacho

  • “El documental es una buena forma de recuperar la memoria histórica. Camacho es una figura clave en la Historia de España de la segunda mitad del siglo XX”
  • “La idea fuerza que se desprende del documental es que con Marcelino Camacho el sindicato CCOO tenía Norte, sin él empezó a ser otra cosa”

La película se titula así, porque era una de las frases preferidas de Marcelino: “Lo posible es lo que nos permiten hacer, y lo necesario lo que debemos hacer. Lo posible es de personas cuerdas, lo necesario es de locos utópicos. Quienes cambian el mundo son aquellos que luchan por lo necesario.”. También fue el título de un emblemático artículo suyo al comienzo del Gobierno de Felipe González en 1982 que conviene releer

El documental es una buena forma de recuperar la memoria histórica. Marcelino Camacho es una figura clave en la Historia de España de la segunda mitad del siglo XX en la reconstrucción del movimiento obrero y en la conquista de las libertades. Técnicamente está muy bien hecho. Con mucho material documental, entrevistas a las personas (familiares, compañeros, vecinos…) que pasaron por su vida, con unos magníficos actores que representan a Marcelino (Carlos Olalla) y a Josefina (Gloria Vega) sin intentar imitarlos, de ahí el acierto.

RNE: “Marcelino Camacho, la forja de un sindicalista” 

Tiene tres partes diferenciadas. En la primera, que podríamos denominar la forja de un rebelde, se pueden apreciar diferentes etapas de su vida y de su lucha. No en balde tituló su libro de memorias Confieso que he luchado. Comprende desde su infancia en Soria hasta el regreso a España desde el exilio de Orán. Aparece como un humilde héroe griego en lucha constante contra un dramático destino diseñado por los vencedores de la guerra civil. Marcelino fue un indomable: cuenta con toda naturalidad las veces que se fugó estando prisionero, los campos de concentración, las huelgas de hambre… Hasta el alegato que hizo ante el juez Mateu del TOP cuando le estaban expulsando de la sala: “Dada la actitud de este tribunal, me veo obligado a denunciarlo como un tribunal de excepción al servicio de una dictadura que se hunde”. Pero siempre con afán de aprender y de enseñar, siempre con la sonrisa en los labios.

La segunda parte refleja la formación de las Comisiones Obreras, la transición y la primera etapa de la democracia. Es el periodo álgido de la lucha, la represión y la cárcel, el proceso 1001… El franquismo tembló ante la determinación de militantes como Marcelino y le convirtió en rehén del régimen. Impresiona cómo Josefina explica la decisión de comprar un pequeño piso; en vez de hacerlo por la zona de Julián Camarillo donde estaba la fábrica Perkins en la que trabajaba, se deciden por el lado opuesto de la ciudad, en el barrio de Carabanchel para estar más cerca de la cárcel, convencidos que se convertiría en su segunda residencia.

La tercera parte, y la más corta, aborda la expulsión de Marcelino de la presidencia de CCOO por discrepar de la estrategia de Antonio Gutiérrez, sin ningún debate en las bases y aprovechando una mayoría circunstancial en un congreso (por 571 votos contra 366 y 58 abstenciones y votos en blanco). Abordarlo en la película era un tema complicado, pero ineludible. Como dice el director Adolfo Dafour: “Lo que no podíamos hacer era eludir aspectos importantes porque si no no sería un documental coherente. Tenía que abordarse todo, y hacerlo con toda la honestidad de la que fuimos capaces”. “No se trataba tampoco de ponernos de un lado o de otro. Marcelino tenía su razón y los otros las suyas. Ahí se expresan las opiniones que dieron y que el espectador saque sus propias conclusiones”. Y efectivamente, se recogen las distintas opiniones aunque de forma muy desproporcionada, al dar mucho metraje a los responsables de su expulsión de la presidencia y muy poco al Sector Crítico al que pertenecía Marcelino. En esta parte, el resultado es discutible.

La película, como todo documental, es un reflejo de la realidad. Pero hay que advertir de una parte de ficción: las numerosas parrafadas del exsecretario general Antonio Gutiérrez. De las falsedades que dice, duelen especialmente dos. Cuando malintencionadamente achaca las diferencias que Marcelino pudiera tener con los pactos sindicales a una cuestión de egoísmo personal, como si solo le preocupase el poder adquisitivo de su pensión. No es cierto que discrepase de los acuerdos posteriores a la huelga del 14-D, ni nunca midió un acuerdo o una estrategia por su interés particular. Pocas personas ha habido más lúcidas y generosas, y que mirasen por el interés de clase, como bien expresa Josefina en el documental: “pudiendo haber escogido una vida sin sobresaltos, pero entre lo posible y lo necesario eligió lo necesario”. Y cuando cuenta que al enterarse de que Marcelino no ha sido elegido presidente por los votos de sus partidarios, dice que dijo: “¡Es una gran putada!”. Es de un cinismo difícil de superar, puesto que fue el organizador de su expulsión.

Al final el tiempo pone a cada uno en su sitio y las palabras no pueden enmascarar los hechos objetivos. La penosa herencia de Antonio Gutiérrez es muy clara: es el responsable de echar a Marcelino de la presidencia de CCOO para derechizar el sindicato, de poner a José María Fidalgo de secretario general, de utilizar una puerta giratoria a Caja Madrid. También fue generosamente pagado por el PSOE con dos legislaturas como diputado.

Pero no se trata de hablar de historia pasada, sino de analizar sus consecuencias en la realidad actual. Hay dos impulsos para la defenestración de Marcelino de la presidencia de CCOO. Una objetiva: Marcelino obstaculizaba la “modernización” del sindicato, algo que dice fríamente Toxo y que no deja lugar a dudas de que volverían a echar a Marcelino de nuevo. Una “modernización” como disfraz de la burocracia y de un poder que intentaba suprimir todo lo que no controlaba. Una supuesta modernización que es la que ha conducido a la irrelevancia actual cuando no a la colaboración con el poder a nivel confederal (en las empresas la buena militancia intenta seguir haciendo bien su trabajo).

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Alacant acull ‘El segle de Marcelino Camacho. El segle del treball i els drets’
Des del 14 d’octubre fins al 25 de novembre.