Desalojan de madrugada la acampada de Sol: 334 personas expulsadas y denuncias de violencia policial

Unos 400 agentes intervinieron mientras centenares de personas dormían en Sol. Dos detenidos según el balance oficial; el movimiento denuncia golpes y gas pimienta. La huelga del 11-N sigue adelante.
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La Policía Nacional y la Policía Municipal desalojaron durante la madrugada del martes 3 de noviembre la acampada por la vivienda de la Puerta del Sol de Madrid. Cerca de 300 personas dormían en la plaza cuando comenzó el operativo, poco antes de las tres de la mañana, a ocho días de la huelga general del 11-N. La intervención puso fin por la fuerza a la permanencia de quienes seguían en un campamento levantado el 26 de septiembre para denunciar la crisis de la vivienda.

El balance oficial cifra en 334 las personas desalojadas y en dos las detenidas por resistencia o desobediencia. Participaron aproximadamente 400 agentes, 220 de la Policía Nacional y 180 de la Policía Municipal, con apoyo de bomberos y servicios sociales. Un portavoz sindical policial habló de tres detenciones en una entrevista, pero esa cifra no coincide con el balance facilitado por la Delegación del Gobierno.

De madrugada: una actuación con nocturnidad y alevosía

El horario elegido es uno de los aspectos más cuestionados del desalojo. La intervención comenzó mientras buena parte de las personas que seguían en la acampada estaban durmiendo. Desmantelar una protesta a esas horas, con centenares de personas en una situación de especial vulnerabilidad, puede describirse políticamente como una operación con nocturnidad y alevosía; no se trata de una calificación penal ni de una resolución judicial, sino de una valoración crítica de las circunstancias en que actuó la Policía.

La Acampada 26S denunció que la intervención fue violenta, con golpes, utilización de gas pimienta y varias personas heridas. También circularon quejas por la imposibilidad de recoger algunas pertenencias. La Delegación del Gobierno sostiene, por el contrario, que el operativo se desarrolló sin violencia y que fue una medida de último recurso, precedida de requerimientos y de un proceso gradual. Por el momento no consta un balance médico independiente y cerrado de las lesiones denunciadas.

Las comisiones habían anunciado su retirada, pero aún quedaban personas en Sol

El desalojo llega después de que buena parte de las comisiones organizadoras acordara cerrar su etapa en la plaza y trasladar la actividad a los barrios y a la preparación de la huelga del 11 de noviembre. El lunes se leyó un manifiesto final sobre la continuidad de la lucha por la vivienda. Sin embargo, no todas las personas acampadas compartían la decisión de marcharse: un grupo, integrado también por personas sin hogar, había anunciado que permanecería en Sol hasta el 11-N.

Esa diferencia resulta esencial para entender lo ocurrido. El movimiento que impulsó inicialmente el campamento había comenzado a reorganizarse fuera de la plaza, pero seguían allí centenares de personas, muchas de ellas sin alternativa habitacional inmediata. La Delegación justificó la intervención alegando alteraciones del orden público y una pérdida de las reivindicaciones iniciales. Esa explicación oficial no elimina las preguntas sobre la proporcionalidad del dispositivo ni sobre la atención prestada a quienes se quedaron sin un lugar donde dormir.

Tiendas retiradas y accesos cerrados

Tras la intervención, los servicios municipales iniciaron la retirada de tiendas, toldos y otros materiales con camiones y maquinaria de limpieza. Durante la mañana quedaron restringidos los accesos peatonales a parte de la Puerta del Sol. Según la información policial, los objetos recogidos se trasladarían a dependencias municipales para que sus propietarios pudieran reclamarlos.

De Maricarmen a la huelga general del 11-N

La protesta comenzó el 26 de septiembre, después del desahucio de Maricarmen Abascal, de 87 años, fallecida posteriormente. Lo que nació de aquel caso se convirtió durante más de cinco semanas en un espacio de asambleas, organización y denuncia de los alquileres inasumibles, la especulación y la precariedad que golpea a quienes viven de su salario.

La siguiente cita para las organizaciones de vivienda y sindicales será la huelga general del 11 de noviembre, que conecta el derecho a un techo con las condiciones laborales y el poder adquisitivo. La retirada de las tiendas no pone fin a esas reivindicaciones.

El operativo deja dos versiones enfrentadas sobre la actuación policial y preguntas pendientes sobre los daños personales y el destino de quienes permanecían en la plaza. Hay, en cambio, un hecho incuestionable: la acampada fue desalojada en plena noche, cuando centenares de personas dormían, y el conflicto por la vivienda continúa fuera de Sol.