Bangladés, Bélgica y Albania en conflicto: huelgas por salarios, 1.217 empleos amenazados y protestas estudiantiles

El textil de Bangladés exige 30.000 takas y abre una nueva mesa salarial; GSK plantea 1.217 recortes en Bélgica y Albania afronta una creciente revuelta estudiantil.
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En Bangladés, el personal de la industria textil corta carreteras para reclamar salarios con los que poder vivir. En Bélgica, centenares de trabajadores bloquean los accesos de la farmacéutica GSK después de conocer un plan que amenaza hasta 1.217 empleos. Y en Albania, las protestas estudiantiles contra el deterioro educativo y la corrupción se extienden por el país entre cargas policiales y centenares de detenciones. Son conflictos diferentes, con organizaciones y demandas propias, pero comparten una semana de movilizaciones sociales que deja nuevas negociaciones abiertas y decisiones todavía pendientes.

La situación, a 17 de octubre de 2026, no permite hablar de una huelga general simultánea en los tres países. En Bangladés hay movilizaciones de trabajadores textiles y portuarios; en Bélgica, una respuesta sindical a un proyecto de reestructuración empresarial; y en Albania, una revuelta impulsada por estudiantes, con reivindicaciones educativas, laborales y políticas. Los últimos datos confirmados proceden del 15, el 16 y, para Albania, también del 17 de octubre.

Bangladés: las obreras del textil cortan carreteras y reclaman 30.000 takas al mes

Las protestas del sector de la confección se han extendido por Uttara, en el norte de Daca, uno de los grandes núcleos de una industria que abastece a cadenas de ropa de todo el mundo. Trabajadoras y trabajadores de varias fábricas han ocupado durante varios días distintos tramos de la carretera Daca-Mymensingh y las zonas de Azampur y Rajlokkhi para exigir un salario mínimo de 30.000 takas mensuales, el abono de cantidades pendientes y mejores prestaciones. La convocatoria responde al encarecimiento de alimentos, vivienda y transporte, que ha reducido la capacidad adquisitiva de los salarios del sector.

El 14 de octubre participaron más de un millar de personas en uno de los bloqueos, según la prensa local. El 15 de octubre, las movilizaciones continuaron y la policía recurrió a porras, gases lacrimógenos y granadas sonoras para desalojar los accesos viarios. La patronal del vestido, Bangladesh Garment Manufacturers and Exporters Association (BGMEA), confirmó el cierre de cinco fábricas tras varias jornadas de interrupción de la actividad. Conviene distinguir esos cierres empresariales de una huelga indefinida generalizada, que no consta convocada para toda la industria.

El salario mínimo vigente para buena parte del sector se sitúa en 12.500 takas; el aumento hasta 30.000 que reclaman los manifestantes implicaría un cambio profundo en la estructura retributiva. El Ministerio de Trabajo ha iniciado los trámites para crear una nueva comisión de salarios del sector textil, solicitando representantes a organizaciones empresariales y sindicales. La comisión deberá formular propuestas, pero no existe todavía una subida pactada ni una fecha definitiva de aplicación. Es un primer movimiento institucional tras los cortes, no la resolución del conflicto.

El puerto de Chattogram abre otro frente

La tensión laboral en Bangladés también alcanza al puerto de Chattogram, principal punto de entrada y salida de mercancías del país. El 8 de octubre, la autoridad portuaria firmó con la compañía DP World, con sede en Emiratos Árabes Unidos, un acuerdo de concesión de 15 años para operar y mantener la terminal New Mooring Container Terminal (NCT). Organizaciones de trabajadores y colectivos de defensa del puerto piden anular el contrato y abrir una negociación pública sobre sus consecuencias para el empleo y la gestión de las instalaciones.

El 12 de octubre, más de un centenar de sindicalistas y activistas protagonizaron una huelga de hambre de una jornada frente al edificio de servicios del puerto. Las organizaciones que convocaron la protesta, entre ellas Bandar Rokkha Sangram Parishad y Chattogram Bandar Jatiyatabadi Sramik Dal, denunciaron la falta de respuesta a su petición de diálogo. La protesta textil y la portuaria no forman parte de una única convocatoria, pero muestran conflictos laborales distintos desarrollándose a la vez en dos sectores esenciales de la economía bangladesí.

Bélgica: GSK amenaza 1.217 puestos y los sindicatos bloquean Wavre y Rixensart

El 14 de octubre, la multinacional farmacéutica GSK presentó en un consejo de empresa extraordinario un proyecto de reestructuración de sus centros de Bélgica que contempla suprimir hasta 1.217 puestos a lo largo de tres años. La cifra incluye 735 puestos de cuadros y responsables y 482 de personal administrativo o técnico, según los datos difundidos por la representación sindical. Los centros afectados se encuentran en Wavre, Rixensart y Gembloux. Se trata de empleos amenazados por un plan anunciado, no de 1.217 despidos ya ejecutados.

La empresa enmarca la operación en una estrategia de reducción de costes, reorganización de investigación, producción y servicios de apoyo y mayor utilización de automatización y herramientas digitales. GSK sostiene que mantendrá actividad farmacéutica en Bélgica. Los sindicatos responden que la empresa debe explicar por qué pretende reducir de forma tan drástica el empleo y qué garantías dará a las plantillas. La magnitud del proyecto alcanza aproximadamente a uno de cada siete puestos que mantenía el grupo en el país.

La respuesta comenzó la noche del miércoles 14 al jueves 15 de octubre. Centenares de empleados instalaron piquetes y bloquearon los accesos de Wavre y Rixensart; en Wavre participaron entre 300 y 400 personas en la protesta de la mañana. Se mantuvieron excepciones para el personal necesario en tareas de seguridad y cuidado de animales. Una parte importante de quienes acudieron a los piquetes era personal de producción que, aun sin figurar inicialmente entre los puestos afectados, decidió apoyar a sus compañeros.

La FGTB/ABVV y otras organizaciones que integran el frente sindical han registrado un preaviso de huelga sin fecha de finalización y reclaman negociar alternativas a los recortes. La central también recuerda que GSK ya había reducido su plantilla mediante bajas no cubiertas y contratos temporales no renovados. En Bélgica ha comenzado el procedimiento de información y consulta conocido como procedimiento Renault, que obliga a discutir los planes de despidos colectivos. La decisión final y el número efectivo de puestos suprimidos siguen abiertos.

Albania: la protesta estudiantil salta de Tirana a otras ciudades

Mientras tanto, Albania vive una de las mayores movilizaciones juveniles de los últimos años. Miles de estudiantes se manifestaron el 16 de octubre en Tirana, en la cuarta jornada consecutiva de una nueva escalada de protestas. El malestar se arrastra desde hace meses, cuando comenzaron manifestaciones por el encarecimiento de la educación, las deficiencias de universidades y centros escolares, la falta de oportunidades de empleo y distintos proyectos urbanísticos discutidos por vecinos y organizaciones sociales.

La protesta ha alcanzado Lezhë, Elbasan, Shkodër y Korçë, con boicots de clases y marchas en las calles. En Tirana, manifestantes lanzaron piedras y causaron daños en edificios, escaparates y mobiliario urbano; la policía respondió con gases lacrimógenos y cañones de agua. Los incidentes más graves se habían producido el 14 y el 15 de octubre, con incendios de dependencias y entidades bancarias. Las organizaciones estudiantiles reclaman respuestas sobre educación, desigualdad y empleo, y sectores del movimiento exigen además la dimisión del primer ministro, Edi Rama. La protesta no constituye una huelga laboral nacional.

Los datos policiales difundidos el sábado 17 de octubre elevan a 500 los manifestantes detenidos durante la oleada, de los cuales 330 habían quedado en libertad. La policía informó también de 120 agentes y 45 manifestantes heridos; las lesiones entre quienes protestaban podrían ser más numerosas, porque no todas han sido registradas. Son cifras acumuladas de la crisis y atribuidas a la policía, no el balance de un solo día. La organización y diversos participantes denuncian una represión desproporcionada, mientras el Gobierno afirma que la violencia contra agentes y edificios no puede justificarse.

La crisis política se amplía

Las movilizaciones mantienen críticas al proyecto de complejo turístico de lujo en la costa meridional, vinculado a inversores entre los que figura el entorno empresarial de Jared Kushner, y a controversias sobre la titularidad de terrenos y la adjudicación de contratos públicos. Las denuncias deben separarse de los hechos acreditados: no se ha establecido responsabilidad irregular de todos los promotores del proyecto. Rama niega haber cometido irregularidades y rechaza dimitir, argumentando que la alternancia política debe decidirse en las urnas.

Una novedad conocida este 17 de octubre es la incorporación a las protestas de Marjana Koceku, diputada de 25 años que llegó al Parlamento de la mano del Partido Socialista y ahora actúa como independiente. La parlamentaria ha criticado las políticas medioambientales y de desarrollo del Gobierno y ha reclamado otro rumbo para el país. Su participación refleja que el malestar estudiantil ha alcanzado también a representantes de la política institucional, aunque no significa que exista un programa común entre todos los manifestantes.

Tres conflictos, una misma discusión sobre el futuro del trabajo y los servicios públicos

En Bangladés, la prioridad inmediata es si la futura mesa salarial modifica de verdad unos sueldos desbordados por los precios y si la protesta logra abrir negociaciones en el puerto. En Bélgica, el debate está en el empleo industrial y científico que GSK plantea recortar y en las alternativas que consigan arrancar los sindicatos. En Albania, el protagonismo lo tienen jóvenes que cuestionan el estado de la educación y su futuro laboral, en medio de una confrontación creciente con el Gobierno.

Ninguno de estos procesos está cerrado. Los resultados dependerán de decisiones distintas —una comisión salarial, una negociación de despidos y respuestas políticas a las demandas estudiantiles— que no deben confundirse. Lo que sí muestran los hechos de esta semana es la disposición de trabajadores y jóvenes a mantener una presión pública cuando consideran agotadas las vías ordinarias de negociación.

Seguimiento internacional: Sindicalismo.org ya recogió parte de estos conflictos en su crónica internacional del 15 de octubre y dedicó una información específica a la movilización de Albania. Esta actualización incorpora los bloqueos de GSK, la tramitación de la comisión salarial bangladesí y los nuevos datos de las protestas albanesas.

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