La inflación volvió a acelerarse en septiembre y cerró el mes en el 4,9% interanual, seis décimas por encima de agosto. El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha confirmado este miércoles, 14 de octubre, el dato adelantado a finales de septiembre. Es la tasa más alta desde febrero de 2023 y supone un nuevo golpe para los hogares que dependen de una nómina o de una pensión para afrontar sus gastos.
El encarecimiento del transporte explica buena parte de la subida. Este grupo registró un aumento del 10,5% respecto al mismo mes del año anterior, impulsado por los carburantes y por una menor caída de los precios de los vuelos. También influyó el comportamiento de los paquetes turísticos, cuyos precios bajaron menos que en septiembre de 2025. Detrás de los porcentajes hay gastos difíciles de esquivar para quienes necesitan desplazarse cada día a su puesto de trabajo.
En comparación con agosto, los precios subieron un 0,3%. El vestido y el calzado aumentaron un 6,9% en el mes, coincidiendo con el inicio de la temporada de otoño e invierno, mientras que el grupo de vivienda se encareció un 1,1% por la electricidad y los combustibles líquidos. Son variaciones mensuales y no deben confundirse con el 4,9% interanual del índice general.
La inflación también se extiende más allá de la energía
La inflación subyacente, que excluye los alimentos no elaborados y los productos energéticos, alcanzó el 3,1%, dos décimas más que en agosto. Este indicador muestra que el problema no se reduce al precio del depósito de combustible: el encarecimiento sigue presente en otros bienes y servicios que forman parte del consumo habitual.
La evolución de los últimos meses deja poco margen para el optimismo. La tasa interanual pasó del 3,2% en junio al 3,6% en julio, subió al 4,3% en agosto y ahora alcanza el 4,9%. En la Comunitat Valenciana se situó en el 4,8%, ligeramente por debajo de la media estatal, pero también por encima del registro de agosto.
Una nómina congelada compra cada vez menos
La distancia entre los precios y los salarios se nota especialmente en las economías más ajustadas. Con una inflación del 4,9%, una cesta de bienes y servicios que costaba 100 euros en septiembre del año pasado costaría ahora, de media, 104,90 euros. Para que un salario de 1.500 euros mantuviera el mismo poder adquisitivo de hace doce meses, tendría que alcanzar los 1.573,50 euros. Es un cálculo ilustrativo basado en el IPC general: el gasto real varía mucho de un hogar a otro.
El aumento de precios no significa que todas las familias se enfrenten a la misma subida. Quienes dedican la mayor parte de sus ingresos a la vivienda, los suministros, la alimentación y los desplazamientos apenas tienen margen para reorganizar el presupuesto. Cuando una revisión salarial queda por debajo del IPC, la diferencia se traduce en menos capacidad de compra, aunque la cifra de la nómina haya aumentado.
Los datos definitivos reabren así una cuestión central en la negociación colectiva: cuánto deben crecer los salarios para no seguir perdiendo terreno frente al coste de la vida. Las cláusulas de revisión salarial, las subidas de las pensiones y las medidas que reduzcan el peso de los gastos esenciales vuelven a situarse en el centro del debate. La inflación se expresa en porcentajes; sus consecuencias se pagan, mes a mes, en euros.




