La huelga general por la vivienda da un salto decisivo. CCOO y UGT han acordado este lunes respaldar una paralización general de 24 horas para exigir medidas frente a la crisis habitacional y salarios que permitan acceder a una vivienda. La decisión llega después de que el Sindicato de Inquilinas impulsara la propuesta y CGT confirmara su disposición a convocarla. La fecha todavía no está cerrada, pero el paro se plantea para este otoño y antes de las elecciones generales del 29 de noviembre.
De las manifestaciones a los centros de trabajo
Lo que durante las últimas semanas era una consigna repetida en las movilizaciones por la vivienda está cada vez más cerca de convertirse en una huelga general. Las protestas celebradas este fin de semana en distintas ciudades volvieron a escuchar llamamientos a trasladar el conflicto de las calles a los centros de trabajo. El Sindicato de Inquilinas había situado la huelga general como siguiente paso y ya contaba con el respaldo de CGT. Este lunes se ha producido el movimiento que faltaba: CCOO y UGT han decidido incorporarse a la convocatoria.
Hasta ahora, las dos centrales mayoritarias habían mantenido una posición más prudente, mientras analizaban tanto la dimensión laboral de la convocatoria como el escenario político abierto ante unas posibles elecciones anticipadas. La presión ha aumentado después de las últimas movilizaciones por la vivienda y de las conversaciones mantenidas con las organizaciones impulsoras. Tras una reunión celebrada este lunes por la tarde, CCOO y UGT han terminado decantándose por respaldar la propuesta.

CGT ya había apostado por una huelga de 24 horas
CGT había confirmado previamente su intención de impulsar la huelga después de finalizar su XX Congreso en Parla. Su secretario general, Miguel Fadrique, reelegido por un estrecho margen frente a Nuria Negro, situó la convocatoria por la vivienda entre las prioridades inmediatas de la organización y defendió una huelga general de 24 horas, considerando insuficientes fórmulas de movilización de menor duración.
El Sindicato de Inquilinas había explicado que ya existían acuerdos con CGT y con organizaciones del sindicalismo combativo, mientras continuaban las conversaciones para incorporar a las grandes centrales. Su portavoz, Alicia Del Río, defendió que la movilización debía continuar independientemente del calendario electoral y señaló que la fecha de la huelga sería anunciada próximamente.
CCOO y UGT cambian el escenario
La incorporación de CCOO y UGT modifica considerablemente la dimensión de la futura huelga. Ambas organizaciones concentran una parte muy importante de la representación sindical en las empresas y de la negociación colectiva. Su participación permite que una reivindicación surgida principalmente del movimiento por la vivienda pueda trasladarse con mucha mayor fuerza a fábricas, oficinas, comercios, transportes y servicios públicos.
La convocatoria reúne así, por ahora, al Sindicato de Inquilinas, CGT, CCOO y UGT, además de otras organizaciones del sindicalismo combativo que han participado en las conversaciones. Queda por conocer cómo se articulará definitivamente el espacio conjunto, cuáles serán las reivindicaciones concretas y qué otras organizaciones terminarán incorporándose.
Vivienda y salarios en una misma huelga
Uno de los elementos centrales será conectar la crisis habitacional con las condiciones laborales. El planteamiento sindical parte de una realidad sencilla: el poder adquisitivo de un trabajador no depende únicamente de cuánto cobra, sino también de cuánto necesita destinar cada mes a mantener una vivienda. Cuando el alquiler aumenta muy por encima de los salarios, una subida salarial puede desaparecer prácticamente antes de llegar a otros gastos básicos.
Por eso la futura convocatoria no se plantea únicamente alrededor del precio del alquiler. Entre las reivindicaciones estará también la necesidad de salarios suficientes para acceder y mantener una vivienda digna, vinculando directamente vivienda, nómina y coste de la vida.
La patronal cuestiona la huelga
La posibilidad de una huelga general por la vivienda ya ha provocado una reacción de la patronal. El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, ha cuestionado que una convocatoria de estas características pueda encajar dentro de la legalidad al considerar que la vivienda no constituye estrictamente un conflicto laboral.
Las organizaciones que impulsan el paro sostienen lo contrario: el coste de la vivienda condiciona directamente las condiciones materiales de la población trabajadora y su poder adquisitivo. La eventual legalidad de una convocatoria concreta no depende, en cualquier caso, de la valoración de la patronal ni de los convocantes, sino de la legislación aplicable y, si existiera una impugnación, de lo que determinasen los tribunales.
Una huelga general diferente
La convocatoria introduce una diferencia importante respecto a buena parte de las huelgas generales celebradas durante las últimas décadas. Tradicionalmente, estos paros han respondido a reformas laborales, pensiones, recortes, empleo o salarios. Esta vez el detonante procede de la vivienda, aunque la movilización pretende vincularla directamente con las condiciones de vida de quienes trabajan.
La cuestión que plantea el movimiento de inquilinas es precisamente esa: de poco sirve discutir exclusivamente cuánto aumenta una nómina si una parte creciente del salario termina absorbida por el alquiler o la hipoteca. La huelga pretende trasladar esa discusión desde las manifestaciones hasta los propios centros de trabajo.
Antes del 29 de noviembre, pero todavía sin fecha
El elemento fundamental que todavía falta por conocer es el día concreto de la huelga general. La intención expresada es celebrarla durante este otoño y antes de las elecciones generales previstas para el 29 de noviembre, pero las organizaciones tendrán que acordar ahora el calendario definitivo.
La coincidencia con el periodo electoral añade además una dimensión política que las organizaciones impulsoras quieren evitar que eclipse las reivindicaciones sociales. Desde el movimiento de inquilinas se insiste en que el problema de la vivienda no puede quedar congelado a la espera de unas elecciones y que la movilización debe mantener su propio calendario.
De las calles a las fábricas, oficinas y servicios
La huelga general por la vivienda ha recorrido en pocos días un camino que parecía difícil hace apenas unas semanas. Primero fue una reivindicación del movimiento de inquilinas y de las protestas en las calles. Después llegó el compromiso de CGT y del sindicalismo combativo. Ahora se incorporan CCOO y UGT.
Todavía quedan cuestiones importantes por cerrar: fecha, reivindicaciones comunes, organización de los servicios mínimos, movilizaciones que acompañarán al paro y sindicatos que finalmente firmarán la convocatoria. Pero el escenario ha cambiado: la crisis de la vivienda se prepara para abandonar exclusivamente el terreno de las manifestaciones y entrar directamente en los centros de trabajo.
Si el acuerdo se formaliza en los términos anunciados, España afrontará antes del 29 de noviembre una huelga general de 24 horas con la vivienda y el coste de la vida en el centro del conflicto.





