Sindicatos y organización popular frente a la ofensiva de Trump

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La movilización desarrollada en Minnesota contra las operaciones federales de inmigración ofrece una experiencia de organización sindical, comunitaria y de acción directa no violenta. Sindicatos, organizaciones de migrantes, comunidades religiosas y redes vecinales construyeron durante meses una respuesta que culminó con decenas de miles de personas en las calles y una jornada bajo la consigna «Sin trabajo, sin escuela, sin compras».

Durante el invierno de 2025-2026, Minnesota se convirtió en uno de los principales escenarios de las operaciones federales de inmigración impulsadas por la administración de Donald Trump. La denominada Operation Metro Surge desplegó agentes federales en Minneapolis y Saint Paul y provocó una amplia respuesta social.

En agosto se conoció además que el Departamento de Seguridad Nacional había investigado a sindicatos, organizaciones de defensa de los migrantes, colectivos comunitarios y personas que participaron en las protestas. Agentes se infiltraron y grabaron reuniones, consultaron bases de datos oficiales y consiguieron registros financieros correspondientes a varios años.

Sindicatos, migrantes y barrios

Frente al despliegue federal comenzó a desarrollarse una red formada por organizaciones muy diferentes. Una parte importante se articuló alrededor de ISAIAH, Unidos MN y SEIU Local 26, junto a organizaciones como Centro de Trabajadores Unidos en la Lucha (CTUL), Inquilinxs Unidxs por Justicia, sindicatos docentes de Minneapolis y Saint Paul y UNITE HERE.

La particularidad fue que esta colaboración no surgió únicamente como respuesta inmediata a la crisis. Algunas de estas organizaciones llevaban años construyendo relaciones entre comunidades migrantes, sindicatos, organizaciones religiosas y movimientos sociales.

Los autores distinguen entre una coalición temporal creada para conseguir un objetivo concreto y una alianza estable, donde organizaciones diferentes desarrollan confianza suficiente para compartir estrategias, poner a prueba su capacidad de movilización y actuar conjuntamente durante periodos prolongados.

Una infraestructura construida antes del conflicto

Cuando aumentaron las operaciones migratorias, ya existían estructuras capaces de reaccionar. Miles de personas recibieron formación para observar y documentar actuaciones de los agentes, defender derechos constitucionales y organizar respuestas rápidas en los barrios.

La red Monarca llegó, según el artículo, a formar a unas 28.000 personas para septiembre de 2025 y alrededor de 50.000 al finalizar Metro Surge en abril de 2026. Su línea de respuesta funcionó las 24 horas del día durante la operación. Iglesias, trabajadores de hospitales, personal escolar y asociaciones de familias organizaron simultáneamente redes de ayuda mutua y protección comunitaria.

El movimiento sindical entra en escena

Los sindicatos comenzaron también a preparar a sus afiliados. La Amalgamated Transit Union informó a sus miembros de que podían negarse a abrir las puertas de los autobuses a agentes armados o enmascarados cuando representaran un riesgo para conductores o pasajeros.

SEIU Local 26 trabajó con sus afiliados sobre sus derechos laborales y sobre la posibilidad de retirar colectivamente su trabajo. La movilización fue pasando así de la observación y la ayuda mutua a plantearse una cuestión más ambiciosa: cómo utilizar el poder económico de trabajadores y comunidades para aumentar la presión.

«Sin trabajo, sin escuela, sin compras»

El momento decisivo llegó el 23 de enero de 2026. Más de cien organizaciones respaldaron una jornada denominada Day of Truth and Freedom, organizada alrededor de una consigna sencilla:

No Work, No School, No Shopping.

Sin trabajo. Sin escuela. Sin compras. Los sindicatos evitaron definir formalmente la convocatoria como huelga general, entre otras razones porque numerosos convenios contienen cláusulas que restringen las huelgas durante su vigencia.

En su lugar, comunicaron a las empresas que sus afiliados responderían a una convocatoria comunitaria para permanecer fuera del trabajo y reclamaron que permitieran librar a las plantillas o cerraran voluntariamente durante la jornada.

Hasta 100.000 personas en las calles

La movilización adquirió dimensiones extraordinarias. Por la mañana se desarrollaron acciones en el aeropuerto de Minneapolis-Saint Paul y alrededor de un centenar de religiosos fueron detenidos mientras bloqueaban una carretera.

Durante la tarde, entre 50.000 y 100.000 personas, según las estimaciones recogidas por los autores, participaron en la marcha por Minneapolis pese a temperaturas extremadamente bajas.

SEIU Local 26 calculó que más de 1.100 de sus afiliados no acudieron al trabajo. En el conjunto del movimiento sindical, se estimó que aproximadamente 15.000 trabajadores sindicalizados permanecieron fuera de sus puestos.

Más de 1.000 establecimientos se comprometieron además a cerrar.

Una encuesta posterior calculó que alrededor de 340.000 personas en Minnesota declararon haber secundado de alguna manera la convocatoria de no trabajar.

Presionar también a las grandes empresas

La estrategia no se limitó a movilizar trabajadores. Los organizadores estudiaron qué empresas mantenían relaciones comerciales vinculadas directa o indirectamente con las operaciones federales. Las campañas señalaron, entre otras, a Hilton, Enterprise, Target, Signature y Delta.

El objetivo era presionar a empresas consideradas capaces de influir sobre la administración.

Tras las grandes movilizaciones y después de que agentes federales mataran al observador Alex Pretti, grandes compañías de Minnesota hicieron público un llamamiento para reducir la tensión. El 26 de enero Trump ordenó retirar al responsable de la Patrulla Fronteriza Gregory Bovino y posteriormente anunció una reducción de la escalada. Durante el mes siguiente disminuyeron notablemente los vuelos de deportación, según relatan los autores.

Organización frente a movilización puntual

Para Jones y Nammacher, la principal enseñanza de Minnesota no consiste en copiar literalmente sus tácticas.

Las condiciones sociales y políticas de cada territorio son diferentes. Lo que consideran trasladable es la construcción previa de organizaciones capaces de actuar conjuntamente.

Las manifestaciones multitudinarias pueden ejercer presión, pero los autores sostienen que resultan mucho más efectivas cuando detrás existen estructuras permanentes capaces de organizar, negociar, definir objetivos y mantener la movilización.

La experiencia de Minnesota combinó precisamente esos elementos: sindicatos, organizaciones de migrantes, comunidades religiosas, trabajadores, asociaciones vecinales, pequeñas empresas y redes descentralizadas de respuesta.

El resultado fue una capacidad de movilización que iba más allá de convocar una manifestación.

El poder de parar la normalidad

Una de las ideas centrales del artículo es que la resistencia no se construyó únicamente ocupando las calles.

También se planteó la posibilidad de interrumpir la normalidad económica. No trabajar. No comprar. Cerrar negocios. Presionar empresas. Construir redes de solidaridad y utilizar la fuerza colectiva de trabajadores y comunidades.

Los autores consideran que esa combinación proporciona una enseñanza para los movimientos que afrontan los próximos conflictos políticos y sociales en Estados Unidos: la movilización masiva adquiere otra dimensión cuando existe detrás una organización duradera capaz de convertir la protesta en poder colectivo.

Autores: William P. Jones, profesor de Historia en la Universidad de Minnesota y presidente de su sección de la AAUP; y Greg Nammacher, presidente de SEIU Local 26, sindicato que representa a unos 8.000 trabajadores de limpieza, aeropuertos y otros servicios en las Twin Cities.

Artículo original en Dissent Magazin

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