Más de 130 comités preparan la huelga del 11-N entre Catalunya, País Valencià y las Illes

Más de 80 comités en Catalunya, más de 40 en el País Valencià y cerca de diez en las Illes preparan la huelga general del 11-N. Las asambleas llegan a SEAT Martorell, los transportes, comercios y barrios.
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La huelga general del 11 de noviembre ha dejado de ser únicamente una convocatoria escrita sobre el papel. Una extensa red de comités está recorriendo barrios, polígonos industriales, comercios, universidades y centros de trabajo para organizar el paro. En Catalunya funcionan ya más de 80 comités vinculados al movimiento por la vivienda y al sindicalismo combativo, más de 40 en el País Valencià y cerca de una decena en las Illes Balears. A ellos se suman los comités específicamente laborales.

La dimensión de esta organización, construida en apenas unas semanas, marca una diferencia importante. No se trata solo de convocar una manifestación, sino de conseguir que el 11-N se note allí donde se trabaja, se estudia y se consume. Las asambleas abiertas han comenzado a repartir tareas: informar a las plantillas, explicar el derecho de huelga, recorrer los barrios y preparar piquetes y puntos de encuentro.

La huelga llega a las grandes fábricas y al transporte

Entre las noticias más relevantes de la preparación del 11-N está la decisión de secundar el paro en la planta de SEAT en Martorell, un complejo industrial con alrededor de 13.000 trabajadores. La adhesión fue respaldada en una asamblea de plantilla organizada por CCOO, UGT y CGT, un movimiento que convierte al sector industrial en uno de los escenarios a observar durante la jornada.

También se han celebrado asambleas en el Metro y los autobuses de Barcelona. El transporte público tiene una importancia particular: su funcionamiento condiciona la movilidad de miles de personas y su capacidad de movilización puede extender la huelga más allá de los sectores que ya se encuentran organizados.

La movilización combina dos frentes que durante demasiado tiempo han avanzado por separado: el conflicto salarial y la lucha contra el encarecimiento de la vivienda. Para quienes impulsan los comités, la nómina y el alquiler forman parte de un mismo problema. Trabajar no garantiza poder mantener una casa, y una subida salarial puede quedar absorbida por el precio de la habitación o del piso.

Sants-Zona Franca: asambleas, polígonos y más de cien comercios

En Barcelona, el comité de Sants-Zona Franca celebró su primera reunión el 15 de octubre con unas 180 personas. La participación obligó a organizar grupos territoriales y equipos de trabajo especializados en agitación y extensión de la huelga. La actividad se ha llevado a los transportes, a las calles comerciales y a los polígonos industriales de la Zona Franca.

Más de un centenar de establecimientos del barrio ya habían colocado carteles anunciando su participación en el paro, según los organizadores. El trabajo se reparte entre la Bordeta, Hostafrancs, Sants y la Marina-Zona Franca. En el barrio Gòtic, los comités han visitado cerca de 200 tiendas y están contactando con empresas de más de cincuenta personas para informar de la convocatoria y resolver dudas laborales.

En el vestíbulo histórico de la Universitat de Barcelona, la denominada Casa de la Vaga mantiene un mapa de comités y asambleas del área metropolitana. Es una forma muy concreta de visualizar algo que suele quedar fuera de los titulares: la preparación cotidiana de una huelga depende de reuniones, turnos, carteles, conversaciones y cientos de personas dedicando su tiempo a que la convocatoria llegue a cada centro de trabajo.

Benimaclet reúne a 250 personas y crea cuatro comités

En el País Valencià, uno de los ejemplos más destacados procede del barrio de Benimaclet, en València. Su primera asamblea reunió a unas 250 personas y dio lugar a cuatro subcomités territoriales. La convocatoria partió de la mesa de vivienda, integrada por organizaciones de inquilinas y colectivos de barrio.

Los grupos están elaborando un mapa de empresas, centros educativos, centros de salud y otros espacios donde explicar la huelga. El siguiente desafío es conectar esa fuerza vecinal con las secciones sindicales que tienen capacidad de detener la producción en los grandes centros de trabajo.

Las reivindicaciones debatidas incluyen frenar los desahucios, impedir la actividad de las empresas de desocupación, reducir los alquileres y defender contratos de arrendamiento indefinidos. La vivienda aparece así como una cuestión sindical de primer orden, no como una demanda separada del empleo.

De Girona-Salt a Manresa: la organización sale de las capitales

La red de comités no se limita a Barcelona y València. En Girona-Salt, la primera reunión reunió a alrededor de un centenar de participantes y contó con representación de 31 organizaciones, entre sindicatos, colectivos de vivienda, entidades migrantes, asociaciones y movimiento estudiantil. La actividad se ha extendido durante las fiestas de Girona y continuará con actos previos a la huelga, previstos el 6 de noviembre en Salt y el 7 de noviembre en Girona.

Allí se ha incorporado una denuncia específica: el racismo inmobiliario que dificulta el acceso a una vivienda a personas migrantes, junto a las dificultades para disponer de agua y electricidad. La preparación del paro conecta de este modo la cuestión del alquiler con las condiciones de vida de quienes ocupan los puestos de trabajo más precarios.

En Manresa, el comité prepara acciones informativas en mercados, transportes, puntos de encuentro y espacios deportivos. También trabaja en una manifestación unitaria de la Catalunya Central para el 11 de noviembre a las 17:30 horas. En comarcas menos pobladas, los organizadores insisten en que la huelga debe adaptarse a la realidad de los municipios y no reproducir sin más el modelo de las grandes ciudades.

La fuerza del 11-N se mide antes de que empiece

CGT, CNT, Solidaridad Obrera y otras organizaciones del sindicalismo combativo participan, junto a sindicatos de inquilinas, plataformas contra los desahucios y colectivos sociales, en una campaña que ha multiplicado las asambleas desde mediados de octubre. La coordinación pretende superar la división habitual entre quienes luchan por el convenio y quienes luchan por una vivienda asequible.

El alcance real del paro se conocerá el 11 de noviembre. Los números de comités, asambleas y adhesiones expresan la amplitud de la preparación, pero no deben confundirse con una participación efectiva todavía por comprobar. Aun así, muestran un movimiento organizado que está intentando transformar el descontento por los alquileres, los salarios y el coste de la vida en una jornada de acción colectiva.

La huelga no se improvisa el día de la convocatoria. Se está construyendo ahora, en los barrios y en los tajos, con reuniones abiertas y trabajadores decididos a convertir una reivindicación compartida en fuerza organizada.