El alquiler se ha encarecido un 53 % en las comarcas de Castelló desde 2015, mientras que el poder adquisitivo real de los salarios apenas ha mejorado un 9 %. La distancia entre ambas cifras resume una década en la que tener empleo ha dejado de garantizar el acceso a una vivienda. El Observatorio de la Vivienda elaborado por CGT Castelló retrata además la presión del alquiler sobre las nóminas, los desahucios acumulados y las dificultades para comprar una casa.
La comparación no se refiere al precio de compra de los pisos, sino al alquiler por metro cuadrado. Y el 9 % es el crecimiento del salario en términos reales, una vez descontada la inflación. La diferencia explica por qué muchas familias cobran algo más que hace diez años, pero tienen menos margen para cubrir los gastos básicos.

De cada 100 euros de mejora salarial, 48 terminan en el alquiler
En Castelló de la Plana, el alquiler mediano pasó de 306 euros mensuales en 2015 a 500 euros en 2024: un encarecimiento del 63 %. Según los cálculos del observatorio sindical, de cada 100 euros que han aumentado los salarios durante ese periodo, 48 se los ha llevado el incremento del alquiler. La vivienda absorbe ya el 32,9 % del sueldo neto medio de la ciudad.
Ese porcentaje se dispara cuando se vive con ingresos bajos. Para quienes cobran el salario mínimo, el alquiler mediano representa alrededor del 40 % del ingreso neto en la capital. En el conjunto provincial, una renta mediana de 440 euros consume más del 35 % de ese sueldo. Y antes de recibir las llaves hay que afrontar la fianza: en los nuevos contratos analizados, su importe medio llega a 670 euros.
La situación afecta especialmente a jóvenes que quieren emanciparse, hogares con un solo sueldo, familias con menores y personas que encadenan contratos temporales. Una nómina puede alcanzar para pagar el alquiler y poco más. Después llegan la luz, el agua, el transporte, la alimentación y cualquier imprevisto. Lo que parece una cuestión inmobiliaria se convierte cada mes en una discusión sobre salarios y condiciones de vida.
Más de 10.800 desahucios en doce años
Entre 2013 y 2025 se ejecutaron 10.873 desahucios en la provincia de Castelló, de acuerdo con el análisis realizado con datos judiciales. En 2025, el 74 % de los lanzamientos contabilizados se debieron al impago del alquiler. Detrás de esos números hay pérdidas de hogar, traslados forzados y personas que no pudieron sostener los pagos exigidos.
La organización sindical denuncia que el encarecimiento de la vivienda está expulsando de sus barrios a familias trabajadoras. Cuando las rentas crecen de forma persistente por encima de los ingresos, la estabilidad laboral por sí sola deja de ofrecer seguridad habitacional. Es la misma paradoja que muestran los datos: tener trabajo no impide que una parte creciente del salario termine en manos de propietarios.
Comprar tampoco resuelve el problema
El estudio analiza asimismo el mercado de compraventa. En el segundo trimestre de 2026, el valor medio de tasación de la vivienda libre se situó en 1.516 euros por metro cuadrado en la ciudad y en 1.464,5 euros en el conjunto provincial. Según el observatorio, el encarecimiento acumulado respecto a 2015 alcanza el 71 %.
Un piso de 90 metros cuadrados en Castelló rondaría los 136.000 euros tomando como referencia ese valor de tasación: casi seis años completos de salario medio bruto, sin descontar gastos de manutención ni impuestos. Esa comparación no incluye los ahorros necesarios para la entrada de una hipoteca, la financiación bancaria ni los costes asociados a la operación.
La desigualdad entre barrios agrava el panorama. El observatorio recoge zonas de Castelló con rentas medias de 9.483 euros anuales frente a otras que llegan a 25.904. La vivienda se encarece sobre una ciudad donde los recursos económicos ya están repartidos de manera profundamente desigual.
CGT vincula el acceso a la vivienda con la huelga del 11 de noviembre
CGT Castelló ha situado estos datos en el centro de su campaña ante la huelga general del 11 de noviembre. Reclama medidas para intervenir los precios, frenar los desahucios sin alternativa habitacional y recuperar vivienda hoy utilizada como activo especulativo. También exige salarios vinculados al coste real de la vida y plantea que la organización sindical actúe tanto en los centros de trabajo como en los barrios.
El sindicato insiste en que la cuestión de la vivienda no puede separarse de la negociación salarial. Una subida de convenio pierde buena parte de su efecto cuando el casero incrementa la renta o cuando el precio de una habitación absorbe el aumento de la nómina. Para las plantillas, esa pérdida de poder adquisitivo tiene consecuencias directas sobre su libertad para cambiar de empleo, negociar condiciones o afrontar una huelga.
El informe de Castelló pone números a una experiencia cada vez más extendida: trabajar más, cobrar algo más y, pese a todo, vivir con menos. El problema no se resuelve comparando únicamente el salario del año pasado con el de este. Hay que mirar también cuánto cuesta conservar un techo. Y ahí, durante la última década, los alquileres han corrido mucho más deprisa que los sueldos.





