La Dirección General de la Policía amplía la entrega de espráis de defensa personal a unidades que hasta ahora no disponían de ellos. La medida incorpora nuevos dispositivos individuales y de orden público y vuelve a situar sobre la mesa las condiciones de uso de la fuerza y el control de sus consecuencias.
La dirección policial justifica la ampliación por el aumento de las agresiones a agentes y el deterioro del principio de autoridad. Esa es la argumentación institucional difundida en las informaciones sobre el protocolo, no una conclusión independiente sobre la evolución de la delincuencia.
La nota publicada por el Sindicato Unificado de Policía (SUP) el 23 de octubre confirma que se actualizan las instrucciones de 2013. Identifica dos formatos: el RASS Stream 88 MK3, de dotación individual, y el MK9, destinado a orden público. Por tanto, la novedad consiste en renovar el equipamiento y extender su asignación, no en introducir por primera vez estos dispositivos en el cuerpo.
Según la información de EFE sobre el documento interno, los nuevos equipos proyectan gel o un chorro dirigido. El protocolo recomienda una separación mínima de tres metros y contempla su empleo ante agresiones o resistencia activa que amenace la integridad del agente, así como ante un riesgo inminente de autolesión grave.
Cada utilización debe constar en el atestado, aunque no llegue a afectar a una persona. Deben registrarse la identificación del policía, las circunstancias temporales, los efectos observados y la asistencia sanitaria prestada. Ese registro permite revisar después cómo se produjo la intervención.
El SUP reclama aclarar que los tres metros sean una recomendación y no una prohibición absoluta de uso a menor distancia. Sus objeciones se centran en las dudas operativas y las posibles responsabilidades disciplinarias.
Los límites que marcan los derechos humanos
Las orientaciones de Naciones Unidas sobre armas menos letales establecen que los irritantes químicos no deben utilizarse frente a una resistencia meramente pasiva ni seguir aplicándose cuando una persona ya está bajo control policial. También rechazan su empleo en espacios cerrados sin ventilación suficiente o sin una salida viable, por el riesgo de lesiones graves o asfixia.
EFE señala que el protocolo español admite su utilización en interiores por la formulación del producto. Esa posibilidad debe examinarse junto a las condiciones concretas del lugar y las precauciones señaladas por la ONU.
La guía internacional advierte de posibles dificultades respiratorias, irritación ocular y otros daños, especialmente con exposiciones intensas o prolongadas. La denominación de arma menos letal no elimina esos riesgos. Además del reparto de material, resultan esenciales la formación, la atención a las personas afectadas y la posibilidad de exigir responsabilidades por un uso indebido.
Imagen ilustrativa: el envase de la fotografía no corresponde a los modelos RASS anunciados.





