El libro de Joni D tiene como protagonistas a las mujeres del movimiento contracultural en la ciudad de Barcelona durante los años 80 y 90 del siglo XX, con epicentro en lugares como el Kafé Volter del barrio de la Ribera y con historias —reales o de ficción— que hablan de cultura, revuelta y feminismo.
El Kafé Volter fue un bar autogestionado por jóvenes de la movida punk barcelonesa, que funcionaba como asociación, con actividades políticas y culturales, con distribuidora de música, fanzines, etc. Abrió sus puertas en el número 18 de la calle Agullers, en el barrio de la Ribera, en octubre de 1985 y, en un abrir y cerrar de ojos, se convirtió en el epicentro de la escena punk de la ciudad. Aparte de muchas cervezas, su barra presenció la organización de asambleas, acciones de protesta y manifestaciones, tal como explica una de sus integrantes, Alicia Carmona, en el libro Harto de todo. Sonada fue la manifestación que organizaron contra un váter público en el que el Ayuntamiento se había gastado un dineral. «También nos solidarizamos con causas con las que nos sentíamos afines —dice Alicia—, como los insumisos. Intentábamos inculcar un hábito cultural y político dentro de la escena punk». Tuvieron relación con los ateneos libertarios de Gràcia y del Poble-sec y también tejieron una red internacional, acogiendo a un montón de gente y de bandas en dos pisos que tenían alquilados en Ciutat Vella y que funcionaban como comunas.
Es la época de la explosión de la movida punk en Barcelona, con las primeras crestas levantadas y los primeros grandes conciertos, como el Euskal Rock, primer gran concierto en Catalunya de Kortatu, RIP, Cicatriz y La Polla Records, con permiso de los veinte minutitos que habían podido tocar en mayo en la Montañesa antes de la pedrada —un asistente lanzó una piedra a uno de los músicos del escenario y el concierto se detuvo—. Pero el punk iba mucho más allá de las cuestiones estéticas y musicales, formaba parte íntimamente de la red local e internacional de luchas sociales anticapitalistas y antiautoritarias, de clara tendencia libertaria; y, como tal, participó en todas las movidas de la época: antimilitarismo, insumisión, okupación, antifascismo, contrainformación, luchas laborales, etc. Formaron parte de una generación que salía de un largo silencio y tenía muchas ganas de disfrutar de las libertades y hacer cosas, y pudieron hacer muchas porque todo estaba por hacer, ya que se venía de un mundo donde todo era pecado.
De hecho, esta generación de punks todavía había estudiado en las escuelas franquistas y, después, había vivido con frustración la derrota de la vía rupturista y revolucionaria ante una Transición pactada y continuista. No todo era un camino de rosas: había una grave crisis económica, con mucho paro juvenil y con pocas medidas sociales. La del No future! fue una época jodida, como también recuerda Alicia, con la aparición de los skinheads nazis, que incluso intentaron asaltar el Kafé Volter alguna vez, y, sobre todo, con la lacra del caballo y su nefasta presencia en la escena punk; y en tantos otros espacios de la ciudad.
En este contexto, que él vivió en primera persona —y con un estilo fresco y ágil, con muchos diálogos y capítulos cortos que incitan a seguir leyendo, y con un gran despliegue estético y musical—, el activista (contra)cultural conocido como Joni D sitúa el escenario de su cuarta novela, Ella també hi era, publicada en esta ocasión por Pol·len edicions.
De manera tan descarada como inesperada, la historia que desarrolla Joni en este escenario es una historia en clave de feminismo. Una historia que trata de visibilizar a las mujeres de aquella movida punk barcelonesa y algunas situaciones que vivieron en ella, una historia sobre las identidades de género. En la presentación del libro que hizo el 18 de septiembre frente al local donde había estado el Kafé Volter, el autor explicó que un día de febrero de 2025 había visto una conversación en Facebook entre mujeres punk de la época, donde alguna decía que había que hacer un me too del punk barcelonés, y la idea se le había metido tan dentro que aquella misma noche visualizó toda la novela en su cabeza.
Una vez escrita, continúa Joni, la compartió con varias mujeres que vivieron aquella época y que le dieron su visto bueno, sus aportaciones y también su reconocimiento a la capacidad del autor para llevar a buen puerto este difícil proyecto. Una de estas mujeres es precisamente Alicia. De una forma natural, esta validación se convierte en algo esencial, dada la condición de hombre del autor, que no se puede obviar, y el hecho de que se trate esencialmente de un libro feminista, un libro que aborda temas tan invisibilizados como las situaciones de agresiones sexuales hacia las mujeres que se dan en espacios donde, supuestamente, por tener una ideología antiautoritaria, no deberían darse. Y, por cierto, esta pequeña reseña también ha sido validada, por los mismos motivos.
En la misma presentación, Joni explicó que dos personajes de la novela son reales: la propia Alicia y Paloma, también integrante del Kafé Volter, escenario principal del libro. El resto de los personajes son inventados, aunque, evidentemente, con cosas sacadas de personas reales que el autor había conocido en persona. Además, también dijo que algunos personajes enlazan con su novela anterior, La noia del pantà. El recorrido estético y musical que acompaña toda la novela ayuda mucho a situarse, con precisas descripciones de la ropa que usaban las jóvenes de aquella movida punk y también de los esclarecedores orígenes de sus apodos. La banda sonora del libro, que el autor ha puesto en YouTube como lista de reproducción, también está muy trabajada, con letras de canciones que a menudo pasan a formar parte de los propios diálogos, y con todo un repertorio de los grupos que inspiraron la escena, de The Selecter a Crass, pasando por Último Resorte, L’Odi Social o Últimos de Cuba. El recurso del uso intensivo de los diálogos, que también es otro rasgo destacable de la novela, responde asimismo a la idea de que de aquí puede salir una película, remataba finalmente Joni en la presentación frente al Volter, rodeado de muchas de las protagonistas, reales o no, del libro.
En definitiva, una muy buena novela que afronta el tema de forma directa, sin hacer demasiada sangre y mojándose lo justo, y de la que no os quiero hacer mucho espóiler. Solo os diré que la protagonista principal es una joven de Nou Barris que llega al Kafé Volter pocos días después de su inauguración y que allí descubrirá su propia identidad y encontrará a toda una gente con la que, juntas, construirán una identidad colectiva.
Finalmente, solo añadir que, también de forma cruda y directa, como es él, Joni aporta su pequeña hipótesis sociológica sobre el tema, en la que relaciona las diferentes identidades de género con los apodos —o no— de aquellas jóvenes punks barcelonesas de los años ochenta. No os perdáis esta delicatessen, que las rescata de entre un mar de crestas de colores, porque ellas también estaban allí.
Roger Costa Puyal. Publicado originalmente en Directa: «Les dones punk també hi eren». Traducción al castellano.





