Ángel Pestaña viajó a Rusia en 1920 como delegado de una CNT que miraba con esperanza y recelo a la revolución bolchevique. El congreso de Moscú, sus contactos con otros revolucionarios y la experiencia cotidiana en el país alimentaron una discusión decisiva: si la organización obrera debía conservar su autonomía frente al poder político. La ruptura de 1922 fue más compleja que un simple desencanto.
Una revolución observada desde la Barcelona obrera
Cuando Ángel Pestaña viajó a Rusia en 1920, la CNT todavía discutía qué significado tenía para el sindicalismo revolucionario el triunfo bolchevique de octubre de 1917. La Internacional Comunista, fundada en Moscú en marzo de 1919, había atraído a organizaciones obreras muy diferentes entre sí. Para una parte de los anarcosindicalistas españoles, la revolución demostraba que la transformación social no era una aspiración remota; para otros, la concentración de poder en un partido planteaba problemas desde el principio.
La experiencia española ayuda a entender ese entusiasmo. La huelga de La Canadiense de febrero y marzo de 1919 y las conquistas asociadas a la jornada de ocho horas habían mostrado la capacidad de movilización obrera. Al mismo tiempo, la patronal barcelonesa, los grupos armados y la respuesta estatal estrechaban el espacio de acción de la CNT. En el Congreso del Teatro de la Comedia de Madrid, celebrado del 10 al 18 de diciembre de 1919, la organización aprobó una adhesión provisional a la Tercera Internacional, sin abandonar su tradición federalista y antiautoritaria.
Aquella decisión no fue una declaración unánime de confianza en el bolchevismo. Eleuterio Quintanilla cuestionó la compatibilidad entre la dictadura del proletariado y los principios libertarios, mientras otros delegados consideraron prioritario apoyar la revolución. El historiador Arturo Zoffmann ha mostrado que ese acercamiento tuvo contenido político real y que su ruptura posterior no puede explicarse como un sencillo desengaño causado por falta de información.
De la misión francesa al viaje ruso
No era un observador ajeno a lo que sucedía en Rusia. Pestaña había conocido desde muy joven el trabajo precario, los desplazamientos en busca de empleo y la persecución política. Su curiosidad por la revolución procedía de esas experiencias y de la confianza en la capacidad de los trabajadores para transformar sus propias condiciones de vida. Aquella mezcla de simpatía y exigencia crítica explica buena parte de su comportamiento en Moscú.
Pestaña, nacido en 1886 y vinculado desde años atrás al periodismo y la organización sindical, no inició su misión pensando exclusivamente en Moscú. La CNT le había encomendado realizar gestiones en Francia para buscar solidaridad ante la represión y los conflictos en España. Los problemas sufridos por otros posibles delegados acabaron convirtiéndolo en el representante cenetista que consiguió asistir al II Congreso de la Internacional Comunista.
Su itinerario por Europa estuvo condicionado por controles policiales, dificultades para obtener documentación y fronteras inseguras. No es un detalle menor: el acceso a la Rusia soviética estaba atravesado por la guerra civil y por el conflicto con Polonia. En sus relatos posteriores, Pestaña reconstruyó la experiencia de la llegada, los desplazamientos y el contraste entre la propaganda revolucionaria y la vida diaria.
Sus textos constituyen testimonios de primera mano, pero exigen una lectura crítica. Fueron escritos por un militante con un mandato político y publicados en momentos distintos. Lo que afirma haber visto debe diferenciarse de las conclusiones que extrajo, y ambas cosas de los análisis de la historiografía posterior.
El congreso de 1920 y el problema del partido
En las salas del congreso no solo se discutían fórmulas doctrinales. Estaba en juego quién podía hablar en nombre de los trabajadores, cómo se tomarían las decisiones y qué margen conservarían los sindicatos una vez organizados internacionalmente. Pestaña había llegado desde una Confederación acostumbrada a someter sus decisiones importantes al debate entre sindicatos; la disciplina propuesta por los bolcheviques le planteaba, por tanto, un problema político y organizativo muy concreto.
El II Congreso de la Internacional Comunista se abrió en Petrogrado el 19 de julio de 1920 y prosiguió en Moscú hasta el 7 de agosto. La reunión debatió la estrategia de los partidos revolucionarios, la cuestión colonial, el parlamentarismo y las condiciones de ingreso en la organización. Las veintiuna condiciones aprobadas consolidaron un modelo de disciplina internacional que resultaba difícil de conciliar con la autonomía orgánica de la CNT.
Pestaña participó en las discusiones desde su experiencia sindical. León Trotski discutió expresamente con las posiciones que asociaba al delegado español sobre la necesidad del partido revolucionario. Para los bolcheviques, la dirección política centralizada era indispensable para sostener la revolución; para Pestaña, convertir al sindicato en instrumento subordinado a un partido amenazaba la independencia de la clase trabajadora.
Conviene evitar una imagen simplificada del episodio. Pestaña no tenía capacidad para resolver por sí solo la adhesión de la CNT, y en Moscú no existía una posición homogénea entre todos los sindicalistas extranjeros. Lo que estaba en discusión era una arquitectura internacional concreta: quién fijaría la estrategia y ante qué instancias responderían las organizaciones obreras.
Los sindicatos y la Internacional Sindical Roja
En paralelo al congreso comunista se desarrollaron contactos encaminados a coordinar internacionalmente a los sindicatos revolucionarios. Aleksandr Lozovski, figura destacada del sindicalismo soviético, desempeñó un papel central en esas conversaciones. Pestaña apoyaba la cooperación entre organizaciones de trabajadores, pero cuestionó el grado de dependencia respecto de la Internacional Comunista.
En la memoria que redactó en 1921 explicó los desacuerdos sobre documentos y acuerdos, así como los límites del mandato que había recibido. Algunas de sus acusaciones sobre la manera en que se prepararon o difundieron determinados textos son parte de su testimonio personal y deben atribuirse como tales. La Internacional Sindical Roja, o Profintern, se constituiría formalmente en 1921; no era la misma organización que la Internacional Comunista, fundada en 1919.
La diferencia institucional importa porque permite situar la controversia en términos precisos. La CNT podía solidarizarse con la revolución rusa y, al mismo tiempo, rechazar el modelo de organización sindical promovido desde Moscú.
El país real detrás de las ceremonias oficiales
El contraste entre las ceremonias destinadas a los visitantes y las necesidades de la población dejó una impresión persistente en el delegado español. Rusia intentaba reorganizar su economía mientras seguía combatiendo, y el deterioro del abastecimiento afectaba a la vida cotidiana. Pestaña no podía observarlo todo ni desconocía las privaciones impuestas por la guerra; precisamente por eso distinguió entre sus impresiones directas y el juicio político que elaboraría más tarde.
Pestaña recorrió parte de un país devastado por años de guerra, problemas de transporte y escasez. Sus observaciones sobre abastecimiento, vivienda, jerarquías y condiciones de vida acabarían recogidas en Setenta días en Rusia. Lo que yo vi. En ellas contrapuso las atenciones reservadas a los delegados internacionales con las privaciones de una población obligada a sobrevivir en condiciones extremas.
La impresión que obtuvo sobre la burocratización del poder fue crítica. También entró en contacto con figuras del anarquismo internacional, entre ellas Piotr Kropotkin, Emma Goldman y Alexander Berkman, cuyas valoraciones enriquecieron su percepción de lo que sucedía. Pero ni las conversaciones ni las visitas dirigidas por las autoridades podían ofrecer un retrato completo de Rusia.
Las circunstancias materiales eran extraordinarias y la guerra civil explica una parte sustancial del deterioro. La cuestión para Pestaña consistía en determinar hasta qué punto las restricciones políticas y la subordinación sindical eran medidas de emergencia o rasgos del régimen que estaba consolidándose. Como señala la investigación sobre la recepción española de la revolución, los viajeros de la época elaboraron interpretaciones diversas a partir de experiencias parciales.
Detenciones, informes y la ruptura de 1922
El testimonio de Pestaña tardó en llegar a los sindicatos en condiciones adecuadas. Su encarcelamiento y la represión contra la CNT impedían una discusión sosegada. Al redactar su memoria, procuró explicar no solo sus objeciones, sino también qué había firmado, por qué lo había hecho y qué decisiones correspondía ratificar a la Confederación. Aquello era significativo: regresaba de una organización internacional centralizada y rendía cuentas ante los sindicatos que lo habían enviado.
El regreso estuvo marcado por la persecución policial. Documentación diplomática examinada por Francisco Romero Salvadó registra su detención en Milán en octubre de 1920; en diciembre ya había llegado a España, donde continuaron sus problemas con las autoridades. El contexto represivo explica la dificultad de transmitir con rapidez un informe sistemático a una CNT cuyos órganos y militantes se encontraban sometidos a una fuerte presión.
En noviembre de 1921 Pestaña redactó una memoria sobre su actuación en el II Congreso. Este documento no debe confundirse con los dos libros publicados en 1924: Setenta días en Rusia. Lo que yo vi y Setenta días en Rusia. Lo que yo pienso. El primero de esos volúmenes es principalmente descriptivo; el segundo desarrolla su interpretación política.
Las posiciones ante Moscú se discutieron intensamente dentro de la Confederación. En 1921 otra delegación, en la que figuraban Andreu Nin, Joaquín Maurín, Hilario Arlandis y Gaston Leval, conoció de primera mano la política sindical soviética. Sus experiencias no produjeron un juicio unánime y alimentaron enfrentamientos internos. La Conferencia de Zaragoza de junio de 1922 formalizó la separación de la CNT de la Internacional Comunista.
La historiografía reciente, especialmente el estudio de Arturo Zoffmann publicado en la revista Ayer, cuestiona la explicación según la cual la CNT habría roto únicamente al descubrir el autoritarismo soviético. La crisis también estuvo condicionada por rivalidades organizativas, cambios en el movimiento obrero español, la represión y las estrategias de los grupos partidarios y contrarios a Moscú. La ruptura fue resultado de un conflicto político prolongado.
El sindicalista que tampoco permaneció inmóvil
Había descubierto una paradoja difícil de resolver: una revolución capaz de derribar estructuras de dominación podía levantar, durante su defensa, otras nuevas. Para él no bastaba con proclamar que el poder pertenecía a los trabajadores; había que examinar cómo participaban estos en las decisiones y qué ocurría cuando disentían de quienes gobernaban. Esa tensión, y no una oposición sencilla entre dos escuelas ideológicas, hace que sus escritos conserven interés histórico.
El viaje ruso contribuyó a definir las preocupaciones de Pestaña, pero no permite reducir toda su trayectoria a la oposición entre anarquismo y bolchevismo. En agosto de 1922 sufrió un atentado en Manresa. Años más tarde se distanció de algunos sectores del anarquismo organizado y en 1934 fundó el Partido Sindicalista, con el que defendió una vía política distinta de la de buena parte de sus antiguos compañeros.
Fue elegido diputado por Cádiz en las elecciones de febrero de 1936 y murió en Barcelona el 11 de diciembre de 1937. Esta evolución es una razón más para no convertirlo en un personaje doctrinalmente invariable: su biografía estuvo atravesada por debates y decisiones que no siempre encajaron con las posiciones defendidas en etapas anteriores.
Su viaje a Moscú sigue siendo relevante precisamente por esa complejidad. No fue una peregrinación ingenua ni una inspección neutral. Fue el intento de un militante sindical de comprender una revolución victoriosa y establecer qué relaciones podía mantener con ella su organización. La pregunta que dejó abierta iba más allá de Rusia: cómo asegurar que el poder conquistado en nombre de los trabajadores no terminase sustituyendo su propia capacidad de decisión.
Fuentes y bibliografía
María-Cruz Santos, «Un viaje trascendental para la CNT. Pestaña en la Rusia revolucionaria» (2024).
CGT Catalunya, «Diccionari militant: Àngel Pestaña (1886–1937)», referencia biográfica.
Apasionado de la historia obrera y la antropología. Profesor de Historia en Barcelona y amante de los animales.





