Miles de personas se manifestaron el sábado 10 de octubre en Portugal contra el encarecimiento de la vivienda y la pérdida de poder adquisitivo. Las protestas, convocadas por la plataforma «Não dá mais para viver assim» («No se puede seguir viviendo así»), reunieron a manifestantes en Lisboa y Oporto, con convocatorias también en otras ciudades. En Oporto, la movilización se prolongó con una acampada que continuaba activa el domingo. El movimiento exige alquileres asequibles, más vivienda pública y medidas frente al aumento del coste de la vida.
De Lisboa a Oporto: los salarios no alcanzan para pagar una vivienda
El sábado 10 de octubre, el Largo do Intendente, en Lisboa, comenzó a llenarse de manifestantes antes de las cinco de la tarde. Miles de personas acudieron a una convocatoria contra el precio de la vivienda, los alquileres y el encarecimiento de los productos básicos. La marcha continuó por la avenida Almirante Reis y atravesó el centro de la capital portuguesa.
La protesta reunió a jóvenes que no pueden abandonar el domicilio familiar, trabajadores que destinan buena parte de sus ingresos al alquiler y familias que denuncian dificultades crecientes para afrontar sus gastos mensuales. Entre las pancartas podían leerse mensajes como «Este salario no da para vivir» o «Quiero salir de casa de mis padres antes de los 50 años».
En Oporto, la Policía de Seguridad Pública calculó una participación de unas 1.500 personas. La concentración comenzó en la plaza de Dom João I, frente al Teatro Rivoli, donde se sucedieron intervenciones de organizaciones y colectivos sociales. También se organizaron convocatorias en Braga, Aveiro y Funchal, en una jornada de protesta de alcance nacional.
La plataforma «Não dá mais para viver assim» agrupa a colectivos de defensa del derecho a la vivienda, organizaciones sociales y sindicales, entidades antirracistas y asociaciones de migrantes. Su reivindicación principal es que disponer de un empleo debería permitir pagar una vivienda sin renunciar a cubrir otras necesidades esenciales.
Oporto instala una acampada y prolonga las protestas
La movilización no terminó cuando concluyeron las manifestaciones. En Oporto, un grupo de participantes instaló tiendas de campaña en la plaza de Dom João I, con la intención de mantener la protesta y reclamar una respuesta política a la crisis de vivienda.
Durante la noche del sábado se levantaron decenas de tiendas. Los participantes organizaron asambleas y grupos de trabajo para gestionar la convivencia y las necesidades básicas de quienes pasaban la noche en la plaza. La iniciativa prolongó la reivindicación más allá de la marcha de una sola jornada.
El domingo 11 de octubre, más de 50 personas continuaban acampadas frente al Teatro Rivoli, según informaciones de la agencia Lusa. Los participantes anunciaron su intención de reunirse diariamente para evaluar si mantenían el campamento y durante cuánto tiempo podrían permanecer allí.
La acampada representa un paso más respecto a las manifestaciones de una sola jornada. Sus promotores buscan mantener visible un problema que, según denuncian, no desaparece cuando las protestas abandonan las calles.
Los alquileres suben un 10,2 % mientras crece el malestar social
Las protestas llegan en un momento especialmente difícil para quienes necesitan alquilar una vivienda. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística de Portugal, la renta mediana de los nuevos contratos alcanzó los 10,17 euros por metro cuadrado durante el segundo trimestre de 2026, un incremento interanual del 10,2 %.
Las diferencias territoriales son significativas. En el municipio de Lisboa, la renta mediana de los nuevos contratos llegó a 17,79 euros por metro cuadrado, mientras que en el área metropolitana de Oporto se situó en 10,83 euros. El dato se refiere a los contratos nuevos, no al conjunto de alquileres que pagan todas las familias.
Una vivienda de 70 metros cuadrados, tomando como referencia ese precio mediano por superficie de los nuevos contratos en Lisboa, representaría aproximadamente 1.245 euros mensuales. Es un cálculo ilustrativo, no el alquiler medio efectivamente pagado por todos los hogares.
El problema no afecta únicamente a quienes tienen ingresos bajos. El encarecimiento alcanza también a trabajadores con empleo estable, parejas jóvenes y familias que necesitan desplazarse cada vez más lejos de los centros urbanos para encontrar una vivienda dentro de sus posibilidades económicas.
Por eso, las organizaciones convocantes relacionan directamente el problema habitacional con los salarios. Sostienen que las subidas salariales resultan insuficientes cuando buena parte de los ingresos se destina al alquiler, la alimentación, la electricidad o el transporte.
Los colectivos piden límites frente al modelo defendido por el Gobierno
Las protestas coinciden con el debate sobre la reforma del mercado de arrendamiento impulsada por el Gobierno de Luís Montenegro. El Ejecutivo defiende fórmulas para aumentar la oferta de viviendas, facilitar el alquiler y ofrecer mayor seguridad a los propietarios, mientras que las asociaciones de inquilinos cuestionan que esas medidas garanticen por sí solas precios accesibles.
El ministro de Infraestructuras y Vivienda, Miguel Pinto Luz, sostiene que el objetivo es recuperar la confianza de los propietarios y conseguir que más viviendas salgan al mercado. Los colectivos convocantes temen que una mayor libertad para fijar rentas en nuevos contratos, sin garantías suficientes, agrave las dificultades de acceso.
Frente a ese enfoque, el movimiento reclama topes a los alquileres, más vivienda pública y medidas contra la especulación inmobiliaria. También exige combatir el encarecimiento de los bienes esenciales y defiende que los mayores beneficios empresariales y las rentas del capital contribuyan en mayor medida a financiar las políticas públicas.
La vivienda cruza las fronteras
Las movilizaciones portuguesas se producen en paralelo a una nueva oleada de protestas por la vivienda en España. Las acampadas y convocatorias sindicales muestran que la dificultad de pagar un techo con el salario se ha convertido en un motivo de organización social a ambos lados de la frontera, aunque cada país mantiene su propio contexto político y sus leyes.
El vínculo entre el salario y el alquiler está adquiriendo peso entre los movimientos sociales y laborales. Para sus participantes, la defensa de unas condiciones de vida dignas no puede separarse de la discusión sobre los ingresos del trabajo y el coste de los bienes esenciales.
Portugal ha vivido un fin de semana de protestas que, en Oporto, se ha convertido también en una acampada. La continuidad del movimiento dependerá de su capacidad para mantener la movilización y de la respuesta del Gobierno a unas reivindicaciones que afectan a una parte importante de la población trabajadora.
Agencias
Fotografía de archivo: manifestación por el derecho a la vivienda en Lisboa, 30 de septiembre de 2023. Autor: BlitzkriegBoop / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. Imagen convertida a WebP.



