Breve historia del anarcosindicalismo en Euskal Herria 1976-2026

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Cincuenta años de huelgas, conflictos obreros y sindicalismo libertario

Sindicalismo.org | Historia Obrera

Entre la huelga de Michelin Lasarte de 1976 y las movilizaciones laborales de 2026 han transcurrido cincuenta años durante los cuales cambió casi por completo el mundo del trabajo en Euskal Herria. Desaparecieron astilleros, se redujeron grandes plantillas industriales, llegaron la reconversión, las externalizaciones, la temporalidad y las empresas auxiliares y, posteriormente, la digitalización y nuevas formas de organización del trabajo. También cambió profundamente el anarcosindicalismo. La CNT salió de la clandestinidad y se reconstruyó después de casi cuatro décadas de dictadura; alcanzó presencia en algunas grandes fábricas y sectores; atravesó posteriormente una profunda división y de aquella crisis surgieron trayectorias diferentes que continúan en la CNT y en la actual CGT-LKN. Pero contar estos cincuenta años únicamente mediante congresos, escisiones y siglas dejaría fuera lo fundamental: las fábricas, las huelgas, las asambleas y las personas que protagonizaron los conflictos.

1976-1979 | DE LAS ASAMBLEAS DE FÁBRICA A LA RECONSTRUCCIÓN DE CNT

Cuando murió Franco en noviembre de 1975, buena parte de las estructuras de la dictadura continuaban funcionando. El Sindicato Vertical seguía siendo la organización sindical oficial, mientras en las fábricas se había desarrollado desde hacía años una realidad diferente: comisiones de trabajadores, reuniones clandestinas y, cada vez con mayor fuerza, asambleas que desbordaban los mecanismos de representación establecidos. Euskal Herria reunía además algunas de las mayores concentraciones industriales del Estado: siderurgia y construcción naval en Bizkaia, metal y grandes factorías en Gipuzkoa y Araba, y un importante cinturón industrial alrededor de Iruñea. Ese mundo fabril es el escenario en el que reapareció públicamente el anarcosindicalismo.

Vitoria-Gasteiz fue uno de los lugares donde la ruptura resultó más dramática. Desde enero de 1976 las huelgas fueron extendiéndose por las principales empresas de la ciudad y miles de trabajadores participaron en asambleas y coordinadoras. El 3 de marzo, durante una nueva jornada de huelga, una multitud se reunió en la iglesia de San Francisco de Asís de Zaramaga. La Policía Armada utilizó gases para desalojarla y abrió fuego durante los acontecimientos posteriores. Pedro María Martínez Ocio, Francisco Aznar Clemente, Romualdo Barroso Chaparro, José Castillo García y Bienvenido Pereda Moral murieron y decenas de personas resultaron heridas. CNT todavía no estaba reconstruida con fuerza suficiente para atribuirle la dirección de aquellas huelgas; hacerlo sería proyectar sobre 1976 una realidad posterior. Lo que sí estaba emergiendo era una cultura obrera basada en asambleas, delegados revocables, coordinación entre fábricas y desconfianza hacia unas estructuras sindicales heredadas del franquismo.

Mientras Vitoria vivía aquellos acontecimientos, Michelin Lasarte protagonizaba uno de los conflictos industriales más prolongados de 1976. La huelga comenzó el 16 de febrero y, tres meses después, cerca de 3.000 de los aproximadamente 3.300 trabajadores continuaban parados. La empresa recurrió a despidos, expedientes y procedimientos individuales de readmisión. El conflicto superó los cien días y se convirtió en una referencia de la capacidad de resistencia de las grandes plantillas industriales de aquel momento. La importancia de Lasarte no reside solamente en su duración. Una fábrica de varios miles de trabajadores podía generar una comunidad alrededor del conflicto: familias, barrios, comercios, cajas de resistencia y otras plantillas terminaban involucrándose de una u otra forma.

Nafarroa presentaba igualmente una importante tradición reciente de lucha obrera. Los conflictos de Potasas, el metal, la construcción y numerosas empresas de la comarca de Iruñea habían creado durante los últimos años del franquismo una extensa cultura de movilización. En ese ambiente comenzaron a reorganizarse núcleos anarcosindicalistas, entre ellos el Sindicato de Oficios Varios de Pamplona y el de Tafalla. La reconstrucción de CNT reunió a generaciones muy diferentes: antiguos militantes que habían sobrevivido a la represión y el exilio, jóvenes libertarios y trabajadores formados políticamente durante las huelgas de los últimos años de la dictadura. En 1977 la organización recuperó la legalidad, pero lo hizo en un panorama sindical completamente distinto al que había conocido antes de 1939. CCOO y UGT crecían rápidamente; ELA recuperaba una importante implantación y LAB iniciaba también su trayectoria. CNT debía encontrar su espacio dentro de ese nuevo pluralismo sindical.

Uno de los lugares donde consiguió hacerlo fue Michelin Vitoria. En 1979 la fábrica rondaba los 4.000 trabajadores y vivió una intensa negociación del convenio. En enero una asamblea aprobó seis días de huelga y en marzo unos 3.500 trabajadores iniciaron una estrategia de realizar una semana de huelga cada mes. El conflicto giraba alrededor de salarios, jornada, turnos, sanciones y capacidad de la plantilla para intervenir sobre la organización del trabajo. En noviembre de aquel año la prensa señalaba ya la influencia de representantes de CNT dentro del comité, especialmente en la defensa de la retirada de sanciones y contra modificaciones de horarios antes de negociar el nuevo convenio. Michelin se convertiría durante los años siguientes en uno de los principales lugares desde los que seguir la implantación del anarcosindicalismo en Euskal Herria.

1980-1984 | MICHELIN, TRANSPORTES, METAL Y RECONVERSIÓN

Los primeros años ochenta constituyen probablemente el núcleo más intenso de esta historia. La gran industria seguía concentrando a decenas de miles de trabajadores, las asambleas continuaban teniendo una enorme importancia y las huelgas podían prolongarse durante semanas. Pero al mismo tiempo comenzaba la crisis del modelo industrial sobre el que se había construido aquella fuerza obrera. En Michelin Vitoria la candidatura presentada como CNT consiguió en 1980, según la reconstrucción histórica publicada posteriormente por CGT-LKN, 742 votos sobre un censo de 3.742 trabajadores. La cifra permite comprender que ya no estamos hablando únicamente de pequeños grupos militantes: CNT había conseguido una implantación significativa dentro de una de las principales fábricas alavesas.

El 3 de marzo de 1980, cuarto aniversario de los sucesos de Vitoria, CNT, LAB y SU estuvieron entre las organizaciones que convocaron una huelga general en la ciudad. Aproximadamente 4.000 trabajadores de una veintena de centros industriales participaron en el paro, mientras entre 3.500 y 4.000 trabajadores de Michelin iniciaban otra semana de huelga. La fábrica vivió aquellos años en un estado casi permanente de negociación y conflicto: semanas de paro, asambleas, sanciones, discusiones sobre turnos y jornadas y movilizaciones fuera del recinto industrial. Pero CNT tampoco estaba limitada a Michelin. En Bizkaia, por ejemplo, la larga huelga del transporte de mercancías de comienzos de 1980 afectó a un sector de unos 6.000 trabajadores. CNT participaba allí junto a otras organizaciones en un conflicto en el que existían importantes diferencias sindicales sobre la representación y la negociación del convenio.

La enorme violencia política existente en Euskal Herria se cruzó también con los conflictos laborales. En junio de 1980 fue asesinado Luis Hergueta, responsable técnico de Michelin Vitoria, en una acción reivindicada por ETA político-militar. La empresa respondió con un cierre patronal. Trabajadores y delegados se encerraron en la parroquia de La Esperanza para exigir la reapertura y nueve anunciaron una huelga de hambre; entre quienes participaron había representantes de CNT, SU y CCOO. Para los militantes anarcosindicalistas aquella situación planteaba una frontera que consideraban fundamental: podían sostener una confrontación sindical muy dura con la empresa y al mismo tiempo rechazar que esa lucha laboral se confundiera con la estrategia de las organizaciones armadas.

Mientras tanto, la crisis industrial comenzaba a transformar el territorio. Siderurgia, construcción naval, bienes de equipo y metal entraron en una larga reconversión que supuso cierres y fuertes reducciones de plantilla. En Gipuzkoa los conflictos del metal acompañaron ese proceso; en Bizkaia la ría se convirtió en uno de sus principales escenarios. Euskalduna acabaría simbolizando aquella resistencia. Durante 1984 los trabajadores del astillero protagonizaron huelgas, manifestaciones, encierros y enfrentamientos con la policía. Las fuerzas de seguridad llegaron a utilizar vehículos blindados para bloquear las salidas del astillero e impedir que las manifestaciones alcanzaran el centro de Bilbao. Euskalduna no fue un conflicto dirigido por CNT y no debe ser presentado como tal. Su importancia aquí es otra: explica el mundo obrero en el que actuaba el anarcosindicalismo y la enorme transformación industrial que estaba comenzando a destruir precisamente el modelo de fábrica en el que había conseguido reconstruirse.

La contradicción era evidente. CNT volvía a tener secciones y militantes en grandes centros de trabajo justo cuando comenzaba a desaparecer una parte de esas grandes concentraciones industriales. Los años siguientes obligarían al sindicalismo a adaptarse a un mercado laboral progresivamente más fragmentado.

1984-1989 | LAS DETENCIONES DE VITORIA Y EL FINAL DE UN CICLO

En noviembre de 1984 la historia de CNT en Vitoria entró en uno de sus episodios más controvertidos. Varios militantes relacionados con la actividad sindical desarrollada durante los años anteriores fueron detenidos bajo legislación antiterrorista. El Dossier Detenciones en Vitoria, elaborado desde el entorno de CNT y compuesto por documentos, materiales sindicales y numerosos recortes de prensa, permite reconstruir una parte importante de aquellos acontecimientos. Debe utilizarse, sin embargo, como lo que es: una fuente primaria vinculada a una de las partes. Sus datos sindicales y documentos resultan muy valiosos, mientras que sus interpretaciones sobre las intenciones policiales deben aparecer atribuidas a CNT y contrastadas cuando sea posible.

La documentación permite poner nombres y trayectorias detrás de las siglas. José Manuel Collado, Santiago Abad, Vicente Alvarado, Guillermo Guerrero y otros militantes habían participado en la sección sindical de Michelin o en diferentes estructuras de CNT. Algunos habían sido delegados del comité y varios habían intervenido también en conflictos de limpieza, textil, sanidad, metal, educación especial, hostelería y otros sectores. Esto resulta especialmente importante porque muestra que la influencia generada dentro de Michelin se proyectaba fuera de la fábrica: militantes formados en aquel enorme centro industrial actuaban también como organizadores o asesores en empresas mucho más pequeñas.

Las detenciones provocaron respuestas de solidaridad. El material recopilado por CNT recoge paros y movilizaciones el 28 de noviembre en Michelin, ERT, CESPA, Alavesa de Limpiezas y otros ámbitos laborales. La organización sostuvo desde el comienzo que se intentaba relacionar artificialmente su actividad sindical con los Comandos Autónomos Anticapitalistas y denunció malos tratos y coacciones durante los interrogatorios. Las autoridades policiales y posteriormente la Fiscalía mantuvieron acusaciones diferentes contra varios de los detenidos. No todos los procedimientos posteriores tuvieron los mismos acusados ni versaron sobre exactamente los mismos hechos, por lo que resulta importante no fundirlos en una única causa.

Uno de aquellos procedimientos terminó en diciembre de 1987. José Manuel Collado, Guillermo Guerrero, Santiago Abad, José Guillermo Argos y Andrés Sánchez fueron juzgados en la Audiencia Nacional acusados de participar en la preparación del atentado cometido en 1980 contra Jesús Casanova, empleado de Michelin. Los cinco negaron las acusaciones y sostuvieron que sus declaraciones policiales habían sido obtenidas mediante amenazas y malos tratos. Casanova declaró que no había visto a quienes le dispararon. Finalmente, la Audiencia Nacional absolvió a los cinco militantes de CNT, al considerar que no había quedado probada su participación en los hechos. La sentencia subrayó además las exigencias derivadas de la presunción de inocencia. Esta resolución resulta imprescindible para contar correctamente el episodio: no basta con mencionar las detenciones y las acusaciones; también hay que explicar su desenlace judicial.

La conflictividad obrera, mientras tanto, continuó. El 20 de junio de 1985 se celebró una huelga general contra la reforma de las pensiones, convocada inicialmente por CCOO y a la que se incorporaron otras organizaciones, entre ellas CNT. El seguimiento fue especialmente elevado en las grandes industrias y en el País Vasco, aunque Gobierno y sindicatos ofrecieron valoraciones muy distintas sobre su incidencia estatal. Tres años después, el 14 de diciembre de 1988, otra huelga general mostró nuevamente la capacidad de paralización del movimiento sindical. Pero detrás de aquellas grandes jornadas estaba desapareciendo lentamente el mundo industrial que había caracterizado los años anteriores: reconversión, cierres, automatización y reducción de plantillas estaban transformando las bases materiales de la organización obrera.

Durante esos mismos años CNT atravesó además una profunda división interna. Las diferencias afectaban a cuestiones centrales como la participación en elecciones sindicales y comités de empresa y a la forma de adaptar el anarcosindicalismo al nuevo sistema de relaciones laborales. No es necesario reproducir aquí toda la sucesión de congresos, litigios y organizaciones, porque merece un estudio propio. Para seguir nuestro relato basta con señalar el resultado: una corriente conservó las siglas CNT y mantuvo el rechazo a los comités de empresa; otra continuó participando en elecciones sindicales y terminaría adoptando definitivamente las siglas CGT. En Euskal Herria esa segunda trayectoria acabaría consolidándose como CGT-LKN.

1990-1999 | LA GRAN FÁBRICA SOBREVIVE, EL TRABAJO CAMBIA

Los noventa no fueron una década sin conflictos. Lo que cambió progresivamente fue su naturaleza. Muchas grandes empresas continuaron existiendo, pero con plantillas menores; aumentaron la contratación temporal, las empresas auxiliares y la externalización de actividades. A las reivindicaciones clásicas sobre salarios y convenios se añadieron cada vez con mayor fuerza la reducción de jornada, la flexibilidad empresarial, la estabilidad del empleo y las nuevas modalidades de contratación. Michelin Vitoria vuelve a proporcionar una línea excepcional de continuidad: según los datos históricos recopilados por CGT-LKN, en 1990 la candidatura de la corriente que ya actuaba como CGT consiguió 948 votos frente a 859 de CCOO en una fábrica cuya plantilla había descendido a 3.049 trabajadores. Diez años antes aquel espacio sindical se había presentado como CNT. La comparación permite ver simultáneamente la continuidad militante y la transformación organizativa.

Nafarroa nos permite ampliar el foco. Landaben, posteriormente Volkswagen Navarra, continuaba siendo uno de los grandes centros industriales del territorio. Existe documentación de representación de CGT en la negociación conjunta del grupo SEAT que incluía Landaben, aunque esa presencia conjunta no permite adjudicar automáticamente a CGT un determinado peso electoral dentro de la fábrica navarra. A finales de la década Volkswagen vivió un importante conflicto durante la negociación del convenio. La documentación judicial posterior confirma que el convenio para 1998-2000 fue aprobado por la mayoría del comité correspondiente a UGT y CCOO y posteriormente impugnado por delegados de LAB. Entre las cuestiones discutidas durante aquella etapa estuvieron la flexibilidad productiva y las condiciones aplicables a las nuevas contrataciones.

El interés de conflictos como el de Volkswagen no consiste en presentarlos como luchas anarcosindicalistas cuando no lo fueron, sino en mostrar el nuevo terreno sobre el que tenían que actuar todas las organizaciones obreras. La empresa buscaba capacidad para adaptar producción, jornadas y contratación a necesidades variables; los sindicatos discutían cómo limitar o compensar esa flexibilidad. Era una cuestión muy distinta de algunas reivindicaciones de 1976 y al mismo tiempo profundamente relacionada con ellas: quién controla finalmente el tiempo de trabajo.

Durante los noventa la presencia anarcosindicalista fue haciéndose visible también fuera de la fábrica tradicional. Ferrocarriles, transportes, empresas públicas y servicios adquirieron un peso creciente. CGT aparece en conflictos de Eusko Trenbideak y RENFE, mientras las organizaciones anarcosindicalistas continuaban desarrollando secciones en sectores industriales y servicios. La imagen del trabajador de un gran taller rodeado de miles de compañeros seguía existiendo, pero convivía cada vez más con plantillas distribuidas entre estaciones, centros de trabajo, contratas y servicios diferentes.

Esa transformación resulta fundamental para comprender todo lo que vendrá después. El anarcosindicalismo que había renacido dentro de una sociedad fuertemente industrializada tuvo que aprender a actuar en otra donde el empleo comenzaba a fragmentarse.

2000-2014 | SUBCONTRATACIÓN, SERVICIOS Y CRISIS

Al comenzar el siglo XXI el paisaje laboral de Euskal Herria era ya muy diferente. Parte de la siderurgia y la construcción naval histórica había desaparecido, otras industrias habían reducido enormemente sus plantillas y muchas actividades que antes realizaba directamente una empresa habían sido externalizadas. Mantenimiento, limpieza, transporte, logística, telecomunicaciones y servicios públicos adquirieron mayor protagonismo sindical. Una misma actividad podía reunir ahora a trabajadores de varias empresas, sometidos a convenios y condiciones diferentes aunque trabajasen físicamente en el mismo lugar. La fragmentación empresarial se convirtió así en uno de los grandes problemas de la acción sindical.

La crisis iniciada en 2008 intensificó los conflictos. Expedientes de regulación, desempleo, recortes públicos y reformas laborales provocaron un nuevo ciclo de movilización. CGT-LKN convocó la huelga general del 29 de junio de 2010 en Nafarroa, Araba, Gipuzkoa y Bizkaia contra la reforma laboral y participó posteriormente en otras jornadas generales. Las huelgas seguían pudiendo detener grandes fábricas, pero medir la conflictividad únicamente mediante ellas resultaba ya insuficiente: trabajadores de pequeñas empresas, contratas, servicios públicos, transporte y comercio formaban una parte creciente del mercado laboral.

Para CNT y CGT-LKN el desafío era parecido aunque sus estrategias fueran diferentes: cómo trasladar una tradición sindical nacida alrededor de la asamblea y la acción colectiva a plantillas dispersas, temporales o divididas jurídicamente entre diferentes empresas.

2015-2020 | DE LA FÁBRICA A LOS SERVICIOS

La segunda mitad de la década confirmó esa transformación. La industria continuaba siendo fundamental en Euskal Herria, pero convivía con un enorme sector servicios y con nuevas formas de organización empresarial. Transporte, educación, sanidad, limpieza, cuidados, telecomunicaciones, administraciones y logística formaban ya parte habitual del mapa de conflictos. El problema sindical no consistía solamente en organizar a miles de trabajadores que atravesaban cada mañana la misma puerta: había que organizar también a quienes podían cambiar de empresa sin cambiar de puesto porque una contrata había perdido una adjudicación, a trabajadores móviles, a empleados públicos, a temporales y a plantillas distribuidas por múltiples centros.

CNT y CGT-LKN siguieron caminos diferentes. CNT mantuvo su rechazo a los comités de empresa y la apuesta por secciones basadas en afiliación y acción directa; CGT-LKN combinó sus secciones con la participación en elecciones y órganos de representación. Las diferencias que habían provocado la ruptura décadas antes se habían convertido ya en dos modelos organizativos claramente diferenciados, aunque ambos continuaran reclamándose de la tradición anarcosindicalista.

La pandemia de 2020 mostró con especial claridad cuánto había cambiado la composición de la clase trabajadora. Sanidad, limpieza, transporte, alimentación, cuidados y logística pasaron al centro de la atención pública mientras una parte del trabajo administrativo y profesional se trasladaba aceleradamente al domicilio. El teletrabajo y la digitalización introdujeron nuevas formas de control y organización, pero preguntas que habían atravesado las huelgas de los setenta seguían presentes: jornada, horarios, ritmos, salarios y capacidad colectiva para intervenir sobre las condiciones de trabajo.

2020-2026 | MEDIO SIGLO DESPUÉS

En 2026 todavía pueden encontrarse conexiones directas con aquella historia. Michelin Vitoria continúa produciendo y CGT-LKN mantiene presencia sindical en la fábrica. La organización ha recuperado recientemente testimonios de antiguos trabajadores para reconstruir más de cuatro décadas de actividad sindical. Volkswagen Navarra sigue siendo otro de los grandes centros industriales. Junto a ellos, sin embargo, aparecen conflictos de educación, servicios públicos, transporte, cuidados, contratas y actividades tecnológicas. El mapa laboral es incomparablemente más diverso que el de 1976.

La huelga general desarrollada el 17 de marzo de 2026 permitió observar esa convivencia entre mundos laborales. En distintos territorios coincidieron grandes plantas industriales con empresas pequeñas y sectores de servicios. CNT y CGT-LKN participaron mediante convocatorias y apoyos que variaron según el territorio y las alianzas sindicales existentes. No era una repetición de las huelgas de 1976: la estructura productiva, las organizaciones y las reivindicaciones habían cambiado. Pero seguía existiendo la idea de utilizar la paralización colectiva del trabajo como instrumento de presión.

CINCUENTA AÑOS DESPUÉS

Entre 1976 y 2026 desapareció buena parte del universo industrial sobre el que se había reconstruido el anarcosindicalismo. Las grandes plantillas disminuyeron, cerraron astilleros y fábricas, crecieron las contratas y la temporalidad y posteriormente llegaron la digitalización y el teletrabajo. También cambió el propio movimiento: la CNT reconstruida durante la Transición no permaneció unida y de sus divisiones surgieron estrategias sindicales diferentes que continúan representadas, entre otras organizaciones, por CNT y CGT-LKN.

Pero observar estos cincuenta años solamente desde las siglas dejaría fuera a quienes hicieron posible esa historia. Están los trabajadores de Michelin Lasarte que mantuvieron más de cien días de huelga en 1976; las asambleas obreras de Vitoria y las víctimas del 3 de marzo; los trabajadores que reconstruyeron CNT después de casi cuarenta años de clandestinidad; los cenetistas que consiguieron implantarse en Michelin Vitoria; los transportistas vizcaínos de 1980; quienes atravesaron las reconversiones del metal, la siderurgia y los astilleros; los trabajadores de Euskalduna; los militantes detenidos en Vitoria en 1984 y posteriormente absueltos en uno de los principales procedimientos relacionados con aquellas acusaciones; y las generaciones que tuvieron que organizarse después en fábricas más pequeñas, ferrocarriles, administraciones, contratas y servicios.

Michelin permite contemplar casi toda la transformación desde un mismo lugar. En 1979 vemos una fábrica de alrededor de 4.000 trabajadores donde CNT consigue implantarse en medio de huelgas masivas. En 1990 encontramos parte de aquella corriente sindical actuando ya bajo CGT en una plantilla considerablemente reducida. En 2026 la fábrica continúa existiendo y CGT-LKN sigue presente, pero alrededor de ella el mundo laboral es completamente diferente. Esa continuidad evita presentar la historia como una sucesión de organizaciones que nacen y desaparecen: detrás de las siglas hubo también militantes, compañeros de taller y experiencias transmitidas de una generación a otra.

El recorrido desde la gran fábrica hasta el trabajo fragmentado constituye quizá la transformación más profunda de estos cincuenta años. En 1976 una asamblea podía reunir físicamente a varios miles de trabajadores de una misma empresa. En 2026 quienes realizan una misma actividad pueden pertenecer a empresas diferentes, tener contratos distintos o incluso trabajar desde lugares separados. La organización colectiva tiene que enfrentarse, por tanto, a una fragmentación que los trabajadores de Michelin, Euskalduna o Potasas difícilmente habrían reconocido en su forma actual.

Y, sin embargo, muchas de las cuestiones que recorren esta historia permanecen reconocibles: quién decide la jornada, quién controla los ritmos, cómo se distribuye el tiempo de trabajo, quién representa a una plantilla y qué capacidad tienen los trabajadores para intervenir colectivamente sobre sus condiciones. CNT y CGT-LKN han dado respuestas diferentes a algunas de esas preguntas y su trayectoria contiene acuerdos, rupturas, éxitos y derrotas. Su historia tampoco puede separarse de la de CCOO, UGT, ELA, LAB y otras organizaciones con las que compartieron, disputaron o negociaron innumerables conflictos.

Por eso la historia del anarcosindicalismo en Euskal Herria entre 1976 y 2026 es algo más que la historia de dos siglas. Es una ventana a cincuenta años de transformación del trabajo: desde las enormes concentraciones industriales de la Transición hasta la fábrica automatizada, la contrata, el tren, el hospital, la escuela infantil, el almacén logístico o el ordenador del siglo XXI.

CRONOLOGÍA ESENCIAL

1976 — Huelgas de Vitoria y 3 de Marzo. Michelin Lasarte supera los cien días de conflicto. Comienza la reconstrucción pública de CNT.

1977 — Legalización de CNT y consolidación de sindicatos reconstruidos en distintos territorios de Euskal Herria.

1979 — Grandes huelgas y negociación en Michelin Vitoria. CNT alcanza una creciente influencia en la fábrica.

1980 — CNT obtiene una representación significativa en Michelin. Huelgas en Vitoria y conflicto del transporte de Bizkaia.

1984 — Reconversión industrial, Euskalduna y conflictividad del metal. Detenciones de militantes de CNT en Vitoria.

1985 — Huelga general contra la reforma de las pensiones, con fuerte seguimiento industrial en Euskadi.

1987 — Cinco militantes de CNT de Vitoria son juzgados por el atentado contra un empleado de Michelin y posteriormente absueltos al no probarse su participación.

1988 — Huelga general del 14 de diciembre.

1990 — La corriente ya vinculada a CGT mantiene una importante representación en Michelin Vitoria.

Década de 1990 — Reducción de grandes plantillas, temporalidad y externalización. Presencia anarcosindicalista también en transportes, ferrocarriles y servicios.

1998 — Conflicto y negociación colectiva en Volkswagen Navarra en torno a flexibilidad, jornada y contratación.

2008-2014 — Crisis económica, ERE, reformas laborales y nuevo ciclo de huelgas y movilizaciones.

2010 — CGT-LKN convoca huelga general el 29 de junio en los cuatro territorios.

2020 — La pandemia sitúa en primer plano sanidad, limpieza, cuidados, transporte, alimentación y logística y acelera la digitalización del trabajo.

2026 — CNT y CGT-LKN continúan presentes en diferentes sectores cincuenta años después de la reconstrucción anarcosindicalista iniciada durante la Transición.

Fuentes y documentación: prensa histórica de El País y otras hemerotecas; documentación de CGT-CNT; archivo histórico del periódico CNT; Dossier Detenciones en Vitoria; documentación judicial y administrativa; testimonios de antiguos trabajadores de Michelin; documentación histórica sobre el 3 de Marzo de Vitoria y bibliografía sobre la Transición, reconversión industrial y movimiento obrero vasco.

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