Demonizado y difamado por muchos, idealizado y ensalzado por algunos, Joan Garcia Oliver —uno de los militantes de acción por excelencia de la CNT y del anarquismo más combativo en los años veinte y treinta del siglo pasado— es uno de los grandes nombres del anarcosindicalismo catalán y peninsular. Una figura histórica —incómoda, controvertida y generalmente poco conocida— que ejemplifica, con luces y sombras, el hilo rojo y negro de la historia de la Cataluña más rebelde y contestataria del siglo XX, la de los miles de hombres y mujeres que lucharon sin descanso por derribar el capitalismo y construir, desde abajo, una sociedad igualitaria y justa.
–Reus acoge un ciclo de actividades sobre Joan García Oliver y el anarcosindicalismo
A pesar del tono fanfarrón y, en ocasiones, megalómano de Garcia Oliver, las memorias El eco de los pasos constituyen un documento excepcional para conocer la cruenta lucha de clases que tuvo lugar en la Cataluña del primer tercio del siglo XX y, al mismo tiempo, la trayectoria vital e ideológica —trepidante y no exenta de contradicciones y debilidades— de un militante libertario de formación autodidacta y de raíces eminentemente obreras que se forjó a golpe de miseria, injusticias y represión, y que en 1936 se convirtió en el hombre fuerte del Comité Central de Milicias Antifascistas —el principal órgano de poder de la Cataluña revolucionaria— y que poco después pasó a ocupar la cartera de Justicia en el gobierno de la República.
A pesar del tono fanfarrón y, en ocasiones, megalómano de Garcia Oliver, las memorias El eco de los pasos son un documento excepcional para conocer la cruenta lucha de clases que tuvo lugar en la Cataluña del primer tercio del siglo XX. Al mismo tiempo, en ellas se relata la trayectoria vital e ideológica —trepidante y no exenta de contradicciones y debilidades— de un militante libertario de formación autodidacta y de raíces eminentemente obreras. Este se forjó a golpe de miseria, injusticias y represión y en 1936 se convirtió en el hombre fuerte del Comité Central de Milicias Antifascistas —el principal órgano de poder de la Cataluña revolucionaria— y que poco después pasó a ocupar la cartera de Justicia en el gobierno de la República.
Nacido en 1902 en Reus en el seno de una familia trabajadora muy humilde que luchaba por subsistir, Joan Garcia Oliver, ya desde muy joven, tuvo que sufrir las pésimas condiciones de vida y de trabajo de los obreros y las obreras de la época —su familia trabajaba en la principal fábrica textil de la ciudad, un auténtico agujero negro de miseria y penurias obreras. Con el paso del tiempo, la rabia y la frustración generadas por las injusticias y la explotación capitalista crearon en él una fuerte conciencia de clase asociada a un espíritu de rebeldía irrefrenable que lo empujaron a convertirse en uno de los activistas de la CNT más decididos y carismáticos, en uno de los “reyes de la pistola obrera” de Barcelona y del país. Un anarcosindicalista de pura cepa que, en medio de un contexto muy convulso en el que la crisis económica hacía estragos entre las clases populares y trabajadoras y el peligro totalitario era cada vez más real, optó sin complejos por una estrategia insurreccional y que, en consecuencia, no rehuyó el enfrentamiento directo con los aparatos coercitivos del Estado y de la patronal.
Desde un principio, el ideario y la praxis revolucionaria de Garcia Oliver se sustentaron en tres grandes líneas de acción: crear una organización sindical y social bien sólida; dotar a la clase obrera de un verdadero espíritu de lucha —o, si se quiere, empoderar a los trabajadores y trabajadoras para pasar a la ofensiva—; y vertebrar una estructura paramilitar al servicio de la clase obrera para plantar cara y contrarrestar la violencia institucional y las fuerzas coercitivas del Estado. Así, el reusense fue uno de los artífices del triunfo popular y antifascista de julio de 1936 en Barcelona.
Más allá del maximalismo ideológico y de la estrategia insurreccional que se concretó en la célebre “gimnasia revolucionaria”, como bien señala el historiador Chris Ealham, la trayectoria militante de Garcia Oliver choca frontalmente con una paradoja fundamental que puede sorprender o incomodar: «Cuando la revolución quedaba lejos, en 1931, se destacó por su postura radical e insurreccional y por su insistencia en la inmediatez. Y cuando la revolución se convirtió en una realidad en el verano de 1936, optó por el frentepopulismo y la colaboración».
Por todo ello y más, este año, en el que se conmemora el 90.º aniversario de la revolución social de 1936, es de justicia recuperar del olvido y reivindicar la figura de Joan Garcia Oliver —uno de los grandes olvidados y marginados de la historia contemporánea de Cataluña y del Estado— con el fin de darla a conocer y, sobre todo, acercarla a las generaciones más jóvenes de trabajadores y trabajadoras como un ejemplo de compromiso, determinación y lucha.