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Cultura Obrera

La conquista del poder por parte del proletariado en las tres primeras películas de Eisenstein

Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

«Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras franca y abierta, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes. […] Sin embargo, nuestra época, la época de la burguesía, se caracteriza por haber simplificado estos antagonismos de clase. Hoy, toda la sociedad tiende a separarse, cada vez más abiertamente, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases antagónicas: la burguesía y el proletariado», Manifiesto del Partido Comunista, Karl Marx y Friedrich Engels (1).

No hace falta presentar a Serguei Eisenstein, el genial director de cine soviético que revolucionó el cine con sus películas, que revolucionó la idea de montaje (2), además de diferenciar cinco tipos de montaje: métrico, rítmico, tonal, armónico e intelectual (3). Es sabido gracias a muchos trabajos sobre estos temas. Así pues, nos detendremos menos sobre el montaje que sobre un aspecto menos estudiado: el importante ascenso, no de un personaje en particular, sino de una clase social, el proletariado, a través de las tres primeras películas de Eisenstein, es decir, La huelga (1925), El acorazado Potemkin (1926) y Octubre (1927). Advertimos desde ahora que no nos vamos a detener en los errores históricos del cineasta, ya que son conocidos y no son el tema sobre el que trata este artículo.

Antes de entrar plenamente en materia, conviente ponerse de acuerdo sobre una noción: ¿qué es un proletario?

El proletario es quien no posee nada aparte de su fuerza de trabajo, la cual vende. Productor del valor económico (al ser el trabajo la principal fuente de valor), el trabajo del proletario es acaparado por el capitalista, que posee los medios de producción y recupera el fruto del trabajo de sus asalariados. “Roba” también sería el término adecuao, ya que al proletario solo se le paga el valor de la reproducción de su fuerza de trabajo y no la totalidad, puesto que trabajando crea un excedente de trabajo que quien posee el capital transforma en beneficio y recupera para sí mismo (4). Esta descripción que hizo Marx en El capital y otros más tarde es lo que justifica la revolución para abolir las clases sociales y llegar a una sociedad armoniosa, la comunista. Aunque pueda haber una tendencia a mezclarlas, la noción de proletario no se corresponde totalmente con la de obrero (5). En efecto, a menudo se considera a los obreros de las fábricas la vanguardia del proletariado debido a la gran concentración de proletariado en un lugar y a la facilidad que tiene para interactuar y, por la tanto, la unión entre ellos frente a la patronal. Sin embargo, en virtud de su definición el proletario es más amplio que el obrero. Se puede hablar de marinos explotados y maltratados en El acorazado Potemkin, de los «independientes» tipo conductores de Uber o incluso de los empleados del sector de la restauración.

El proletariado tampoco abarca totalmente la noción de pueblo. Se supone que esta última noción designa a la mayoría de los ciudadanos de un territorio dado haciendo abstracción de su clase social. Por consiguiente, no hay problema en utilizar la noción de pueblo para un perfecto reaccionario o para un populista de izquierda republicana totalmente ignorante del marxismo, ya que el término «pueblo» es muy elástico en el vocabulario político en función de la ideología de quien habla. Por supuesto, como en la mayoría de los países capitalistas el proletariado representa a la mayoría de la población, ocurre muy a menudo que personas que afirman ser socialistas, entre las que se encuentra Eisenstein, utilizan «pueblo» y «proletariado» de forma equivalente.

Con sus tres primeras películas Eisenstein quería llevar al pueblo hacia el socialismo. Además, hay que señalar que su primera película iba a ser el principio de una serie de películas titulada Hacia la dictadura del proletariado. Eisenstein empezó su carrera en el teatro del Proletkult (del que provenían los actores de su primer largometraje). Se trata de una corriente artística nacida en 1917 que quería establecer las bases de un verdadero arte proletario sin influencia burguesa. Una concepción poco dialéctica que fue objeto de duras criticas del Partido Bolchevique (6)…

Las tres películas empiezan con una cita de Lenin relacionada con la trama. En la primera es un extracto que indica que es necesario que el proletariado se organice, en la segunda recuerda la chispa de la revuelta de los marinos en 1905 y la última habla de la Revolución de Octubre.

La película La huelga muestra el primer intento del proletariado ruso de rebelarse contra la todopoderosa patronal. Este largometraje describe la huelga de los obreros de una fábrica en 1912 tras el suicido de un colega al que se había acusado injustamente de un robo. La huelga dura mucho tiempo y aunque es muy combativa, acabará debido al hambre, a los traidores en sus seno, a las provocaciones de la patronal y, por último, a la brutal represión de los ejércitos del zar.

La efervescencia del inicio de la huelga se muestra por medio de un montaje rítmico que empieza con la insistencia de uno de los capataces en que se reanude el trabajo, a continuación cuando los obreros ordenan detener las máquinas y después al recorrer los diferentes sectores de la fábrica para pedir a cada obrero que se una a la huelga. Esta larga secuencia acaba en una escena que me parece muy hermosa, la de una rueda mecánica que sirve para hacer funcionar las máquinas y que gira, a continuación vemos aparecer sobre su imagen tres obreros de diferentes edades, primero con los brazos a lo largo del cuerpo y después con los brazos cruzados. La máquina se detiene en el momento en que cruzan los brazos, desaparece después y solo se ve a los tres obreros. Esta escena, plena de significado, simboliza al mismo tiempo la unidad de los obreros contra el capitalismo, la recuperación de su fuerza frente a la máquina que los machaca y la prueba de que sin su fuerza de trabajo esta no funciona.

El tema principal de la película es el de la organización y del mantenimiento de la unidad. Hay que destacar que aunque los personajes se consideran a sí mismos obreros, su conciencia de clase es fragmentaria, lo que se explica sobre todo por el hecho de que hay pocos militantes (bolcheviques). Por otra parte, se tienen que enfrentar a una red de informadores/provocadores al servicio de la patronal mucho más experimentados que ellos. Es, además, la ocasión de mencionar un tema de la película que está presente con los informadores, el del lumpenproletariado (7). Se trata del proletario desclasado que se dedica al crimen y cuyos miembros, aunque en el marco de una revolución se les puede llevar hacia los demás proletarios, son sobre todo aliados de la patronal o de las fuerzas reaccionarias e incluso fascistas para reprimir al proletariado revolucionario. En la película esto se traduce en unos chantajistas o unos provocadores que queman una casa. Puede que todavía hoy algunas personas de izquierda olviden este estatus de «proletariado andrajoso», pero es muy necesario recordar que las mafias y otros bandidos no pueden servir a la causa del proletariado y que en la medida de lo posible hay que luchar contra estas actividades.

Tras la masacre al final del largometraje, la película pide que el proletariado se acuerde de sus mártires y rinda homenaje a su memoria. Los héroes de la clase obrera le deben inspirar, pero también, implícitamente, le deben hacer aprender de sus errores. Esta lección se comprenderá en parte en su segunda película, El acorazado Potemkin.

El acorazado Potemkin cuenta la revuelta de los marinos de este acorazado durante el año revolucionario de 1905 en Rusia ante los malos tratos de los suboficiales y una comida en malas condiciones. Durante el levantamiento el marino que había llamado a la rebelión es asesinado a traición por el capitán del barco. Su cuerpo se depositará de forma casi religiosa en el puerto de Ordesa con un rótulo que explica los acontecimientos que provocaron su muerte. Su ejemplo vivificará a la muchedumbre que elegirá rebelarse y seguir el ejemplo del Potemkin. Desgraciadamente, el ejército del zar masacrará ostensiblemente a la muchedumbre de Ordesa antes de que los marinos repliquen.

Esta película, que parte de unos acontecimientos reales, aunque novelados, nos muestra siempre unas escenas de revueltas que cuestionan a la autoridad (en este caso zarista y religiosa), pero la unidad es más firme y se crea entre varias capas del proletariado, como demuestra la escena del marino asesinado que enciende la chispa de la rebelión de la población de Odesa. Una unidad que los odios irracionales no romperán: se golpea debido a su antisemitismo a un hombre que grita entre la multitud «muerte a los judíos».

El ejército del zar ataca por sorpresa a los sublevados de Odesa en la famosa escena de las escaleras. Los cosacos llegan por debajo de la estatua del zar para indicar claramente que actúan en nombre del opresor. Hay un momento de pánico y varias personas caen bajo las balas de los soldados. A pesar de los intentos, resulta imposible hablar a los soldados del zar, que incluso matan a niños. Con la famosa escena del cochecito de niño que cae por las escaleras Eisenstein muestra la vida que se va ante el horror de la escena, que refuerzan los primeros planos del rostro de las personas víctimas de la represión y cuya humanidad se destaca. Pero esta vez los marinos replican ante lo abominable y bombardean la Opera de Odesa. El montaje pretende ser intelectual, ya que las explosiones hacen referencia a la expresión de la ira del proletariado y las estatuas de leones que aparecen representan a los soldados del zar y la reacción. Al contrario de su primera película, la historia acaba con una semivictoria cuando los acorazados dejan pasar al Potemkin sin combate puesto que las tripulaciones de esos barcos se habían rebelado y unido a la revolución.

Llegamos así al tercer intento, el de la película Octubre. El largometraje relata, por supuesto, las jornadas revolucionarias que llevan a la toma del Palacio de Invierno los días 25 y 26 de octubre de 1917, lo que llevó a la aparición del primer Estado socialista del mundo.

Al contrario de en las dos primeras obras, el proletariado ruso es mucho más consciente de sí mismo: ya no se deja engatusar, reprimir o dividir impunemente, como demuestra la escena en la que los mencheviques, que se han unido al gobierno provisional, tratan de detener la revolución durante la asamblea del sóviet de Petrogrado con unas súplicas que se comparan gráficamente a un violinista, sin que eso detenga al proletariado. Al contrario, mientras que en las dos primeras películas los enemigos de clase estaban unidos, en esta ya no lo están y están particularmente sometidos a las contradicciones de su clase social.

Por otra parte, lo que cambia respecto a las anteriores películas es la presencia más marcada de un partido de vanguardia del proletario: el Partido Bolchevique.

El partido tiene una importancia fundamental para los comunistas (como pone de relieve el Manifiesto del Partido) (8). Lejos de los partidos a los que estamos acostumbrados en Francia, cuyo objetivo es puramente electoral y recaudar subvenciones, el Partido Comunista según los textos de Marx y Lenin es un partido que representa a una clase revolucionaria, el proletariado, capaz de organizar su acción, incluso la espontánea, y de representar a esta clase en cualquier lugar (tanto en el trabajo como en el parlamento). El partido, formador teórico, desempeña el papel de intelectual colectivo y permite concienciar a los trabajadores. El partido permite mantener el impulso revolucionario y lograr una transformación radical de la sociedad. El partido está ahí para asegurar que no se da ningún paso atrás: una escena notable de la película es la del rebobinado de la primera secuencia, que muestra cómo el pueblo revolucionario de obreros y campesinos destroza la estatua del zar Alejandro III, en el momento en el que las tropas del general Kornilov amenazan con irrumpir para derrocar la revolución de febrero y devolver el poder a la familia real. Ante esta perspectiva, son los bolcheviques, algunos de ellos encarcelados tras las manifestaciones de julio de 1917, quienes serán la punta de lanza la lucha contra Kornilov, ya que el jefe del gobierno provisional, Alexander Kerensky, demuestra ser incapaz de dirigirla a pesar de sus sueños de grandeza. Por supuesto, para permitir que haya más identificación (y porque la referencia es obligada) el Partido Bolchevique se encarna en la figura de Lenin, cuyo regreso a Rusia se novela y el pueblo espera con impaciencia que salga de la estación para oírle hablar.

Todos los acontecimientos de la película llevan a la toma del poder por parte del proletariado durante los días de octubre de 1917, presentada como un levantamiento de las masas proletarias contra la burguesía. La toma del Palacio de Invierno recuerda en cierto modo a lo que Jean Renoir hará en 1938 en su película La Marseillaise cuando los insurgentes toman el castillo del rey. La escena final muestra a los proletarios de San Petersburgo felices por haber tomado el poder y derribado el gobierno de Kerensky, lo que les permite decretar finalmente la paz y las tierras para los campesinos. En ese momento los relojes se detuvieron en todo el mundo y anunciaron el advenimiento del proletariado. Al final, podríamos suavizar la caricatura desmesurada del enemigo de clase, que a menudo es gordo, incompetente, pretencioso, sin estar a la altura, malvado por naturaleza, etc. No es que algunos rasgos no se encuentren en algunos impresentables, ni que la incompetencia probada de Kerensky (que hizo que le detestaran tanto los obreros, que tras sus grandes frases veían claramente los intereses capitalistas, como la derecha reaccionaria, que lo encontraba demasiado blando), pero este rasgo se exagera para dar un rostro humano al proletariado, que está muy lejos de los nobles de la película La Marseillaise de Jean Renoir. Sería un error subestimar al enemigo con el fin de educar al proletariado hacia la revolución. Conocer mejor el punto de vista del enemigo y sus costumbres permite abatirlo más fácilmente.

Notas:

(1) Tomamos la traducción de https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm (N. de la t.).

(2) « Sergueï Eisenstein : le cinéma peut-il éduquer les masses », Cinéma et politique, 22/05/2020.

(3) « Il pose les bases du montage Eisenstein et ses théories », Lucas Morata, 15/06/2017.

(4) Véase el vídeo « Être communiste en 2021 » des JRCF. Para profundizar más, véase, por supuesto, El capital, pero también Trabajo asalariado y capital, del mismo autor.

(5) Véase el famoso Manifiesto, o más recientemente un texto corto del blog Réveil communiste « Qui sont, et où sont les prolétaires en 2021 ? ».

(6) Véase « De la culture prolétarienne » de Lenin, 8 de octubre 1920.

(7) Véase, de nuevo, el Manifiesto del Partido Comunista.

(8) Véase también ¿Qué hacer?, de Lenin (1902).

Fuente: https://lecuirassedoctobre.fr/2021/08/23/la-conquete-du-pouvoir-par-le-proletariat-dans-les-trois-premiers-films-deisenstein/

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.

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