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Historia Internacional

LA CGT (CONFEDERACIÓN GENERAL DEL TRABAJO) FRANCESA y la CARTA DE AMIENS

La propaganda por el hecho, tácticas que habían prevalecido durante la última década del siglo XIX, entraban en crisis en los medios anarquistas españoles. Pero también en el resto de Europa teóricos que habían defendido estas prácticas, sobre todo en Rusia y en Italia, reconocen el fracaso de las mismas y vuelven la vista a la práctica del asociacionismo obrero que había caracterizado el primigenio anarquismo en España.

El mismo Kropotkin, antaño defensor del anarquismo individualista, escribe en marzo de 1891 en La Revolté: no es mediante heroísmos individuales como las revoluciones se llevan a cabo; la revolución es, por encima de todo, un movimiento popular.
El relevo táctico lo toma en el siglo XX el Sindicalismo Revolucionario, que en España se integrará más adelante en el corpus teórico y práctico del anarcosindicalismo. Pero Francia va a vivir la primera experiencia en que se Sistematiza el sindicalismo revolucionario. En 1895 se constituye en Limoges la Confederación General del Trabajo francesa con un objetivo que define en sus estatutos: agrupar «a todos los trabajadores conscientes de la lucha que es preciso sostener para la desaparición del patronato y del salariado».

Desde 1890 existían las Bolsas del Trabajo, órganos interprofesionales de base local y de inspiración libertaria. Estas confluyen con las Federaciones profesionales en la CGT configurando un Comité Confederal con una doble representación: la de las federaciones profesionales y la de las uniones departamentales interprofesionales. Estas segundas, mayoritarias, proyectan en la CGT la ideología que inspiraba a las Bolsas del Trabajo. Así se constituye el sindicalismo revolucionario francés que adopta la Huelga General como el instrumento revolucionario por excelencia. Esta misma concepción ya anidaba en el sindicalismo libertario español como sustituto estratégico de la acción insurreccional tantas veces frustrada.


Pero en el seno de la CGT confluyen tres corrientes fundamentales: 1)  La sindicalista revolucionaria de inspiración libertaria, 2) la guesdista que preconiza la dependencia del sindicato del Partido Socialista 3)  y la sindicalista reformista más partidaria del convenio que de la huelga y con un objetivo meramente reivindicativo Las dos corrientes sindicalistas se unen para defender la autonomía del sindicato frente a cualquier injerencia partidaria y ambas convivirán en el seno de la CGT aunque prevalecen las tesis del Sindicalismo Revolucionario, que seran plasmadas en la Carta de Amiens en 1906. Este documento que influirá en la próxima configuración del anarcosindicalismo en España, fija los principios básicos del sindicalismo revolucionario:
* La independencia del sindicato respecto a partidos y agrupaciones ideológicas y la libertad de sus miembros para pertenecer a unos o a otras.

* El objetivo inmediato de luchar por el mejoramiento de la condición obrera.

* El objetivo final de acabar con el sistema (capitalista) de patronato y asalariado.

* La función del sindicato «hoy grupo de resistencia» y en el futuro «base de la reorganización social».

Esta línea se mantendrá, quizá atenuada con el paso del tiempo, hasta que en los años 30 se produce la fusión de la CGT con la CGTU (de orientación comunista) y progresivamente va aumentando la influencia del Partido Comunista hasta hacerse prácticamente con el control de la CGT.

La CGT-SR (Sindicalista Revolucionaria), Surgida en 1926 por la escisión de federaciones (L’Union Fédérative des Syndicats Autonomes), de la Confédération générale du travail unitaire, adheridas a la Confederación General del Trabajo de Francia ante el giro dado por dicha confederación en la primera mitad del siglo XX. La tendencia hacia ideologías de corte más reformista y aproximación hacia los partidos socialistas de la CGT, decidieron la separación de estos sindicatos anarquistas para mantenerse fieles a las bases del sindicalismo revolucionario, a la acción directa, a la herencia de organizaciones como las Bolsas de Trabajo de Fernand Pelloutier; y a los fundamentos del movimiento obrero que permitían la autonomía de clase dentro de su organización.

El congreso constitutivo de la CGT-SR tuvo lugar los días 1 y 2 de noviembre de 1926, siendo elegido presidente Pierre Besnard. La sede de la organización se estableció en la Bourse du Travail (Bolsa de Trabajo) de la Fédération des Bourses du travail. Su órgano confederal de expresión fue el periódico Le Combat Syndicaliste (El Combate Sindicalista), fundado en 1928.

Se produciría la reunificación en 1936, en el contexto del acercamiento entre socialistas y comunistas que se vivía en toda Europa.

En 1940 el gobierno colaboracionista de Vichy disuelve e ilegaliza la CGT y las confederaciones sindicales afiliadas. En 1943, en la clandestinidad, se reunifica la CGT.

Desde la liberación de Francia en 1944, la CGT se convirtió en el principal sindicato del país al reunir en su seno a casi todo el mundo sindical. La llegada de la Guerra Fría y la hegemonía del Partido Comunista Francés (PCF) dentro de la confederación produjo la salida de las facciones democristianas y socialdemócratas (Fuerza Obrera, 1948) quedando como un sindicato claramente pro-comunista. Aun sufriendo cierta erosión en el porcentaje de afiliados, la CGT ha seguido siendo el principal sindicato de Francia y, a pesar de la debacle electoral de los comunistas franceses desde 1981, el sindicato no ha sido superado en número de afiliados e importancia por ningún otro.

En los últimos años la CGT se ha ido librando parcialmente de la tutela comunista, acercándose a la socialdemocracia. Con todo, sigue estando fuertemente vinculada al PCF.