Podcast#9 : Crisis Interna en la CGT

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Sindicalismo.org, donde los congresos anarcosindicalistas demuestran que la democracia directa es más complicada de lo que parece en los estatutos.

Hoy nos centramos en el XX Congreso Confederal de CGT, celebrado en Parla: las acreditaciones impugnadas, el rechazo a la gestión saliente y una elección que ha dejado a la organización prácticamente partida en dos.

Empecemos por la sala del congreso y lo que ocurrió antes de que nadie pudiera votar nada.

El XX Congreso de CGT y la fractura que no cierra

El XX Congreso de CGT no fue solo un debate sobre líneas estratégicas. Fue el escenario donde una crisis interna acumulada durante cuatro años se hizo visible de golpe, con delegaciones bloqueadas en la puerta y una votación de gestión que actuó como detonador.

Agencias Confederales lo recoge con precisión. Según la militancia a la que se le impidió participar, «Miguel Fadrique está detrás de esta maniobra de exclusión para intentar impedir que computen los votos y agarrarse fraudulentamente al cargo al que nuevamente se presenta como secretario general.»

Lo que eso significa en la práctica es que el rechazo a la gestión del Secretariado Permanente saliente no se produjo en condiciones normales: llegó después de que decenas de delegaciones acreditadas por sus asambleas fueran dejadas en la puerta sin explicación.

La Redacción de Sindicalismo.org desarrolló esa dimensión en su pieza sobre las acreditaciones. El problema, señala, no se reducía a quién entraba físicamente al recinto. Sindicatos que consideraban cumplir los requisitos no fueron acreditados, y algunos representantes no recibieron turnos de palabra una vez dentro.

Entrar sin poder hablar ni votar es una forma bastante sofisticada de no estar.Entre los sindicatos que presentaron impugnaciones previas al congreso figuran SAYSEP-CGT Palencia, Transportes y Comunicaciones de Barcelona, el Sindicato Único de la Región Murciana y el SOV de Segovia, entre otros. Las reclamaciones afectaban al tratamiento de ponencias y a las mayorías necesarias según en qué apartado se situara cada propuesta.

Aun así, los votos emitidos por quienes sí lograron acreditación fueron suficientes para que el rechazo a la gestión de Fadrique resultara demoledor, según las delegaciones críticas.

El resultado de la elección a secretario general lo resume la Redacción de Sindicalismo.org con un dato que cuesta ignorar: Fadrique obtuvo 689 votos frente a los 639 de Nuria Negro, pero Negro consiguió el respaldo de 90 sindicatos frente a los 84 de Fadrique. Gana quien tiene más votos ponderados, no necesariamente quien convence a más organizaciones.Y la nota final del mismo artículo añade que los sindicatos no acreditados habrían aportado aproximadamente 85 votos adicionales, lo que sitúa el resultado en un terreno de incertidumbre real sobre qué habría ocurrido con una participación completa.

Antonio Pérez Collado, en su artículo titulado ¿Otra oportunidad perdida?, traza un paralelo con el V Congreso de CNT en 1979, cuando una fractura similar abrió una herida que tardó décadas en cicatrizar. Su diagnóstico es claro: celebrar una victoria tan ajustada, obtenida además tras el rechazo expreso a la gestión saliente, es confundir sobrevivir con ganar.

Pérez Collado escribe que «en lugar de aprovechar el congreso para debatir y alcanzar acuerdos participativos, de consenso, ilusionantes, se repite la división suicida y no salimos con la fuerza, el entusiasmo y el compañerismo necesarios para ser la alternativa que la clase trabajadora necesita.»

CGT tiene más de cien mil personas afiliadas y una presencia real en conflictos laborales y sociales. Lo que se dirime en Parla no es solo quién firma los comunicados los próximos cuatro años.

Exactamente. La Redacción de Sindicalismo.org apunta que el nuevo mandato comienza con la huelga general vinculada a la crisis de la vivienda como horizonte inmediato, lo que convierte la reconstrucción interna en una necesidad urgente, no en un asunto que pueda aplazarse.

Y con eso, la pregunta que queda abierta es si una organización que reivindica la democracia directa puede gestionarla cuando los resultados son tan incómodos como este.


Lo que deja Parla es una CGT formalmente con dirección, pero con una fractura interna que ninguna votación resuelve por sí sola.Pérez Collado tiene razón en algo: las siglas no son de nadie. La cuestión es si la militancia conseguirá que los órganos de gestión lo recuerden.

Seguiremos la evolución del nuevo Secretariado y esa primera gran prueba que se anuncia en torno a la vivienda.

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