El documental se presentaba en la sala 1 de los Cines Girona a las 19:00 h. Esta crónica comienza antes de entrar en la sala. Joan llegó a las 18:30 h con mucha tranquilidad, no estaba rodeado de cámaras estaba rodeado de amigos, de compañeros y compañeras de toda una vida de lucha, de su familia, sus sobrinos, sobrinas que le cogían la mano.

Una bienvenida con amor y reconocimiento.
Dentro no había un homenaje, había más familia. Entiéndase en este contexto familia, como compañeras que están unidas por algo que va más allá de la consanguineidad.
Quizás por el amor y la rabia, amor por todas las que dieron su vida luchando por la Libertad y rabia hacia todos los culpables de nuestros sufrimientos, el dolor, las perdidas las injusticias recibidas.
Tomamos nuestros asientos y nos preparamos, sabemos que es importante lo que vamos a ver.
Luces apagadas. Silencio absoluto durante toda la proyección. Silencio de nudo en la garganta, algún lagrimón se nos piantó.
Se podía sentir la respiración de los presentes.
En la pantalla su vida explicada por el mismo, entro a prisión con 21 años y salió con 41. Sin juventud. Aún perseguido. Toulouse, el exilio, Massana, Ramón Vila,
Pep, el Gafas, los sabotajes para hacer el máximo mal posible al régimen y desprestigiarlo internacionalmente.
Las despedidas, las emociones, los recuerdos qué jamás se borraron ni se borrarán, la matanza recibida, los llantos de esas madres que jamás vamos a olvidar.
El contexto de Dolors Marin Silvestre y Chowy de Ni cautivos ni desarmadasy la reflexión que el Maquis no era un individuo, era una red organizada basada en la confianza, era su mejor arma para la lucha y sigue siendo hoy la nuestra.
La reparación que nunca llegó y una denuncia, la eterna denuncia.
Joan con 98 años, vino desde Normandia no solo a presentar el documental, sino también a presentar públicamente la querella que formalizó en julio pasado en el juzgado de instrucción 20 de Valencia contra los responsables del penal de San Miguel de los Reyes. Por torturas, trabajos forzados y denegación de auxilio.
Pide que se examinen como crímenes de lesa humanidad.
Lo explicó otra vez, “intenté fugarme, salte un muro, caí en una acequia y con un golpe de culata, un guardia civil me partió el fémur en dos. Me dejaron abandonado una semana en la celda de castigo sin que me viera un médico. La herida me supuro desde 1954 hasta los 2000”.
Cuando se encendieron las luces un aplauso que no quería cesar.

Y aquí viene la imagen que nunca olvidaré, Joan no estaba en primera fila, estaba en el medio de la sala, entre sus compañeros, caminó con su bastón de madera, acompañado por Pep hacia la pantalla que acababa de explicar su vida para dirigirse a nosotras y contestar nuestras preguntas, si es que en ese momento éramos todavía capaces de articular palabras.
Esa imagen del Joan y el Pep por ese pasillo de la sala 1 de los Cines Girona es la imagen de dos personas que se han acompañado en este viaje para no perder la memoria, gracias Pep Cara por estar ahí, ese día y todos los días que has compartido con Joan.
Llegaron juntos y se prepararon para responder a nuestras humildes y emocionadas preguntas.
Una que me hizo seguir pensando mucho después de haber salido de la sala.
-Si la lucha es armada y dialéctica. ¿Ahora con cual té quedas?
Joan respondió que la lucha ahora es por el relato.
Las anarquistas no solo están ligadas a la libertad sino también a la verdad.
Mucho tiempo después de haber salido de la sala y todavía ahora cuando escribo estas líneas sigo reflexionando sobre ello.
Ellos tienen archivos policiales, nosotros memoria y conciencia.
La libertad sin verdad es un capricho, la verdad sin Libertad es sumisión.
La vida de Joan reflejada ayer en el documental, en un cine, a nuestra manera, ocupando una sala para hablar de Maquis es recuperar el relato. No eran asesinos bandoleros, eran luchadores antifranquistas, defensores de la Libertad y presos políticos.
La denuncia de Joan nos valida a todas, no es solo por el pasado, también es por el presente.
Por eso no ha tenido resolución durante tantos años.
Si el estado admite que Joan fue y es víctima del fascismo porque lo torturó por luchar por la libertad, un mundo más justo y el bien común, tendría que admitir también que nosotras en la actualidad que luchamos con sus mismos valores y tenemos el mismo enemigo por tanto no seriamos reprimibles. Que no somos terroristas, vamos.
La negativa a reconocerlo no solo es por el pasado, es proteger la represión que aún hoy está presente y nos somete.
Porque si Joan es víctima, el fascismo no murió en el 75, nada más cambió nombre y se llama ley mordaza, desorden público, organización criminal, terrorismo.
Y hacia ahí hemos de ir juntas, recuperar el relato, que llamen a cada cosa por su nombre, que Joan gane esa batalla y con él ganamos todas.
Porque la única manera de honrar la vida de Joan y de todas las que perecieron luchando es asegurarnos que a sus nietas no las vuelvan a encerrar por luchar contra el fascismo, contra cualquier tipo de opresión y por querer vivir en un mundo más justo.
La tarde acabó de noche.

Joan firmaba libros aún, tuve momentos con él, los disfruté, también me llevé una dedicatoria que se atesorará en familia por siempre.
Al irse caminó unos pasos, se dio la media vuelta y a los presentes en esa acera en forma de palabras nos pasó el relevo…
¡Ahora os toca a vosotras seguir luchando!
¡No tengas dudas Joan, seguiremos luchando!




