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Opinión

El deporte antifascista frente a la Olimpiada nazi de Berlín

En memoria de todas aquellas personas, atletas y antifascistas, que creían y querían un nuevo mundo más justo, igualitario y libertario.

Ya estamos en 2026 y en julio se cumplirán noventa años de una Olimpiada que no pudo celebrarse porque una parte del ejército, junto con los sectores reaccionarios, falangistas, carlistas y la Iglesia retrógrada de aquel tiempo, dio un golpe de Estado contra la Segunda República aquel 18 de julio de 1936.

El contexto de 1936, con la amenaza de la Italia fascista y la Alemania nazi sobre el resto de países europeos, y con un Comité Olímpico Internacional (COI) interesado en favorecer los Juegos de Berlín, hizo que las fuerzas antifascistas se unieran para impulsar el boicot a la participación en Berlín; pero no ocurrió lo mismo con las democracias y otros países del mundo. La idea de organizar una Olimpiada Popular en Barcelona surgió desde la base, a propuesta del Comité Catalán Pro Deporte Popular, una agrupación de entidades deportivas y culturales barcelonesas que había nacido poco después de las elecciones de 1936, para celebrarse entre el 19 y el 26 de julio, con el objetivo de fomentar el deporte entre el mundo trabajador.

Es conocido que en 1986 Barcelona fue designada para organizar los Juegos Olímpicos de 1992. La ciudad había sido candidata en numerosas ocasiones. Durante el periodo de entreguerras hubo intentos de celebrar en la ciudad condal las Olimpiadas de 1924, 1936 y 1940. Todos fueron fracasos para la candidatura de Barcelona. En 1936, el Comité Olímpico Español (COE) no era, en principio, favorable a la propuesta. Tampoco lo era el barón de Güell, representante del COI. Aun así, los miembros del COE demostraron tener un buen sentido político al no oponerse frontalmente a la Olimpiada Popular. De esta manera, todas aquellas personas que estaban en contra de los Juegos de Berlín podrían dedicarse a preparar los Juegos de Barcelona en lugar de boicotear los Juegos de Berlín. Cerca de 6.000 deportistas llegaron y estaban preparados para participar, pero las circunstancias hicieron imposible su celebración.

En cierta manera, la convocatoria de Barcelona era una garantía de que no habría boicot a los Juegos de Berlín. Un buen número de aquellos atletas permanecieron en Cataluña para defender las libertades frente al golpe militar. Fueron el germen o la génesis de las Brigadas Internacionales, que se organizaron en el mes de octubre. Después, quienes sobrevivieron protagonizaron la resistencia y la victoria contra Hitler y Mussolini. El resto ya es historia: el golpe de Estado, el pueblo en armas, la Revolución Social y la Contrarrevolución en guerra, el final de la contienda y la larga y represiva dictadura. La Segunda Guerra Mundial y su final con la derrota nazi, que no trajo ningún cambio a nuestro país. Los años han pasado y con ellos volvemos a ver un renacimiento de ideologías totalitarias con raíces en el nazismo y el fascismo, y nos preguntamos: ¿qué hemos aprendido de las lecciones del pasado? ¿Estamos condenados a repetir la historia?

Hoy, la gente del odio, de la discriminación, de la violencia contra la pluralidad y la diferencia social, de género o sexual ha vuelto a alzar la voz. Noventa años después, en un mundo globalizado por el capitalismo salvaje, con una tecnología en crecimiento y avances científicos que podrían llevar el bienestar colectivo a todos los pueblos, volvemos a encontrarnos con las voces y las amenazas de aquellos regímenes autoritarios y represores que creíamos superados, olvidados y que nunca volverían; pero no es así: han regresado y debemos combatirlos. La conmemoración de los noventa años de aquella Olimpiada Popular, ahora en 2026, nos lleva a recordar y revivir que las luchas contra los totalitarismos y contra los mensajes de ideologías represoras de extrema derecha son más necesarias que nunca, que debemos mantener vivo el espíritu en todos los campos y frentes, incluido el deportivo.

Si en 1936 los pilares básicos de la Olimpiada estaban muy claros, hoy continúan teniendo, si cabe, aún más valor. Mantener el activismo del antifascismo militante, del deporte popular (como actividad de masas, abierta a todo el mundo y sin elitismos), de la solidaridad internacionalista (abierta a todos los pueblos del mundo y a quienes son perseguidos por cuestiones de derechos humanos o miseria económica) y la unidad del pueblo trabajador mundial y de las fuerzas de izquierdas, sin partidismos interesados, es esencial para darnos una oportunidad de construir un mundo igualitario, con justicia social y fraternidad.

En esa lucha estamos y seguimos.

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