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Siniestralidad 2025

Los infartos por calor y los accidentes in itinere por fenómenos extremos marcan el balance de siniestralidad de 2025

Los indicadores de siniestralidad del año 2025 confirman que el cambio climático, muchas veces negado o ignorado, ha dejado de ser un evento con consecuencias fortuitas, imprevisibles e inabarcables para convertirse en una realidad transversal y estructural. Y que la gestión preventiva empresarial no puede seguir ignorando, ni tampoco el empresario, quien debe asumir su responsabilidad.

Durante el último año, el incremento del 73% en los episodios de riesgo extremo ha derivado en un repunte de la mortalidad vinculada al clima. Ello evidencia que el modelo preventivo tradicional de 1995, cuyos protocolos se limitan al centro de trabajo y a la tarea, ha fracasado al omitir de manera sistemática la variable climática en las evaluaciones de riesgos.

Siniestralidad laboral en 2025

El pasado año, un total de 620.386 personas trabajadoras sufrieron accidentes con baja, mientras que 542.661 sufrieron accidentes sin baja. En este periodo, 735 personas perdieron la vida en el ejercicio de su profesión.

El dato más alarmante es que los infartos y derrames cerebrales se consolidaron como la principal causa de muerte en jornada con 210 casos, superando a causas traumáticas como caídas (97) o atrapamientos (73). Existe una correlación directa entre el estrés térmico y el fallo cardiovascular.

Mientras que los accidentes en jornada bajaron un 1,3%, los accidentes in itinere aumentaron un 2,9% debido a la mayor frecuencia de fenómenos meteorológicos adversos como las DANA y lluvias torrenciales. Este factor afecta especialmente a las mujeres, quienes concentran el 54% de la siniestralidad en los desplazamientos, que también se ven afectadas por el riesgo invisible y desdeñado por las empresas de la doble presencia. Esta suma de factores dispara la siniestralidad in itinere en los sectores más feminizados.

Por sectores, la construcción lideró la incidencia con 5.510,4 accidentes por cada 100.000 trabajadores. En este sector, 164 personas fallecieron en 2025, demostrando que los protocolos actuales son incapaces de anticiparse a las alertas meteorológicas y de paralizar o adaptar la actividad ante eventos climatológicos adversos.

Infrarreconocimiento de las enfermedades profesionales

Murcia (3,04), Navarra (2,81) y La Rioja (2,72) son las comunidades con mayores índices normalizados. Los sectores de industrias extractivas (368,16) y manufactureras (301,14) son los más afectados, con una relevancia preocupante del Grupo 2 (agentes físicos), que incluye el estrés térmico y las radiaciones, por encima de los riesgos químicos o biológicos. Esta realidad deja claro que el riesgo climático exige una vigilancia de la salud dinámica y herramientas preventivas que dejen de ser documentos estáticos.

Tras estas estadísticas se esconde existe un infrarreconocimiento que camufla patologías laborales como contingencias comunes. El Real Decreto 1299/2006 ha quedado obsoleto al actuar como un catálogo estático e insuficiente ante el cambio climático. Ejemplos de esta desprotección son la exposición a la radiación ultravioleta en la pesca y agricultura, que actúa como un carcinógeno constante ignorado por la norma, el deterioro pulmonar por ozono y partículas potenciadas por el calor, o la expansión de riesgos biológicos con vectores activos hasta diez meses al año que convierten patógenos como el virus del Nilo en riesgos laborales reales.

Esta rigidez normativa del cuadro de enfermedades profesionales invisibiliza la “huella biológica” del entorno y traslada el coste de la desatención empresarial a la sanidad pública, haciendo urgente una reforma que obligue a reconocer la causalidad ambiental para garantizar una protección eficaz e irrenunciable.