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Sudán: la clase obrera puede derribar a los militares con la huelga general y la movilización

El golpe está reactivando la movilización popular en Sudán. Varios sectores de la clase obrera ya se han sumado a la huelga general y el sábado se espera una manifestación masiva en todo el país.

El ejército sudanés disolvió el gobierno de transición y detuvo el lunes al primer ministro Abdallah Hamdok y a varios ministros del ala civil de su gobierno. El general Abdel Fattah al-Burhan, que ya estaba a la cabeza del proceso de «transición», se ha convertido en el «hombre fuerte» del país. Sin embargo, el lunes, miles de personas invadieron las calles de los principales centros urbanos del país para manifestar su oposición a la toma del poder por parte de la junta militar.

Tanto el golpe de Estado como la resistencia que se está produciendo no cayeron del cielo. De hecho, desde hace semanas, la tensión y las divisiones en el seno del gobierno de transición creado en 2019 han ido en aumento. Este gobierno había sido un intento de «compromiso» entre los militares del antiguo régimen del dictador Omar al-Bashir, los representantes de la «sociedad civil» y también los líderes de varios grupos armados disidentes. Y este «compromiso» era necesario para que las clases dominantes locales asociadas a las potencias imperialistas, intentaran acabar con las movilizaciones populares que se venían desarrollando desde finales de 2018 y que no retrocedían ante la brutal represión.

Así, ante las crecientes amenazas de golpe de Estado, apoyadas por manifestaciones progolpistas, una parte de la población ha comenzado a manifestarse contra los militares. Sin embargo, la materialización del golpe el lunes pasado acabó lanzando a la calle a miles de jóvenes, mujeres y trabajadores, recordando las movilizaciones de 2018-2019. Al mismo tiempo, se han formado comités de resistencia en varias ciudades del país. «El pueblo sudanés ha pasado por muchas revoluciones. Pero hoy estamos dispuestos a resistir. Hemos aprendido a hacer barricadas, a despejar las carreteras y a salir en masa», dijo un manifestante al Washington Post.

El elemento que da aún más fuerza a la resistencia contra los militares es la convocatoria de una huelga general política por parte de la Asociación de Profesionales de Sudán (SPA), que jugó un papel importante en el movimiento de 2018/19. En las últimas horas, importantes sectores de la población activa, sobre todo del sector público, han anunciado su apoyo a la huelga: trabajadores del petróleo, farmacéuticos, médicos, profesores, abogados, empleados de banca, trabajadores del ferrocarril.

De este modo, la clase obrera no sólo se organiza para resistir el golpe, sino que demuestra concretamente su fuerza al perturbar y bloquear el funcionamiento de la economía nacional y de sus vecinos. Como explica Bloomberg: «Las exportaciones combinadas de Sudán y Sudán del Sur, de 130.000 barriles de petróleo al día, están en riesgo si la crisis persiste, dijo la consultora de la industria FGE en una nota. Sudán del Sur, sin litoral, que produce la mayor parte de esa cifra y bombea unos 156.000 barriles al día, exporta su crudo a través de un oleoducto a la costa sudanesa del Mar Rojo. El petróleo es su casi única fuente de ingresos. Según el FEAG, las operaciones de la única refinería de Sudán en Jartum [la capital], que recibe crudo del sur, son las más amenazadas por los disturbios. La infraestructura petrolera del país también podría estar en peligro.

No es casualidad que, en este contexto, la Junta militar haya optado primero por recurrir a la represión brutal, matando a una decena de personas e hiriendo a 150 el primer día de las protestas. Los militares también cortaron el acceso a Internet y las comunicaciones telefónicas para dificultar la coordinación de los manifestantes. Los militares también disolvieron los sindicatos por decreto, aunque esta decisión, según algunos testimonios, tuvo poco efecto.

Sin embargo, a pesar de la represión, la clase obrera y la juventud consiguieron organizarse a través de los comités de resistencia, como ya hemos dicho, pero también utilizando el ingenio: ante la ausencia de conexión a Internet, ¡se hicieron llamamientos a la huelga general desde los altavoces de las mezquitas! También para hacer frente al corte de Internet, en algunas regiones los propios trabajadores han reconectado el servicio.

En este contexto, se espera una gran manifestación el próximo sábado para derrocar al gobierno militar. Por el momento es imposible saber cómo reaccionarán los militares, o cuán grande será la manifestación. Pero lo que está claro es que hoy son los trabajadores y los jóvenes los que constituyen la principal oposición al gobierno militar.

Sin embargo, también es fundamental que la clase obrera, las mujeres, la juventud y las clases populares sudanesas no confíen en las potencias imperialistas y en sus agentes locales que dicen oponerse al golpe. Esto es para evitar a toda costa la trampa que ya tendieron en 2019 al crear el gobierno de transición con los militares. Estados Unidos, la Unión Europea, el FMI y el Banco Mundial desean que se vuelva a la situación anterior. Pero para los trabajadores y las clases populares este retorno representa un callejón sin salida. Es precisamente este gobierno de compromiso puesto en marcha en 2019 el que ha permitido al ejército y a los miembros del antiguo régimen conservar en gran medida su poder político y económico y, en su momento, derrocar al frágil «gobierno de transición». Y fue este «gobierno de transición» el que negoció préstamos con los donantes internacionales a cambio de medidas de austeridad contra los trabajadores.

Para la clase obrera y la juventud se trata más bien de organizarse de forma independiente en los centros de trabajo y en los barrios obreros, de lo cual los comités de resistencia podrían ser un primer paso. Sólo a través de esta organización, independiente de los diferentes sectores de la burguesía local, la clase obrera podrá defender sus propias reivindicaciones políticas y sociales, pero también las de los diferentes sectores oprimidos de la sociedad, como las mujeres y las minorías étnicas del país. Esta experiencia podría ser también un primer paso hacia el nacimiento de una organización política de los trabajadores y los oprimidos de Sudán que luche por derrocar este sistema asesino, opresor y explotador de raíz.

Philippe Alcoy

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