Militantes que participaron en el descubrimiento de infiltraciones policiales entre 2022 y 2024 han elaborado un manual destinado a organizaciones sindicales, colectivos de vivienda y movimientos sociales. La publicación reúne experiencias, métodos de investigación y recomendaciones para abordar posibles infiltraciones sin alimentar rumores, acusaciones infundadas ni situaciones de desconfianza generalizada.
Las infiltraciones policiales descubiertas durante los últimos años en organizaciones políticas y movimientos sociales han abierto un debate sobre los mecanismos de vigilancia del Estado, la protección de los espacios militantes y las consecuencias personales que estas actuaciones pueden provocar. A partir de esas experiencias, un grupo de personas directamente afectadas ha elaborado el Manual para destapar a un policía infiltrado, una publicación de 48 páginas que pretende compartir los conocimientos adquiridos durante las investigaciones.
El documento parte de casos conocidos entre 2022 y 2024 en movimientos de vivienda, espacios antifascistas, organizaciones antirracistas y otros colectivos de izquierda. Sus autores sostienen que las investigaciones periodísticas y el trabajo de las propias organizaciones han permitido conocer prácticas que hasta entonces permanecían ocultas. Consideran necesario poner esa información al alcance de otros colectivos para que puedan identificar situaciones similares y actuar con criterios contrastables.
Uno de sus principales objetivos es evitar que la experiencia acumulada quede restringida a pequeños círculos militantes. Compartir conocimientos, explican sus autores, puede ayudar a prevenir nuevas situaciones y facilitar que una organización no tenga que empezar desde cero cuando surjan sospechas. También advierten de que las infiltraciones no solo afectan a la información interna de los colectivos: pueden alterar relaciones personales, generar conflictos, provocar rupturas de confianza y tener consecuencias psicológicas duraderas.
Investigar sin alimentar sospechas infundadas
La publicación insiste en una cuestión especialmente relevante: una sospecha no constituye una prueba. Las diferencias de comportamiento, los cambios personales, la falta de información sobre la vida de alguien o su alejamiento repentino de una organización pueden tener explicaciones perfectamente legítimas.
Por ese motivo, el manual recomienda afrontar cualquier situación con prudencia, sin convertir impresiones personales en acusaciones públicas. También plantea que las investigaciones deben poder concluir que una sospecha era equivocada o que no existen elementos suficientes para llegar a una conclusión.
Las personas responsables del documento defienden la importancia del trabajo colectivo, la confidencialidad y la comprobación rigurosa de los hechos. Asimismo, destacan el papel desarrollado por medios como La Directa y El Salto en la investigación y difusión de casos de infiltración policial, especialmente cuando las personas afectadas necesitan preservar su anonimato.
El manual presta una atención particular a las consecuencias emocionales. La posibilidad de descubrir que una persona con la que se han compartido años de actividad política, amistad o relaciones sentimentales ha ocultado su identidad puede provocar un daño considerable. Por ello, los autores consideran fundamental que las organizaciones dispongan de mecanismos de apoyo y acompañamiento.
Breve guía para detectar posibles infiltraciones
A partir de las experiencias recogidas en el documento, estas son algunas de sus recomendaciones principales, resumidas para facilitar su comprensión. No constituyen una fórmula infalible para identificar a un policía infiltrado, sino criterios para abordar las sospechas con responsabilidad.
1. Identificar el origen de las sospechas. Antes de iniciar cualquier proceso, conviene distinguir qué hechos concretos han provocado las dudas y cuáles son simples impresiones. Una conducta extraña, una contradicción o una historia personal poco conocida no demuestran por sí mismas que alguien sea un infiltrado. El manual insiste en no confundir comportamientos habituales con pruebas de una actividad policial encubierta.
2. Contrastar las dudas colectivamente. La publicación recomienda que las preocupaciones fundadas se valoren por un pequeño grupo de personas de confianza, capaz de examinar diferentes explicaciones y evitar conclusiones precipitadas. El objetivo es que ninguna sospecha personal se convierta automáticamente en una acusación compartida.
3. Diferenciar los hechos de los rumores. Resulta importante ordenar la información conocida, identificar qué aspectos están respaldados por pruebas y cuáles proceden de testimonios indirectos. Las contradicciones deben analizarse en su contexto. El manual advierte expresamente de los daños que pueden causar las acusaciones basadas únicamente en conjeturas.
4. Mantener la confidencialidad y respetar la privacidad. Una investigación de este tipo puede perjudicar gravemente a una persona inocente. Por eso es fundamental tratar con cuidado los datos personales, evitar su difusión y no convertir las sospechas en una exposición pública. Las comprobaciones deben realizarse de manera legítima y respetando los derechos de las personas implicadas.
5. Aceptar que la investigación puede no ofrecer respuestas. No todos los procesos permiten confirmar o descartar las sospechas. El documento contempla tres posibles resultados: que se demuestre que la persona no era un infiltrado, que no existan pruebas suficientes o que se obtengan evidencias sólidas de una infiltración. En los dos primeros supuestos resulta especialmente importante evitar que permanezcan acusaciones sin fundamento.
6. Proteger a las personas afectadas si se confirma una infiltración. Si existen pruebas concluyentes, el manual recomienda valorar cuidadosamente cómo comunicar los hechos, preservar el anonimato de quienes puedan resultar perjudicados y facilitar acompañamiento emocional. También señala la conveniencia de contar con asesoramiento especializado y de que las personas directamente afectadas conozcan lo sucedido antes de su difusión pública.
7. Recuperar la confianza y revisar las medidas de seguridad. El trabajo no termina cuando una investigación se cierra. Las organizaciones pueden necesitar tiempo para recomponer relaciones personales y revisar sus procedimientos internos. El manual recomienda establecer medidas proporcionadas a los riesgos reales, evitando que el miedo termine paralizando la actividad política y sindical.
Prevenir sin convertir la militancia en una permanente sospecha
Una de las conclusiones más importantes del documento es que la prevención no puede convertirse en una vigilancia indiscriminada de los propios compañeros. Los autores advierten de que una organización dominada por el miedo y la desconfianza corre el riesgo de deteriorarse incluso aunque no exista ninguna infiltración.
El manual defiende, por tanto, una cultura de seguridad basada en la responsabilidad colectiva, el respeto a las personas y la evaluación de riesgos. También plantea que las experiencias de infiltración deben abordarse políticamente, sin olvidar las consecuencias personales de los engaños y las relaciones de confianza vulneradas.
La publicación busca que los movimientos sociales dispongan de herramientas para afrontar estas situaciones sin depender exclusivamente de investigaciones externas. Su mensaje de fondo es que compartir conocimientos y actuar sobre hechos comprobables puede resultar más útil que extender sospechas.
El documento completo desarrolla estas cuestiones con mayor profundidad, incorpora experiencias de casos descubiertos en España y referencias a investigaciones realizadas en el Reino Unido.
Fuente y descarga del manual completo (PDF, 48 páginas): Manual para destapar a un policía infiltrado — consultar y descargar.



