Los trabajadores y las trabajadoras de los Bomberos de la Generalitat estamos en lucha contra la Generalitat de Catalunya. Desde 2018 no se vivía una movilización y un grado de autoorganización como el actual. En aquel periodo, las consecuencias de la crisis de 2008 todavía eran recientes. Una década de recortes y desinversión dejó al cuerpo de Bomberos de la Generalitat al borde del colapso. La situación no era exclusivamente nuestra: el conjunto de la clase trabajadora sufría un retroceso generalizado de los derechos laborales y del poder adquisitivo, y el sector público también se resintió.
Por Andreu Massafret y Carlos Urgell
Aquellas movilizaciones nos dejaron como legado la importancia de la movilización y la organización colectiva, concretadas en la Asamblea de Bomberos, que permitió presionar a la Administración y canalizar las protestas y las demandas de forma unitaria, asamblearia y autoorganizada.
Actualmente, la Administración, mediante la construcción de un relato hegemónico, ha intentado normalizar que actuaciones que deberían ser ordinarias dentro de un cuerpo de bomberos moderno, como la incorporación de personal y material o la renovación de vehículos y equipos de protección, se conviertan en algo extraordinario.
Los efectos del saqueo del sector público todavía están presentes: camiones de más de veinte años, un servicio infradimensionado y la dependencia de las horas extraordinarias y de la buena voluntad de los bomberos y bomberas para cubrir las carencias estructurales.
Al mismo tiempo, el Departamento de Interior ha minimizado la exposición a sustancias cancerígenas, lo que ha boicoteado mejoras sustanciales en la protección de su propio personal. La declaración de la profesión de bombero como cancerígena por parte de la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer y la consiguiente toma de conciencia colectiva han hecho aflorar el problema.
Todo ello, sumado a los reiterados incumplimientos de los acuerdos laborales y al inicio de un nuevo periodo de negociaciones, ha encendido la chispa de la revuelta dentro del cuerpo.
Este no es un tipo de conflicto laboral aislado dentro del sector público. Solo en este 2026 hemos visto movilizaciones en los sectores educativo, sanitario, social y, en general, en el conjunto del sector público. La situación es muy similar: plantillas insuficientes, pérdida de poder adquisitivo y problemáticas específicas de cada sector.
Lo que para los bomberos son las sustancias tóxicas, para los docentes son el modelo educativo y las ratios. Se dibuja, por tanto, un patrón de reivindicaciones en el sector público con dos elementos clave: el desmantelamiento de los servicios y la pérdida de derechos laborales y de poder adquisitivo de sus trabajadores y trabajadoras.
La lucha contra este deterioro estructural interpela nuestra voluntad de servicio público y debe ser la clave de las reivindicaciones sectoriales, tal como ha demostrado el personal educativo, plantándose ante el pactismo de los sindicatos amarillos, autoorganizándose de forma asamblearia y sin dejarse convencer por unas dudosas mejoras salariales.
La voluntad de mejorar el servicio que se presta a la población, ya sea con más personal o con inversión material, no solo mejora nuestras condiciones de trabajo, sino que también legitima la lucha y da un sentido colectivo a las movilizaciones ante los propios usuarios de los servicios públicos, que no son otros que la misma clase trabajadora del país.
Las reivindicaciones laborales y salariales, por otra parte, marcan un camino que va más allá de nuestro sector. El empobrecimiento y la pérdida de derechos laborales y de calidad del servicio no son un problema exclusivo de los trabajadores públicos, sino un problema que sufre toda la clase trabajadora, sometida a la crisis de la vivienda, la inflación, la constante liberalización del mercado en la Unión Europea o la infame reforma laboral que continúa vigente en la España actual.
Nuestra organización debe poder servir para que otros sectores tomen el relevo, para colectivizar el problema y, ¿por qué no?, caminar hacia una huelga general que ataque todos estos problemas de raíz.
Andreu Massafret y Carlos Urgell forman parte de la sección sindical de la CGT en el cuerpo de Bomberos y Bomberas de la Generalitat de Catalunya.
