- El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) ha actualizado la ficha de selección y uso de calzado de protección frente al riesgo eléctrico (FSU 02, revisión 3). La actualización incorpora los cambios derivados de la evolución normativa y, en particular, de la UNE-EN ISO 20345:2022 y su modificación UNE-EN ISO 20345:2022/A1:2024.
- Para las delegadas y delegados de prevención, conocer estos cambios es fundamental. El EPI no puede convertirse en un sustituto de la prevención, pero sí debe responder correctamente a los riesgos que no hayan podido eliminarse o controlarse por otros medios.
La electricidad mata. Y cuando una persona trabajadora sufre un accidente eléctrico, rara vez podemos hablar de «mala suerte». Detrás de muchos accidentes hay instalaciones deficientes, procedimientos que no se cumplen, falta de formación, equipos inadecuados o una organización del trabajo que antepone la producción a la seguridad.
Por Alberto Casas y Ángel Paramos, Militantes anarcosindicalistas de CGT-Metal.

La prevención no puede quedarse en el papel. Tampoco puede reducirse a entregar una bota de seguridad y dar por solucionado el problema.
La actualización de la ficha del INSST sobre selección y uso de calzado de protección frente al riesgo eléctrico (FSU 02, revisión 3), junto con los cambios introducidos por la normativa técnica, nos recuerda algo que desde CGT venimos señalando: la seguridad de las personas trabajadoras no puede depender de recortes, improvisaciones ni de la voluntad de la empresa de cumplir lo mínimo imprescindible.
El calzado adecuado no es opcional
Cuando existe riesgo eléctrico, la empresa debe identificarlo correctamente y seleccionar el equipo de protección adecuado para las tareas que se realizan.
No sirve cualquier bota. No sirve una bota porque «siempre se ha utilizado». Y mucho menos sirve comprar el modelo más barato y pretender que la persona trabajadora asuma las consecuencias.
La selección del calzado debe partir de la evaluación de riesgos y tener en cuenta las características concretas del trabajo, de la instalación y del entorno. Deben comprobarse las prestaciones del equipo, su marcado, la documentación del fabricante y las condiciones de utilización y mantenimiento.
Para la representación sindical esto implica una exigencia clara: la empresa tiene que demostrar que el EPI entregado es adecuado para el riesgo real del puesto.
No corresponde a la persona trabajadora convertirse en experta en certificaciones para averiguar si la bota que le han entregado protege realmente frente al riesgo al que está expuesta.
Que haya una bota no significa que haya prevención
Uno de los grandes problemas de la prevención empresarial es convertir los equipos de protección individual en una especie de comodín.
Hay riesgo: ponemos un EPI.
Hay calor: ponemos un EPI.
Hay ruido: ponemos un EPI.
Hay electricidad: ponemos unas botas.
Y asunto resuelto.
No.
La legislación preventiva establece una jerarquía de medidas. Primero hay que eliminar el riesgo y, cuando esto no sea posible, adoptar medidas de protección colectiva y procedimientos de trabajo seguros. El EPI constituye la última barrera.
Esto es especialmente importante frente al riesgo eléctrico. Una bota aislante no convierte una instalación peligrosa en una instalación segura. Tampoco compensa una organización del trabajo deficiente, la falta de mantenimiento, la ausencia de formación o el incumplimiento de los procedimientos de seguridad.
Por eso, desde CGT debemos rechazar cualquier intento empresarial de utilizar el EPI como excusa para no actuar sobre las causas reales del riesgo.
El entorno también puede comprometer la protección
Las condiciones en las que se utiliza el calzado son fundamentales.
Humedad, contaminación, determinados aceites, polvo metálico, deterioro de las suelas o características inadecuadas de las superficies pueden afectar a las condiciones de protección.
La empresa debe evaluar estas circunstancias y garantizar que el conjunto de las medidas preventivas funciona en las condiciones reales de trabajo.
Porque una cosa es lo que dice la ficha técnica y otra muy distinta lo que ocurre cuando la persona trabajadora lleva horas trabajando en unas condiciones concretas, con el calzado mojado, deteriorado o sometido a esfuerzos y contaminantes.
La prevención se tiene que hacer pensando en el trabajo real, no en el catálogo del fabricante.
«La bota tiene plantilla de acero»: argumento insuficiente
También debemos prestar atención a la protección frente a la perforación y a otras prestaciones del calzado.
Que una bota tenga una plantilla de acero no significa automáticamente que proporcione cualquier nivel de protección frente a la perforación. Las prestaciones dependen del diseño y de los ensayos realizados y deben comprobarse mediante el correspondiente marcado y documentación.
Lo mismo ocurre con la protección frente al deslizamiento. Los cambios normativos hacen necesario revisar el marcado y las prestaciones del calzado conforme a los requisitos que le sean aplicables.
Desde la acción sindical debemos exigir que la empresa facilite la información necesaria y no aceptar explicaciones basadas en frases como «siempre hemos usado estas botas» o «son las que compra la empresa».
La costumbre no sustituye a la prevención.
Comprar ayer no convierte un EPI en adecuado hoy
Otro argumento habitual de las empresas es que el equipo «se ha comprado recientemente».
La fecha de compra no demuestra por sí sola que un EPI sea adecuado. Hay que comprobar el marcado, la documentación, las prestaciones, la normativa aplicable y, sobre todo, si el equipo responde a los riesgos existentes en el puesto.
Además, los equipos tienen una vida útil y unas condiciones de mantenimiento y sustitución que deben respetarse.
Un EPI deteriorado deja de ser una protección eficaz. Y la persona trabajadora no tiene por qué seguir utilizando un equipo que pueda poner en peligro su integridad porque «todavía no toca cambiarlo» según una decisión económica de la empresa.
Si el equipo no protege, se sustituye. La seguridad no se negocia con el presupuesto.
Las mujeres trabajadoras también tienen derecho a EPI que les sirvan
La perspectiva de género tampoco puede quedar fuera de la prevención.
Durante demasiado tiempo se han diseñado y adquirido equipos tomando como referencia un supuesto trabajador estándar que, en la práctica, responde muchas veces a características masculinas.
Un calzado que no se adapta correctamente puede provocar molestias, fatiga y trastornos musculoesqueléticos. Y la fatiga no es únicamente un problema de confort: puede afectar a la atención y aumentar la exposición a otros riesgos.
Por eso rechazamos que la palabra «unisex» sirva como justificación para entregar el mismo equipo a toda la plantilla sin comprobar si realmente se adapta a las diferentes características antropométricas de las personas trabajadoras.
La prevención también es feminista: los EPI deben adaptarse a quienes los utilizan, no obligar a las trabajadoras a adaptarse a equipos diseñados para otros cuerpos.
La RLPT tiene que fiscalizar y la empresa tiene que responder
Aquí la organización y la acción sindical son fundamentales.
Las delegadas y delegados de prevención no tenemos que conformarnos con que la empresa diga que «todo está correcto». Hay que comprobarlo.
Entre otras cuestiones, debemos exigir:
- Que el marcado CE sea visible, legible y permanente.
- Que el equipo disponga de las instrucciones y documentación correspondientes.
- Que la empresa identifique claramente para qué riesgos y trabajos está destinado el calzado.
- Que se respeten las condiciones de uso, mantenimiento, almacenamiento y sustitución.
- Que se realicen las comprobaciones y ensayos que correspondan para garantizar que mantiene sus prestaciones.
- Que se retiren inmediatamente los equipos deteriorados o que puedan haber perdido sus propiedades protectoras.
- Que las condiciones del suelo y del entorno de trabajo formen parte de la evaluación de riesgos.
- Que la selección del EPI tenga en cuenta las características reales de las tareas y de las personas que las realizan.
- Que la plantilla reciba información y formación suficiente para utilizar correctamente los equipos.
Y, sobre todo, que la empresa facilite a la representación de las personas trabajadoras la información necesaria para poder ejercer de verdad nuestras funciones preventivas.
Porque sin información no hay participación. Y sin participación, la prevención se convierte en papel mojado.
Frente al riesgo eléctrico, las cinco reglas de oro
No debemos olvidar lo esencial.
En los trabajos con riesgo eléctrico deben respetarse estrictamente las cinco reglas de oro:
- Desconectar.
- Impedir cualquier posible realimentación.
- Verificar la ausencia de tensión.
- Poner a tierra y en cortocircuito.
- Señalizar y delimitar la zona de trabajo.
El calzado de protección es una barrera adicional. Nunca debe utilizarse para justificar que se trabaje sobre una instalación que debería estar desconectada o sobre la que no se han aplicado las medidas preventivas correspondientes.
La salud laboral también es lucha sindical
Las empresas hablan constantemente de «cultura preventiva». Pero una verdadera cultura preventiva no consiste en carteles, charlas aisladas o entregar EPI.
Consiste en invertir en seguridad, mantener las instalaciones, organizar correctamente el trabajo, formar a las plantillas, escuchar a quienes conocen los riesgos y aceptar la participación efectiva de la representación sindical.
Cuando una empresa escatima en prevención, el coste lo paga la clase trabajadora con su salud.
Por eso, desde CGT debemos seguir señalando las responsabilidades empresariales, utilizando todas las herramientas de la representación sindical y denunciando cualquier situación que ponga en riesgo la integridad de las personas trabajadoras.
No queremos que se actúe después del accidente. Queremos que se eliminen las condiciones que lo hacen posible.
No queremos más EPI utilizados como coartada. Queremos prevención real.
No queremos que nadie tenga que elegir entre cumplir los objetivos de producción y volver a casa sano.
Porque la seguridad y la salud no son un favor de la empresa. Son un derecho. Y los derechos se defienden organizándose y luchando.
