El IPC sube al 3,6% y el IPCA alcanza el 3,9%, ampliando la brecha con la media de la UE (2,9%). El aumento mensual del 0,3% confirma que los precios siguen creciendo sin pausa y que la presión sobre las familias es cada vez mayor.
El encarecimiento se concentra en los gastos esenciales. Transporte y carburantes suben un 6,2%, impulsados por el aumento en combustibles. Vivienda y suministros avanzan un 5,7% por el repunte de la electricidad y el gas. El turismo estacional también encarece la vida: las actividades recreativas y los paquetes turísticos aumentan un 2,3% en solo un mes. La inflación subyacente llega al 3,0%, señal de que la subida de precios ya es estructural. Las rebajas puntuales en vestido y calzado o el abaratamiento de la fruta no compensan este escenario.
La inflación subyacente, aquella que deja fuera de la ecuación los alimentos no elaborados y los productos energéticos, cae una décima frente al mes de julio, volviendo al mismo 2,9% que marcó en junio, pintando una gráfica que se mueve entre esos dos valores en los últimos meses.
La inflación intermensual, la que compara los precios con el mes anterior, también vuelve a dar malas noticias y muestra un crecimiento en tan solo un mes del 0,7%, siendo el mayor de los últimos meses, tan solo superado por el 1,2% que marcó en marzo, primer mes de la guerra en Irán.