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El IPC real se come el salario de los hogares de las familias trabajadoras

Abril registra una leve bajada del IPC que no se nota en los bolsillos: los hogares siguen perdiendo poder adquisitivo por los productos básicos.

El IPC se contiene en abril con respecto a marzo, pero sigue al alza tras los efectos de la guerra de Irán, con una subida del 3,2%. Es precisamente el transporte el centro neurálgico de las subidas, con el efecto de los carburantes. En su caso, la subida es del 6,5%. Los suministros del hogar, que suben un 1,9%, hacen que se modere el incremento, junto con los paquetes turísticos.

Los bolsillos de Madrid, con una inflación de casi el 4%, seguida de las dos Castillas, sufren especialmente.

Por su parte, los carburantes –gasolina y gasóleo- registran un encarecimiento de los precios del 0,7%, frente a la bajada registrada en el mismo mes de 2025. Esto se explica por un contexto marcado por la incertidumbre geopolítica internacional y las tensiones derivadas de la intervención de Estados Unidos en Oriente Medio, que siguen condicionando la evolución de los mercados energéticos.

La inflación subyacente, que excluye los componentes más volátiles y refleja mejor la evolución estructural de los precios, se modera una décima, hasta el 2,8%. De este modo, la diferencia entre la tasa general y la subyacente se recorta hasta las cuatro décimas. La moderación de la inflación subyacente apunta a una cierta estabilización de las dinámicas inflacionistas de carácter más persistente, si bien este proceso continúa sujeto a importantes elementos de incertidumbre, condicionadas por la fuerte volatilidad energética.

Lo dicen los números, cuando se desagregan en los grupos con más incidencia, y lo dice el sentir de la calle. Hoy los salarios no dan. No dan para lo básico: no dan para alimentarse igual que hace cinco años, no dan para mantener la casa caliente o refrescada, no dan para pensar en un poco de ocio. Dan para sobrevivir. Y, a veces, con mucho esfuerzo y endeudamiento.

Se debe consolidar la referencia mínima de incremento salarial del 4% para el periodo 2026-2028, con la posibilidad de incorporar aumentos adicionales de hasta un 3% en función de la diferencia existente entre el salario medio de convenio y el salario medio del conjunto del país. Asimismo, resulta necesario garantizar que esta orientación se traslade de manera efectiva a la negociación sectorial, evitando mecanismos de absorción y compensación que limiten su impacto real sobre los salarios.

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