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La huelga de la Canadiense

Ferran Aisa i Pàmpols (Barcelona, 1948) es uno de los historiadores más importantes de la Cataluña y la Barcelona contemporáneas. Es premio Ciudad de Barcelona de Historia y ha sido profesor de historia del ACCAT, documentalista de exposiciones, guionista de documentales y autor de numerosos libros entre los que destacan Camins utòpics. Barcelona 1868-1888 (coescrito con Mei M. Vidal); La cultura anarquista a Catalunya; Contrarevolució. Els Fets de Maig de 1937 (publicados por Edicions de 1984), Una historia de Barcelona. Ateneu Enciclopèdic Popular, 1902-1999; República, guerra i revolució. L’Ajuntament de Barcelona (1931-1939) o Viaje por la España franquista (1969-1970).

La Canadiense, cien años de la conquista obrera de las ocho horas

La conquista de la jornada laboral de las ocho horas fue el resultado de una lucha titánica del movimiento obrero organizado que, desde los lejanos años de la Primera Internacional, se reivindicaba. En este aspecto reivindicativo se desarrolló la historia de la Confederación Nacional del Trabajo, desde sus inicios fundacionales en 1910 hasta el Congreso de Sants de 1918, cuando se organizaron los sindicatos únicos siguiendo los pasos anarcosindicalistas de acción directa, federalismo, solidaridad y apoyo mutuo. El ensayo también hace un recorrido por la historia de la lucha de las mujeres trabajadoras para el reconocimiento de condiciones igualitarias con los hom- bres. La conquista de las ocho horas seguía siendo un hito de todas las reivindicaciones obreras de España, pero fue en Cataluña donde un con icto de tipo local como el de la Canadiense se convirtió en el gran caballo de batalla de los nuevos sindicatos únicos de la CNT.

Los obreros, con una gran inteligencia, supieron desarrollar una estrategia esencial para vencer las perspicacias de la patronal y des- menuzar la represión gubernamental. Precisamente fue después de esta conocida huelga cuando el Gobierno español, presidido por el conde de Romanones, el 3 de abril de 1919 rmaba el Real decreto de la jornada de ocho horas o de cuarenta y ocho horas de trabajo semanal. La lucha obrera fue larga, ya que se enfrentaron a una intransigente patronal que aplicó su propia «ley», condenó a los trabajadores al hambre con los lockouts y nanció pistoleros a sueldo.

En 1917 el mundo estaba en guerra y necesitaba armas para matarse. El humo de los campos de batalla tenía su origen en el de las fábricas, donde los obreros trabajaban de sol a sol. Esa miseria iba a provocar una revolución.

La victoria de la revolución rusa contagió a obreros de todo el mundo y también a los de España, donde se dio la huelga de la fábrica eléctrica conocida como la Canadiense. Empezó tras el despido de 8 trabajadores que pertenecían a la CNT.

“El capitán general declaró el estado de guerra y militariza la empresa y les dice que si no se presentan al trabajo serán detenidos. No se presentó ninguno y fueron detenidos”, señala Ferran Aisa, autor de ‘La huelga de la Canadiense’.

El gobierno declaró el Estado de Guerra y la huelga de la Canadiense se convirtió en general. Esas protestas bloquearon Barcelona durante 44 días de protestas. Marcelina, la abuela de Ferran, se sumó a la huelga por solidaridad obrera. “Siempre que trabajó en la CNT y por la CNT fue detenida”, explica.

En esas protestas murieron 4 personas. Finalmente el Gobierno del Conde de Romanones cedió y prometió liberar a los trabajadores encarcelados, readmitirlos en la empresa y aceptar una reivindicación histórica.

“En plena huelga es cuando el Gobierno firma el real decreto de las 8 horas de jornada laboral”, señala Aisa. Hoy una placa enterrada en pintadas recuerda lo conseguido. Gracias a la huelga de La Canadiense, empezamos a trabajar solo 8 horas diarias.