Hay músicos cuya obra termina convertida en parte de la historia oficial y otros que permanecen en los márgenes, aunque sus canciones hayan acompañado durante décadas a quienes no aceptaban el mundo tal como estaba construido. Ramon Muns pertenece a estos últimos. Cantautor, compositor y adaptador, su trayectoria está ligada a la Nova Cançó, a la canción francesa y, sobre todo, a una cultura libertaria que convirtió la música en memoria, crítica social y defensa de la autogestión.
Por Iván Molina, para sindicalismo.org
De Badalona a los escenarios europeos
Ramon Muns Andreu comenzó a actuar en los años sesenta utilizando inicialmente el nombre artístico de Andreu. En 1964 se incorporó al Grup Estrop, una experiencia surgida en Badalona alrededor de jóvenes músicos y poetas que compartían el impulso cultural de la Nova Cançó. De aquel grupo, Muns acabaría siendo quien desarrolló una trayectoria profesional más prolongada como cantautor.
Durante los años siguientes actuó fuera de España y recorrió escenarios de Francia, Alemania, Holanda, Inglaterra y otros países europeos. Aquella experiencia exterior no fue solamente musical. Para muchos artistas de su generación, salir fuera significaba también encontrarse con una sociedad cultural y políticamente muy distinta a la España franquista.
Canciones para el hombre y la utopía
El título de uno de sus trabajos resume buena parte de su manera de entender la música: Cançons per l’home i la utopia. Publicado a finales de los años setenta, reunía canciones sobre exilio, trabajo, libertad, anarquismo y transformación social.
En aquel repertorio aparecen títulos como “Los refugiados del 39”, “D’aquestes gotes de suor”, “Cant d’Utopia” o versiones de canciones históricas del movimiento libertario. No era una aproximación estética al anarquismo. La idea de una sociedad sin jerarquías, organizada desde abajo y basada en la autogestión aparece directamente en algunas de sus composiciones.
Su música tenía algo que la alejaba de la canción política más convencional. Muns no construía únicamente canciones de denuncia. También hablaba de la posibilidad de otra sociedad. En una época dominada por las grandes ideologías y los partidos, su repertorio defendía una palabra que hoy parece casi desterrada del lenguaje político: utopía.
“Cant d’Utopia”: una canción libertaria que sobrevivió a su tiempo
Probablemente ninguna composición representa mejor esta parte de su obra que “Cant d’Utopia”. La canción plantea sin rodeos el rechazo de las jerarquías, los dirigentes y la opresión, y reivindica una sociedad libertaria basada en la autogestión y la fraternidad.
Con los años terminó convirtiéndose en una composición estrechamente vinculada al Ateneu Enciclopèdic Popular de Barcelona, hasta ser considerada su himno. También ha seguido circulando dentro del movimiento libertario y anarcosindicalista, mucho después de desaparecer el contexto político en el que fue escrita. CGT Catalunya, por ejemplo, la ha recuperado en materiales y actos relacionados con la memoria del anarcosindicalismo.
Eso quizá explica su permanencia. No está construida alrededor de unas elecciones, un partido o una coyuntura determinada. Habla de autoridad, desigualdad, miedo, libertad y autogestión. Problemas suficientemente antiguos como para que la canción siga encontrando nuevos oyentes.
La memoria de los derrotados
Otra pieza fundamental es “Los refugiados del 39”, una canción recuperada e interpretada por Muns sobre quienes atravesaron la frontera tras la derrota republicana.
El exilio de 1939 ocupa un lugar central en la memoria libertaria española: cientos de miles de personas huyeron hacia Francia y muchas acabaron encerradas en campos improvisados en las playas del sur francés. Recuperar aquellas canciones era también impedir que desapareciera la memoria cotidiana de quienes habían perdido una guerra, un país y, en muchos casos, prácticamente toda posibilidad de regresar.
Muns no trató esa memoria como una pieza de museo. Su relación posterior con el Ateneu Enciclopèdic Popular y con numerosos actos de recuperación de la historia libertaria muestra una continuidad entre la canción y el trabajo de memoria histórica.
De Jacques Brel a la canción libertaria
Pero reducir a Ramon Muns a la canción política tampoco explicaría completamente su obra. Una de sus grandes referencias fue Jacques Brel, del que realizó adaptaciones al catalán.
En torno a 1980 grabó un trabajo dedicado al repertorio del cantante belga que incluía versiones de canciones como “Amsterdam”, “Les Bourgeois”, “Ne me quitte pas”, “Le Moribond” o “La chanson des vieux amants”.
Muns pertenece así a una generación que conectó la canción catalana con una tradición europea mucho más amplia. Brel, Brassens y la chanson francesa demostraban que una canción podía hablar de amor, miseria, hipocresía burguesa, derrota o dignidad sin necesitar una producción espectacular.
En manos de Muns, ese lenguaje convivió con una sensibilidad social y libertaria propia.
Una canción también hecha de sudor
Hay un título de su repertorio especialmente significativo: “D’aquestes gotes de suor”, “De estas gotas de sudor”. En la obra de Muns aparece una preocupación constante por quienes trabajan, emigran, pierden una guerra o viven fuera de los espacios donde normalmente se fabrica la cultura oficial.
Eso conecta su música con una tradición más amplia de cultura obrera: los ateneos, los grupos de teatro, los periódicos, las bibliotecas populares y las canciones que nacían fuera de las grandes instituciones.
La cultura libertaria nunca entendió la música únicamente como entretenimiento. Una canción podía conservar una historia que no aparecía en los libros, explicar una idea política o simplemente recordar que la vida cotidiana de quienes trabajan también merecía ser contada.
El Ateneu Enciclopèdic Popular
La relación de Ramon Muns con el Ateneu Enciclopèdic Popular fue especialmente intensa. Participó en numerosos recitales y actividades vinculadas a esta histórica institución de la cultura obrera barcelonesa.
Entre esas actuaciones hubo iniciativas relacionadas con la recuperación del anarquismo y de su memoria histórica. En los años noventa participó en actividades como una exposición internacional dedicada al anarquismo y en un homenaje a Salvador Puig Antich.
También musicó poemas vinculados a figuras históricas del propio Ateneu. De esa manera, su trayectoria terminó enlazando varias generaciones: la cultura obrera anterior a la Guerra Civil, el exilio, el antifranquismo, la reconstrucción libertaria posterior y las iniciativas de recuperación de la memoria que llegaron décadas después.
Un nombre que merece volver a escucharse
La historia de la música popular suele quedarse con unos pocos nombres. Alrededor de la Nova Cançó permanecen inevitablemente Raimon, Lluís Llach, Maria del Mar Bonet u Ovidi Montllor. Pero aquella época fue mucho más amplia.
Ramon Muns representa otro camino: el del cantautor que viajó por Europa, adaptó a Jacques Brel, cantó sobre los refugiados de 1939 y escribió canciones donde aparecían sin disfraz palabras como libertad, autogestión, fraternidad y anarquía.
Quizá por eso merece ser recuperado desde una sección de música obrera. No como una curiosidad de los años setenta ni como una reliquia de la canción política.
Porque mientras existan jerarquías que cuestionar, trabajadores a quienes nadie escucha y derrotados cuya historia corre el peligro de desaparecer, seguir cantando a la utopía tendrá bastante poco de nostalgia.




