Woody Guthrie: canciones desde el otro lado del sueño americano

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Woody Guthrie (1912–1967) fue uno de los músicos y cantautores folk más influyentes de la historia de los Estados Unidos. Su figura quedó grabada para siempre en la cultura popular como la voz de la clase trabajadora, los marginados y los oprimidos durante la Gran Depresión.

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Antes de convertirse en uno de los nombres fundamentales de la música popular estadounidense, Woody Guthrie fue uno de los millones de estadounidenses que conocieron la pobreza, el desempleo y los caminos de la Gran Depresión. Viajó entre trabajadores agrícolas, temporeros y familias expulsadas de sus tierras. De aquel mundo salieron muchas de sus canciones. Guthrie no cantaba sobre la clase trabajadora desde fuera: durante buena parte de su vida compartió sus carreteras, sus trabajos ocasionales y su precariedad.

Un país cubierto de polvo

Woody Guthrie nació en 1912 en Okemah, Oklahoma. Su juventud coincidió con una de las mayores catástrofes económicas y sociales de Estados Unidos. Después del crack de 1929 llegó la Gran Depresión y, en las Grandes Llanuras, años de sequía y tormentas de polvo agravaron la ruina de miles de pequeñas explotaciones agrícolas.

Fue el Dust Bowl. Familias enteras abandonaron Oklahoma, Texas y otros estados buscando trabajo hacia el oeste. Muchos emprendieron el viaje hacia California cargando prácticamente todas sus pertenencias en automóviles y camiones.

Guthrie tomó el mismo camino.

Viajó haciendo autostop, subiéndose a trenes de mercancías y aceptando trabajos ocasionales. Durmió donde pudo y convivió con trabajadores migrantes que recorrían enormes distancias siguiendo las cosechas. Aquellos hombres y mujeres acabarían entrando en sus canciones.

California no era la tierra prometida

Para muchas familias, llegar a California no significó escapar de la pobreza. Miles competían por empleos agrícolas temporales con salarios muy bajos y vivían en campamentos improvisados.

La imagen del trabajador que recorre Estados Unidos buscando un jornal se convirtió en uno de los personajes centrales de Guthrie. Sus canciones hablaban de temporeros, campesinos arruinados, desempleados, vagabundos y familias obligadas a abandonar sus hogares.

No necesitaba inventarlos.

Los encontraba en las carreteras.

Guthrie utilizó una música sencilla porque quería que sus canciones pudieran viajar igual que aquellas personas. Una guitarra y una melodía que cualquiera pudiera recordar eran suficientes.

Una guitarra entre sindicatos

Su relación con el movimiento obrero fue creciendo. Guthrie actuó en reuniones sindicales, huelgas, actos políticos y espacios vinculados a organizaciones de trabajadores. También colaboró con publicaciones obreras y se movió en ambientes próximos al sindicalismo industrial y a la izquierda estadounidense.

En Nueva York entró en contacto con Pete Seeger y otros músicos con los que formaría los Almanac Singers. El grupo llevó canciones sindicales y antifascistas a mítines, locales obreros y piquetes.

Allí la música tenía una función concreta.

Una canción podía levantar el ánimo durante una huelga, contar lo sucedido en otro conflicto o conseguir que cientos de personas recordaran una reivindicación mucho después de terminar una reunión.

Guthrie había comprendido algo que generaciones anteriores de sindicalistas como Joe Hill ya conocían: una canción también podía ser una herramienta de organización.

«This Machine Kills Fascists»

Sobre su guitarra apareció una frase que acabaría convertida en una de las imágenes más conocidas de la cultura popular del siglo XX:

THIS MACHINE KILLS FASCISTS.

La máquina era su guitarra.

La frase resumía su manera de entender la música. Guthrie escribió canciones contra el fascismo, sobre trabajadores y sindicatos, contra la pobreza y sobre quienes permanecían fuera de la versión triunfal del llamado sueño americano.

Durante la Segunda Guerra Mundial también sirvió en la marina mercante estadounidense. Su antifascismo no fue simplemente una pose escrita sobre un instrumento.

La otra cara de «This Land Is Your Land»

Su canción más conocida acabaría siendo This Land Is Your Land, escrita en 1940.

Con los años se convirtió casi en una canción patriótica estadounidense y fue interpretada en escuelas, actos públicos y ceremonias. Pero algunas de sus estrofas originales eran bastante más incómodas que la versión que terminaría popularizándose.

Guthrie hablaba de propiedad privada, de personas haciendo cola para recibir ayuda y de una sociedad en la que la promesa de prosperidad no llegaba a todos.

Ahí estaba una constante de su obra: observar Estados Unidos desde abajo.

El país de Guthrie no estaba formado únicamente por grandes ciudades, empresarios y oportunidades. También estaba poblado por quienes recogían fruta por unos dólares, quienes perdían sus casas, quienes viajaban buscando trabajo y quienes dependían de la solidaridad de otros trabajadores para sobrevivir.

Los nombres que nadie recordaba

En 1948, un avión que transportaba trabajadores agrícolas mexicanos se estrelló en California. Las primeras informaciones difundieron los nombres de los miembros estadounidenses de la tripulación, mientras que las víctimas mexicanas fueron presentadas simplemente como «deportados».

Guthrie reaccionó escribiendo un poema que comenzaba preguntando por sus nombres. Años después, Martin Hoffman le puso música y nació Deportee (Plane Wreck at Los Gatos).

La canción convirtió a aquellas personas anónimas en protagonistas.

Era exactamente lo contrario de lo que hacía habitualmente la información oficial: donde otros veían mano de obra sustituible, Guthrie intentaba volver a colocar seres humanos.

Canciones hechas para viajar

Guthrie escribió centenares de canciones y dejó miles de textos, poemas y páginas manuscritas. Muchas composiciones utilizaban melodías populares que ya conocían los trabajadores. Eso permitía aprenderlas rápidamente y modificarlas para nuevas situaciones.

No buscaba únicamente crear una obra que llevara su nombre.

Las canciones podían circular.

Podían aparecer en una huelga, cambiar algunas palabras, viajar hasta otra ciudad y volver a cantarse.

Esa tradición influiría profundamente en la música estadounidense posterior. Pete Seeger, Bob Dylan, Joan Baez, Bruce Springsteen y numerosas generaciones de músicos folk, rock y punk reconocerían de una manera u otra aquella herencia.

Del Dust Bowl al presente

Woody Guthrie murió en 1967 después de años padeciendo la enfermedad de Huntington. Tenía 55 años.

Para entonces, muchas de sus canciones ya pertenecían a otros.

Quizá esa sea la mejor manera de entender su legado. Guthrie consiguió que historias aparentemente pequeñas —un trabajador buscando empleo, una familia expulsada de su tierra, un jornalero cruzando una frontera— terminaran formando parte de la memoria colectiva.

No escribió sobre el sueño americano que aparecía en los anuncios.

Escribió sobre quienes estaban pagando su precio.

Y recorriendo carreteras, campamentos y locales sindicales descubrió que una guitarra podía hacer algo más que entretener.

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