Los trabajadores que desarrollan algunos de los videojuegos más populares del mundo, como World of Warcraft y Diablo, lograron a comienzos de septiembre sus primeros convenios colectivos. El acuerdo afecta a unos 1.900 empleados de Blizzard, compañía adquirida por Microsoft en 2023, y supone un nuevo avance de la organización sindical dentro de la industria tecnológica y del videojuego.
Por Dan DiMaggio en Labornotes.org
Los convenios negociados por Communications Workers of America (CWA) incluyen derechos de reincorporación para trabajadores despedidos, indemnizaciones garantizadas, protección frente a despidos sin causa justificada y mecanismos de reclamación. Estas garantías adquieren especial importancia después de varios años de despidos masivos en el sector tecnológico.
De las primeras protestas a 1.900 trabajadores organizados
La sindicalización en Activision Blizzard comenzó a tomar fuerza en 2022. Uno de los primeros pasos se produjo entre los trabajadores de control de calidad de Raven Software, después de que la empresa despidiera inesperadamente a una docena de empleados en diciembre de 2021. La plantilla respondió con una huelga y posteriormente inició una campaña de sindicalización.
Tras aquella experiencia, Microsoft alcanzó un acuerdo de neutralidad con CWA por el que se comprometía a no interferir en las campañas sindicales y permitir la comunicación entre trabajadores y representantes sindicales. A cambio, el sindicato apoyó la adquisición de Activision Blizzard por Microsoft, una operación que estaba siendo examinada por las autoridades de competencia.
La organización sindical continuó extendiéndose. Se incorporaron trabajadores de control de calidad de Blizzard en Albany y Austin y, en 2024, unos 500 trabajadores de World of Warcraft formaron su sindicato. Después llegaron aproximadamente 200 desarrolladores de Overwatch, 160 trabajadores del equipo de historia y franquicias de Blizzard y unos 450 diseñadores, ingenieros, artistas y empleados de soporte de Diablo.
Protección frente a los despidos
Una de las principales conquistas del convenio es el derecho de reincorporación durante 14 meses después de un despido. Los afectados tendrán preferencia para ocupar puestos vacantes para los que estén cualificados dentro de las unidades sindicalizadas de Blizzard.
También se establecen indemnizaciones mínimas de cuatro semanas de salario, a las que se añadirá una semana por cada seis meses trabajados en la compañía, hasta alcanzar un máximo de 39 semanas.
El convenio incorpora además protección frente a despidos injustificados, procedimientos formales de reclamación y una semana laboral híbrida con tres días presenciales. Diversas condiciones que hasta ahora dependían de políticas internas de la empresa quedan recogidas por escrito y pasan a ser exigibles mediante el convenio.
Inteligencia artificial y trabajo
Los trabajadores también han conseguido introducir garantías relacionadas con la inteligencia artificial. Microsoft deberá discutir, evaluar y negociar con la representación sindical las consecuencias que pueda tener su implantación sobre el empleo y las condiciones laborales.
Mahreen Fatima, artista sénior de entornos de Diablo, explica que el convenio permite a los trabajadores participar en las conversaciones sobre cómo la IA puede afectar a sus tareas, conocimientos profesionales, equipos y a la propia calidad de los videojuegos.
El trabajo a distancia también queda protegido. Los empleados que actualmente trabajan de forma remota podrán continuar haciéndolo, evitando que puedan ser obligados a trasladarse a otra parte del país para conservar su empleo. Aproximadamente una cuarta parte de los trabajadores incluidos en el convenio se encuentra en esta situación.
Límites a la externalización
El acuerdo incorpora igualmente medidas contra la sustitución de trabajadores por personal externo. Blizzard no podrá despedir a un empleado mientras mantenga contratistas incorporados durante el último año realizando un trabajo similar. Además, un trabajador despedido no podrá ser sustituido por un contratista durante el año siguiente.
También se incluye una cláusula destinada a proteger el convenio ante una posible venta. Si Microsoft decidiera desprenderse de las unidades sindicalizadas de Blizzard, la empresa compradora tendría que reconocer el acuerdo colectivo.
Entre las medidas acordadas aparece además una especialmente simbólica: el 1 de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores, pasa a ser festivo remunerado para las plantillas cubiertas por el convenio.
La seguridad laboral, en el centro del conflicto
La estabilidad en el empleo se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los trabajadores tecnológicos. Poco después de comprar Activision Blizzard por unos 75.000 millones de dólares en 2023, Microsoft anunció en enero de 2024 el despido de 1.900 trabajadores de su división de videojuegos, alrededor del 9 % de la plantilla.
En julio de 2026, la compañía anunció otros 3.200 despidos en su división de videojuegos. La mitad se ejecutaron inmediatamente y afectaron también a miembros de CWA en Bethesda, ZeniMax y otros estudios. Otros 1.600 despidos están previstos antes de finalizar 2027.
Esta inseguridad laboral fue precisamente uno de los factores que impulsaron la organización dentro de Blizzard. Paul Cox, diseñador sénior de contenidos de World of Warcraft y trabajador de la compañía desde hace 19 años, resume el problema señalando que pertenecer a un sindicato permite evitar que los empleados sean tratados simplemente como una línea dentro de una hoja de cálculo.
Camisetas rojas y organización dentro de la empresa
La campaña sindical también desarrolló formas de movilización adaptadas al funcionamiento cotidiano de una empresa tecnológica. Blizzard dispone de grandes oficinas estadounidenses en Austin, Boston, Irvine y Albany. Gracias al acuerdo de neutralidad, CWA pudo instalar mesas informativas dentro de las instalaciones.
Los trabajadores recuperaron además una tradición histórica del sindicato: vestir de rojo los jueves. Las camisetas rojas llegaron a llenar cafeterías y reuniones con la dirección, convirtiéndose en una demostración visible del apoyo al sindicato.
La organización también se trasladó al terreno digital. Los trabajadores modificaron sus fondos de Zoom y fotografías de perfil en Slack para mostrar su apoyo, mientras los canales internos de comunicación se utilizaban para explicar las razones para sindicalizarse y respaldar públicamente a los equipos negociadores.
Estas herramientas resultaron especialmente importantes para incorporar a quienes trabajan a distancia. Se organizaron sesiones sindicales específicas y reuniones digitales para evitar que los empleados remotos quedaran al margen de la campaña.
Negociar juntos para ganar fuerza
Inicialmente, las diferentes unidades sindicales de Blizzard negociaban por separado con Microsoft, aunque sus respectivos comités mantenían contacto entre sí. Durante la negociación organizaron marchas conjuntas por el campus de Irvine, concentraciones, elaboración colectiva de pancartas e incluso una sentada en la planta donde se encuentran las oficinas de los ejecutivos.
Con el tiempo, los trabajadores comprendieron que la unidad de World of Warcraft, por ser la más numerosa, podía establecer las condiciones de referencia para las demás plantillas. Finalmente, Microsoft aceptó extender las condiciones negociadas con esos trabajadores al resto de unidades sindicalizadas de Blizzard.
Otro elemento de presión fue la proximidad de BlizzCon, la gran convención anual de la compañía, que reúne a decenas de miles de personas. La edición de este año se celebró entre el 11 y el 13 de septiembre, apenas unos días después de alcanzarse el acuerdo.
CWA cuenta actualmente con alrededor de 4.000 trabajadores de videojuegos organizados dentro de Microsoft, además de otros 550 miembros de United Video Game Workers. En una encuesta realizada entre trabajadores estadounidenses del videojuego a comienzos de 2026, el 82 % de los participantes se mostró favorable a la sindicalización.
El primer convenio de Blizzard convierte así años de organización interna en derechos laborales escritos y exigibles, especialmente en materias que están marcando el futuro del sector: despidos, externalización, teletrabajo e inteligencia artificial.