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El estrés de regresar al trabajo

Un porcentaje significativo no consume suficiente magnesio ni vitamina B12, lo que puede desencadenar o empeorar la percepción subjetiva del estrés.

Voy, por un momento, a romper la pared que nos separa para hablarte directamente. Este domingo no he dormido nada bien. Me he despertado cada media hora de un sueño ligerísimo y con una sensación constante de angustia por los correos que me acechan en la bandeja de entrada. Sé que no soy el único. La vuelta de las vacaciones es una experiencia desagradable que puede afectar a gran parte de la población. Y es normal.

Las sensaciones que vivimos al volver al trabajo son producto del estrés, una respuesta ante los estresores externos modelada por la historia de la humanidad. Este sistema adaptativo se encarga de evaluar el entorno de forma continua y emitir respuestas, ya sea a nivel físico, fisiológico o psicosocial. Así, cuando en tiempos precivilizados nos teníamos que enfrentar a un depredador, o ante una situación de vida o muerte, el cuerpo agudizaba sus sentidos y preparaba sus músculos para luchar o huir.

El problema (o la fortuna, según como se mire) es que en el mundo moderno ya no hay depredadores, aunque los sistemas de alerta siguen grabados en nuestro cerebro. Debido a esto, nuevos estresores pueden activar estos mismos circuitos y hacernos percibir una amenaza tan intensa como un león a punto de atacarnos, aunque sólo se encuentre en el interior de nuestra mente. Y lo peor es que la «amenaza laboral» acecha todos los días durante 8 horas (o más), lo que sobrecarga el sistema y, a la larga, puede desencadenar graves problemas de salud y minar la salud mental.

Pero en este contexto, en el que el trabajo actúa como estresor, la falta de dos nutrientes podría agudizar los cuadros de estrés. En los últimos años, las sociedades de nutrición tienen en el punto de mira al magnesio y la vitamina B12 porque una parte significativa de la población podría no estar ingiriendo suficiente de uno o ambos compuestos. Debido a su importancia en el buen funcionamiento del sistema nervioso, sus carencias podrían explicar parte del estrés que sufre la gente que comienza a trabajar.

Un mineral con múltiples usos

Comenzando por el magnesio, el estudio ANIBES de la Sociedad Española de Nutrición estima que alrededor del 80 % de la población no ingiere suficiente magnesio con su dieta habitual. Esta falta en la ingesta tiene un origen multifactorial, que va desde cambios en los hábitos de consumo, en los que cada vez se consumen menos verduras de hoja verde y semillas, hasta la pérdida de minerales en el suelo, por lo que el resto de los alimentos no contribuyen a suplir las carencias.

El resultado es que, de los 300 o 350 mg de magnesio diarios recomendados, la población española consume alrededor de 222 mg. En vacaciones, donde las dietas suelen ser más laxas que en el resto del año, el consumo de magnesio también puede disminuir, lo que acaba generando un déficit aún mayor de este mineral, que puede afectar al organismo y especialmente al sistema nervioso. Las neuronas necesitan magnesio para regular la fuerza y duración de los impulsos nerviosos, así como estabilizar las membranas celulares.

Por este motivo, los síntomas subclínicos de la falta de magnesio son muy variados y van desde el cansancio, la fatiga, los calambres y el nerviosismo, hasta la dificultad para dormir. Así pues, una falta de magnesio puede confundirse con, o agudizar, los nervios y la ansiedad de volver al trabajo.

La vitamina B más preciada

Por otro lado, la carencia de vitamina B12, conocida como cobalamina, también se considera relativamente frecuente. Aunque en estos casos, los diversos estudios apuntan a cifras muy dispares, que van desde un 3 % a un 40 % de la población. En España, la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia indica que la falta de B12 podría afectar hasta el 26 % de la población general y el 40% de los mayores de 65 años.

La B12 tiene muchas funciones, entre las que se encuentra la formación de eritrocitos o glóbulos rojos, las células especializadas en llevar oxígeno a los tejidos. Además, también se encarga de formar mielina, que es la capa de protección que recubre a los nervios. Sin estas capas, los impulsos nerviosos no se transmiten de forma tan eficiente y, por tanto, pueden producirse calambres y flojera.

Por tanto, el déficit de B12 puede empeorar cuadros de anemia y por este motivo, provocar sensación de cansancio. Además, en el sistema nervioso puede dificultar los impulsos nerviosos, lo que, sumado a la súbita carga de trabajo, puede agudizar la sensación de estrés y de neblina mental.

Por tanto, volviendo a mi caso personal, no tengo muy claro qué hacer. Confieso que estas vacaciones probablemente he pecado de excesos (o defectos) en la toma de ciertos nutrientes, ya que he cambiado la dieta. Pero antes de caer en las garras de la suplementación voy a darme una oportunidad para volver a habituarme a la rutina, a volver a tomar más semillas en los desayunos y a volver a consumir más pescado a lo largo de la semana. Aunque si hay una acción segura y que espero que sea la que mejor funcione, es volver a convencer a mi cerebro de que la vuelta al trabajo no es una amenaza.

Daniel Pellicer Roig es Biotecnólogo especializado en biomedicina y enfermedades raras.

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