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Harto de todo: L’Odi Social

L’Odi Social fueron la voz del pueblo. Aunque su sonido se fue hardcorizando, nunca dejaron de lado sus letras de tinte punk. Su carácter popular nos ha dejado eslóganes perpetuos. Su conexión con la gente de a pie fue instantánea y fueron capaces de condensar ideas de alto octanaje político en frases como “Que pagui Pujol” o “Ataka a l‘estat que t’apuja les birres”.

Fue una de las bandas más importantes del hardcore punk catalán y de la escena punk de Barcelona durante los años 80. El grupo se formó en 1981 con el nombre Odio Social y posteriormente adoptó la forma catalana L’Odi Social. Se mantuvo activo hasta 1992.

Orígenes

La banda nació en Barcelona alrededor del bajista Josep «Poly» Urpí y el batería Saina. La formación clásica quedó completada por Jordi «Gos» (voz) y Fernando «Damned» (guitarra). Formaron parte de la primera generación del hardcore punk barcelonés junto a grupos como GRB, Subterranean Kids y Anti/Dogmatikss.

Ideología y estilo

L’Odi Social destacó por su actitud antisistema, antifascista y cercana al anarquismo, además de ser uno de los primeros grupos punk en utilizar el catalán en títulos y letras de sus canciones. Sus actuaciones estaban vinculadas a movimientos sociales, centros ocupados y festivales reivindicativos.

«Que pagui Pujol» (1986)

Su obra más famosa fue el EP «Que pagui Pujol», editado en 1986. El disco se convirtió en una pieza de culto dentro del punk español por su crítica política y su carácter autogestionado. Fue prensado en Italia para evitar problemas de censura y con el tiempo alcanzó un gran valor entre coleccionistas.

«Esventats» (1990)

En 1990 publicaron su único LP, «Esventats», considerado una de las referencias fundamentales del hardcore punk catalán. En él consolidaron el uso del catalán y una identidad propia dentro de la escena underground.

Disolución y legado

La banda se separó en 1992, aunque algunos miembros continuaron en otros proyectos punk. Años después realizaron reuniones puntuales y su influencia siguió creciendo. Actualmente se les considera uno de los grupos más influyentes del punk catalán de los años 80 y un referente cultural de la contracultura barcelonesa.

Harto de todo: Historia oral del punk en Barcelona 1979-1987 de Jordi Llansamà.

A continuación hablan los cuatros mienbros de L’Odi Social.

pt. I (Gos).

Raíces

A través de mis hermanos mayores empiezo a escuchar The Police, Blondie, The Jam y The Who, pero mis primeros cinco discos son Plasmatics, Dead Kennedys, UK Subs, Ramones y Sex Pistols, comprados con trece años en un viaje a Andorra. En octavo de EGB, con 14 años, ya llevaba una chupa negra de sky con las letras Punk en la espalda. Las letras eran un transfer que me planché en la portería de las chapas y camisetas de Las Ramblas.
Un día me crucé en el barrio con el Poly y me dijo que me fuera a Gràcia con él. Él se veía con toda la gente del Miky, que no eran punks, sino gamberros y gente de barrio, callejeros. Allí conocí al Saina. Con esa gente empezamos a hacer camarilla, pero el Saina, el Poly y yo también empezamos a movernos con los punks del Zurich, gente como las dos Tinas, la Núria, el Boliche, el Nasti, el Jere; gente que se movía por el Patata y que era mayor, como los Frenopaticss. Los fines de semana nos juntábamos un montón de gente porque se añadía la peña del extrarradio. Íbamos al Barrio Gótico, a la calle del Call, al Patata, a la Plaza Real, y nos bebíamos unas Xibecas y nos fumábamos
algún porrillo. Nos movíamos por el centro porque era donde no nos miraban tanto y donde la policía nos agobiaba menos. En el barrio nos paraban cada dos por tres. Era una época en la que llevar una cresta llamaba mucho la atención y cualquier cosa era una buena excusa para pedirte la documentación. Cuando se juntaban los punks de Girona, que eran punks muy punks, muy brutos y muy yonquis, siempre había altercados. Tengo algún recorte de diario que dice “Los punks, amos y señores del centro urbano de Barcelona”.
Me acuerdo también de los primeros conciertos que vi en el Ateneu Santboià como Último Resorte, Zarama, Disturbio, etc. Un concierto en la Barceloneta acabó a hostias con todos los garrulos del barrio. En esa época todos los manguis estaban en contra de los punks y más de una vez se había montado alguna tangana porque nos querían pegar. Para evitar estas movidas siempre teníamos que ir en grupo. Íbamos 15 ó 20 en el metro y te sentías seguro. Si yo, que era un crío, ya flipaba con las pintas que llevaba la peña, imagínate la gente normal que iba en el metro. Recuerdo que se apartaban o se cambiaban de asiento.

Mas Palou. Las dos caras del Gos. La más combativa y la más amable (Archivo Gos)

L’Odi Social

L’Odi Social es un proyecto del Poly. El nombre lo sacó de una entrevista de los Damned y la semilla del proyecto nace en el Miky, un salón recreativo de Gràcia con futbolines, donde se hacían trapis y podías fumarte algún porro disimuladamente en un rinconcito. El Poly es un excursionista, un boy scout emprendedor con ganas de hacer cosas, y fue el responsable de poner en marcha este proyecto. Empezamos ensayando en un trastero que tenían los padres del Poly con dos timbales, una guitarra, un bajo y un micro, todo enchufado al mismo amplificador, no cabía nada más. Luego pasamos a la tienda que tenía la madre del Saina y ensayábamos en su habitación. Teníamos una batería, dos amplificadores y una radio donde enchufábamos el micro. Entonces yo tocaba el bajo, el Poly tocaba la guitarra y el Saina la batería. La disposición de los instrumentos cambió cuando entró Fernando.
La primera grabación seria que hicimos fue en Maratón. No teníamos ni puta idea de cómo se trabajaba en un estudio y tuvimos la mala suerte de ir a topar con un hippy que no había grabado una banda de punk en su vida. Menos mal que fuimos bien preparados… Nuestro single Que pagui Pujol suena más o menos bien porque nosotros llegamos al estudio con nuestro sonido y con la energía que habíamos trabajado muchas horas en el local.

El Poly estuvo en Italia una buena temporada, sin un duro, con la gente de Declino, Negazione, Wretched y la gente de Pisa. Se vino con los singles en la mochila. Recuerdo que yo perdí un paquete de 25 copias con la Vespa en la calle Bailén con Diagonal

Para la edición del single el Poly se pegó la mayoría del curro. Tenía contacto a través de Anti/Dogmatikss con el Sisa y se fue a hablar con la gente de La Roca para ver cómo podían conseguir dinero para editar nuestro single, porque teníamos muy claro que queríamos autoproducirlo. Hicimos un montón de bolos para podernos costear la grabación, pero necesitamos la ayuda de la gente de La Roca para poder editarlo. El Poly es el que cogió la mochila, el máster y la pasta y se fue a Italia. El Saina fue el que se curró el diseño y los collages del single. Si te fijas, en la contraportada está Pujol pagando en una taquilla del metro. Era una foto recortada del diario, pero en la reproducción del single casi ni se aprecia. El Poly estuvo en Italia una buena temporada, sin un duro, con la gente de Declino, Negazione, Wretched y la gente de Pisa. Se vino con los singles en la mochila. Recuerdo que yo perdí un paquete de 25 copias con la Vespa en la calle Bailén con Diagonal.
En este grupo siempre ha habido dos cerebros enfermos, que son el Poly y el Saina, y fuimos el primer grupo en hacer campañas publicitarias a nivel de calle. Todos los autobuses iban llenos de pintadas con leitmotivs como “L’Odi, no ho saps, home? No ho saps encara? L’Odi, home, L’Odi [El Odio, ¿no lo sabes, hombre? ¿No lo sabes todavía? El Odio, hombre, El Odio]”. La gente se preguntaba qué coño era eso de L’Odi. Te ibas encontrando frases con dibujitos en todos lados: en Gràcia, en el centro, en Guinardó… Era propaganda gratuita, no teníamos adhesivos; eran el Poly y el Saina, que iban dejando mensajitos de ese estilo por todas partes.
Creo que Esventats marca la época hardcore de L’Odi. En Que pagui Pujol ya había velocidad, pero era muy punk. El Saina se fue a California y volvió con todo el ‘sonido California’, RKL, un montón de contactos, etc. Además siempre hemos tenido ciertas connotaciones Oi!, y eso se nota en el single.

L’Odi Social en el gaztetxe de Andoain. Saina, Poly, Damned y Gos (Fotos: Txisto/Archivo Gos)

Relaciones

Hemos compartido local con un montón de grupos: Skatalà, Anti/Dogmatikss, Shit S.A., Últimos de Cuba, GRB, Subterranean Kids, etc., y nunca hemos tenido ningún problema.
Había dos camarillas: la del local de Las Moscas, con Anti/Dogmatikss, Shit S.A., L’Odi y el Bolo, que pasaba mucho por el local, y la de Nou de La Rambla, con Sentido Común, Subterranean Kids y GRB. No estábamos separados, nos encontrábamos en todas partes.
Las relaciones personales siempre marcan las relaciones de colectivos, de grupos y proyectos, y hay que intentar que una relación personal o las roturas sentimentales no intervengan en algo que es colectivo. Al principio creo que no teníamos ni envidias sanas, ni siquiera rencillas. Más o menos todas las bandas tocábamos. Después otros grupos tuvieron más salida a nivel de conciertos en comparación con otros que se quedaron más estancados. Con el único que tuve algo de roce a nivel ideológico fue con Ángel. Con todo lo que ha vivido, con todas las ostias que ha repartido y toda la violencia que nos ha tocado vivir y que él también exteriorizó, después se volvió muy teórico
en cuanto al activismo político. “Con paciencia y sin violencia destruiremos al estado”. ¡No me jodas! ¡Esto, o te lo cargas a degüello, o no hay quien lo destruya! ¡Si no, mira cómo estamos…! “¡A los nazis no hay que pegarles, hay que convencerles”. ¡No me jodas, tío! Un nazi que te está machacando a toda la peña, cuando lo encuentras lo machacas, ¡punto pelota! Ojo por ojo y diente por diente.

L’Odi es una respuesta a que la balanza del amor no siempre se lo lleva todo. Hay otra parte de la vida cuando te sientes mal, cuando te putean, cuando te ahogan, cuando te maltratan, que es el odio, la rabia. La tienes que exteriorizar, la puedes canalizar más o menos, pero tienes que sacarla, echarla

A mí siempre me ha gustado expresarme y rabiar. Igual que me gusta querer, me ha gustado rabiar. No tengo solo la vertiente amor, hay amor y hay odio, L’Odi es una respuesta a que la balanza del amor no siempre se lo lleva todo. Hay otra parte de la vida cuando te sientes mal, cuando te putean, cuando te ahogan, cuando te maltratan, que es el odio, la rabia. La tienes que exteriorizar, la puedes canalizar más o menos, pero tienes que sacarla, echarla. Si no, te la quedas dentro.
Hay grupos que han estado luchando más por una cuestión social y otros que han estado defendiendo una escena musical. Yo nunca he hecho buenas letras. Las buenas letras siempre han salido del Poly, del Papus, del Kike de Skatalà, de la Amy. Nunca he sido un teórico, siempre he sido demasiado directo: romper, quemar, romper, quemar.

Gos (Archivo Gos)

Drogas

Las sustancias estupefacientes estaban ahí antes que el punk. Cuando salía con la gente del barrio o con la gente del instituto empecé a fumar petas y beber alcohol. La gente que no ha tenido información es porque no ha querido. Además, viendo lo que les estaba pasando a los colegas de alrededor, era un buen momento para tomar determinadas decisiones. Está bien el tema de experimentar, de acuerdo, pero ahora ya sé por qué pringa la peña, y yo no quiero pringar.
Maldita Heroína era porque en aquella época, hace 25 años, había mucho caballo, no existía el speed. La cocaína existía en cantidades irrisorias y en circuitos muy ‘in’, y teníamos muchos colegas que se engancharon al caballo y que se quedaron por el camino, o que se han quedado marcados para siempre.
Los porros siempre han estado ahí, son algo de la tierra. Pero creo que el alcohol es mucho más peligroso que los porros y que muchas otras drogas, porque sí que es una droga dura. He visto a mucha peña pringar con el alcohol y ahora, después de tantos años, estamos viendo sus efectos en muchos colegas.

La sociedad es muy hipócrita, se queja de las drogas. ¿Qué drogas? ¿Las que la ley marca como drogas? El alcohol es una de las peores drogas y es legal. La gente está pillada por muchas drogas. Mucha gente está enganchada a la televisión, otra no funciona sin un café

En la actualidad hay mucha información, pero también hay drogas por todas partes y de muchos tipos, drogas químicas y sintéticas. La gente debe tener conciencia de lo que se está metiendo. ¿Con qué se drogaba la gente de la calle cuando no había drogas? Lo hacía con pastillas, dexidrinas, minilips, pastillas para adelgazar, para perder el apetito, optalidones, maxibamatos, centraminas… Diez o doce chuflas, dos o tres Xibecas y cuatro caladas de un peta y con 16 años ibas a tope.

Gos, Poly y Boliche por Euskadi (Archivo Gos)

La mayoría de las letras del Poly son experiencias. Había un montón de gente que se metía speed diariamente y además vivían del trapicheo sacando grandes beneficios. Es respetable, cada uno se busca la vida como puede. Speed era una autocrítica a nosotros mismos y a nuestro entorno. El speed era el modus vivendi tanto para follar, como para irse de fiesta, como para estar con los colegas, como para sacarles la pasta. Esa letra sólo decía que todos formábamos parte de esta mierda. La sociedad es muy hipócrita, se queja de las drogas. ¿Qué drogas? ¿Las que la ley marca como drogas? El alcohol es una de las peores drogas y es legal. La gente está pillada por muchas drogas. Mucha gente está enganchada a la televisión, otra no funciona sin un café. Si prohibiesen fumar la gente saldría a la calle a montar una revolución. La
gente está enganchada al curro y hay gente que se suicida cuando se jubila porque no sabe hacer otra cosa que currar, porque ha sido programada para eso. No digáis que esto es bueno y esto es malo, porque todos formamos parte de la misma mierda. De acuerdo que el caballo mató a mucha gente rápidamente, pero el alcohol también lo está haciendo más lentamente. Las depresiones, nuestra manera de vivir, también enganchan. También mata producir, consumir y callar. El tema de las drogas en aquella época era muy visible, muy palpable, muy directo, pero era pequeñísimo. Ahora es mucho más visible y mucho más palpable. Hay drogas por todas partes. Las chuflas de ahora son drogas que te afectan a la cabeza. ¿Eres consciente o no eres consciente de lo que haces?
Fotografía de portada: Foto clásica de la mediana Estrella que aparece en su primer single (archivo Gos)

Extraído de Harto de todo: Historia oral del punk en la ciudad de Barcelona 1979-1987 de VV. AA. (BCore, 2011)


Al habla Jordi Roca, nacido en 1967. Barrio del Guinardó (Barcelona)

pt. II (Poly)

L’Odi Social fueron la voz del pueblo. Aunque su sonido se fue hardcorizando, nunca dejaron de lado sus letras de tinte punk. Su carácter popular nos ha dejado eslóganes perpetuos. Su conexión con la gente de a pie fue instantánea y fueron capaces de condensar ideas de alto octanaje político en frases como “Que pagui Pujol” o “Ataka a l‘estat que t’apuja les birres”

Raíces

Mi primer contacto con el punk fue a través de la revista Vibraciones, el día que mi hermano mayor llegó a casa con un número que llevaba en la portada a los Sex Pistols. “¿Y estos colgaos con el pantalón roto y los pelos tiesos quiénes son?”. Me impactaron mucho a nivel visual. En los siguientes números aparecieron los Clash, los Damned, etcétera. Mi hermano se compraba el Vibraciones cada mes. Al principio escuchaba cosas como Suzi Quatro, Status Quo… Hasta que conseguí el single Smash it up de los Damned por 50 pesetas en una tienda del barrio de Sant Andreu.
Empecé a ir al centro para ver conciertos de Último Resorte. Con 16 años tienes ganas de descubrir cosas nuevas y te das cuenta de que este mundo no es como te lo han pintado. Las temáticas, las actitudes y la estética que nos llegaban de Londres me impresionaron muchísimo. Aquí no podías comprar chupas de cuero cruzadas, pero te lo montabas como podías, con una chupa para ir en moto de tu viejo y con unos pantalones viejos destrozados.

L’Odi Social

Tenía un compañero de clase con el que montamos Suburbio Punk. Un día estábamos en el Zurich y vimos que tocaban Ruido Molesto, Último Resorte, Disturbio y Zoquillos en el Ateneu de Sant Boi. Allí conocí al Dimony, al Bolo, la Silvia, Fernando (el Damned) y el Puril. No estaban todos juntos, estaban entre el público, pero les saludabas aunque no supieras cómo se llamaban. Recuerdo que el Damned (Fernando) se puso a hacer una jam session con los Attak versionando precisamente a The Damned entre grupo y grupo. Era la primera vez que lo veía tocar.

Con 16 años tienes ganas de descubrir cosas nuevas y te das cuenta de que este mundo no es como te lo han pintado. Las temáticas, las actitudes y la estética que nos llegaban de Londres me impresionaron muchísimo. Aquí no podías comprar chupas de cuero cruzadas, pero te lo montabas como podías, con una chupa para ir en moto de tu viejo y con unos pantalones viejos destrozados

Yo vivía muy cerca del Gos. Nos veíamos por el barrio y un día me preguntó: “Oye, ¿tú no estabas el otro día en Sant Boi?”. Al Gos le llamábamos ‘Perro’ porque quedabas con él a una hora y aparecía cuando quería. Creo que su novia fue la que empezó a llamarle así.
El Saina vivía en Gràcia e iba mucho por el Miky, un sitio de futbolines de la Plaza Lesseps. Un día nos encontramos y le pregunté: “¿Tú no estabas en el concierto de Último Resorte?”. Era la inquietud de unos chavales por hacer amistades nuevas que conectaran musical e ideológicamente con el momento que estaban viviendo.
A Fernando lo conocía de El Garage de Hospitalet. Él iba a limpiar a casa de un colega en Vallcarca y cuando pillaba el metro pasaba delante del Miky, y allí estábamos el Saina, yo y peña skin del barrio fumando porros. Le llamaban Damned porque llevaba pintado el logo de The Damned en la espalda de la chupa. Le dijimos: “¿Tú no estuviste el otro día tocando la guitarra? Tenemos un grupo y necesitamos un guitarra”.

L’Odi Social en el gaztetxe de Andoain (Fotos: Txisto/Archivo Gos)

El mote de Poly me lo puse yo mismo. Me llamo Josep y la verdad es que sonaba muy poco punk. Llevaba unas pintas en plan Ramones y Josep no quedaba punk:
– ¡Qué pasa, colega! ¿Cómo te llamas?
– Josep.
A mí me gustaban mucho los Pistols y en especial su batería, Paul Cook. En la película le llamaban Cooky. Si de Cook salió Cooky, de Paul (‘Pol’, si lo escribes en castellano tal como suena), Poly. Una vez volví de vacaciones y me fui a trabajar a un restaurante. Recuerdo que me preguntaron: “¿Cómo te llamas?”. Me quedé unos segundos pensativo y respondí: “Poly”. Ahora me gusta mi nombre, Josep, pero en aquellos momentos se daba de patadas con el punk.
Empezamos ensayando en el colmado de los padres del Saina. Tuvo que cambiarse la cama por un plegatín y lo retirábamos todo para poder montar el equipo y ensayar. Después volvíamos a ponerlo todo en su sitio. También ensayamos en un trastero que tenía mi padre donde guardaba el coche. Cada dos por tres venían los vecinos y nos decían que no podíamos ensayar allí armando ese jaleo.
Originalmente nos llamábamos Odio Social. El nombre lo saqué de una entrevista de los Damned para el Vibraciones. Captain Sensible había reunido la banda y acababan de editar Machine Gun Etiquette. En la crítica de uno de sus conciertos decían: “Los Damned salieron al escenario y empezaron a descargar todo su odio social”. La madre del Saina fue la que nos dijo que qué era esto de tener el nombre en castellano, así que decidimos cambiarlo por L’Odi Social.

Originalmente nos llamábamos Odio Social. El nombre lo saqué de una entrevista de los Damned para el Vibraciones. La madre del Saina fue la que nos dijo que qué era esto de tener el nombre en castellano, así que decidimos cambiarlo por L’Odi Social

Yo ya había estado cantando con Anti/Dogmatikss, que habían sido pioneros en cuanto a grabaciones y autoediciones. Ensayábamos en el mismo local que L’Odi en Llucmajor. El single de L’Odi lo grabamos en los estudios Maratón. Fuimos bastante tardones en decidirnos a grabar. Estuvimos dos años haciendo conciertos y no nos decidimos hasta el ’85. La portada se hizo en Gràcia, en la imprenta de un colega del Saina. Yo hice tres viajes a Italia con mi novia para fabricar el single. Ahora sería muy fácil, pero por teléfono era bastante complicado concretar todo. A través de la gente de Pisa, el Sandro de CCM me pasó la dirección de Milán donde prensaban los discos. Primero fui a hacer la matriz y luego se plancharon las copias. Cogían bloques de vinilo como pastillas de jugar a hockey, las aplastaban contra las matrices y de ahí salían los discos. Era una empresa familiar que se dedicaba a esto. En su garaje tenían 3 ó 4 máquinas y un porche con un
tejado de uralita. Cuando fui a recoger los discos me invitaron a comer. Pasta, una tabla de quesos… Era la típica familia italiana reunida en el porche para comer y beber vino, una gente de unos 50 años. Los singles los cargué en un par de mochilas rodeándolos con ropa para protegerlos. Los billetes de tren con los que íbamos a Italia eran falsificados. Los italianos son más chorizos que nosotros y tenían un sistema muy fácil para falsificarlos. Volví a Barcelona porque teníamos que tocar en el Nicaragua Rock, así que regresé a Italia en un segundo viaje para fabricarlo y en un tercero para recogerlo. Con el último billete de vuelta a casa el revisor francés se dio cuenta de que era falsificado. “Ya te dije que nos pillarían”, dijo mi novia. Ya me ves a mi cargado con todos los discos llegando a La Jonquera. Finalmente dio la casualidad de que era un pasma, no un revisor , y me dijo: “Si te tiene que pillar alguien, que te pille el revisor. Yo soy gendarme, buen viaje”. Si hay gente que nace con una flor en el culo, yo soy uno.

Poly fumándose un cigarro durante un respiro. Look hardcore (hardcore non e solo mocadore) (Foto: Xavier Mercadé)

La gente de La Roca puso el dinero para prensar el disco. Creo que nosotros pagamos la grabación, pero el 75% de la pasta la pusieron ellos. Nos apoyaron muchísimo en la edición del single. Son roquerols, se les ocurrían unas historias… Hicimos una maqueta con 13 temas, 12 propios más una versión de DRI. Por cuestiones de presupuesto decidimos sacar un single, pero la gente conocía todos los temas de la grabación de escucharlos en Radio Pica. Precisamente El Picarol nos dijo que una de las razones por las que le habían cerrado la radio era por pinchar “Gossos de cuadra”, de L’Odi. Él reeditó el concierto del Nicaragua Rock para recaudar fondos para la radio. Nosotros siempre le estuvimos muy agradecidos por su apoyo. Radio Pica fue básica para que la escena funcionara.

En Milán, donde prensaban los discos, era una empresa familiar que se dedicaba a esto. Cuando fui a recoger los discos me invitaron a comer: pasta, una tabla de quesos… Era la típica familia italiana reunida en el porche para comer y beber vino, una gente de unos 50 años

Nuestro LP Esventats tiene un par de temas que son la coletilla del single Que pagui Pujol. La mayoría del disco está compuesto en Barcelona, pero estuvimos un par de meses en Mas Palou (Roses, Girona) preparándolo. Teníamos unos amigos que regentaban una masía, así que un verano que se fueron de vacaciones dejaron que nos instalásemos allí para poder ensayar. El disco se llama Esventats en homenaje a L’Empordà. Lo ensayamos y machacamos allí. En el Empordà la gente se vuelve loca por culpa del viento de tramontana.
El Puril se apuntó en plan de vacaciones. Tenía que estar diez días y acabó pegándose una estancia de un mes y medio. Fue un toca huevos, aunque le pese. Acabé del Puril hasta arriba. Un día hubo un poco de follón entre él y el Saina en el bar donde íbamos normalmente a tomar cervezas. Íbamos muy justos de pasta. El mosqueo fue tal que el Saina acabó tirando la cama del Puril desde la ventana de la masía. Se pelearon y el Puril le tiró varias pilas a la cabeza. Al día siguiente el Saina se levantó con un queme considerable. Estaba preparando la batería para ensayar y no le acababa de sacar buen sonido. El resto estábamos recogiendo hierbas en el patio para hacer una hoguera y el Saina empezó a machacar su batería contra las paredes. La dejó en mil pedazos. Cuando fuimos a encender el fuego nos encontramos la batería a trozos encima de las hierbas para quemar… Se cruzó. Nos metíamos de todo, pero fue un verano productivo porque
perfeccionamos los temas del Esventats y en diciembre o enero entramos en el estudio para grabarlo, con otra batería, evidentemente.

Anti/Dogmatikss actuando en la Universidad de Barcelona (Foto: Archivo Sisa)

Del punk al hardcore

Creo que cuando tocaron los MDC en Zeleste fueron el detonante del sonido hardcore en Barcelona. Tocaron dos días seguidos y todo el mundo se quedó flipado. Todas las bandas empezaron a tocar rápido. Con Anti/Dogmatikss hicimos un viaje a Italia y vinimos cargados de discos de Minor Threat, Scream, etc., discos que no se podían encontrar aquí. La visita de los Impact también fue importante. Venían de Italia y allí tenían más información sobre el hardcore que se estaba haciendo en Estados Unidos. “¿Hay que tocar rápido? Pues vamos a tocar rápido”. Con L’Odi ya tocábamos rapidillo, pero un rollo más punkarra que hardcore. La visita de BGK también fue determinante. Tocamos con Anti/Dogmatikss como teloneros con nuestro sonido escacharrado, y después subieron ellos, tocaron cuatro botones de los mismos amplis con los que habíamos tocado nosotros y sonaron a gloria. Supongo que los instrumentos también tenían algo que ver. Llevaban mil conciertos y eso se notaba muchísimo, tenían tablas.
Fotografía de portada: Anti/Dogmatikss. Poly con look punk a lo GBH (Txisto/Archivo Gos)

Extraído de Harto de todo: Historia oral del punk en la ciudad de Barcelona 1979-1987 de VV. AA. (BCore, 2011)


Al habla Josep Urpí. Nacido en 1965. Barrio de Gràcia – Guinardó (Barcelona)

pt. III («Damned»)

Raíces

Mis primeros contactos con el punk fueron a través de Puril. Éramos vecinos y nos veíamos diariamente en el barrio, con 15 ó 16 años. Él tenía amigos en Gelida que estaban ya bastante puestos en el tema y que iban a Londres y traían discos de los Pistols, de los Damned, etc., así que también me traía algunas cintas que le habían grabado y bajábamos juntos a Discos Castelló a comprar discos, chapas, etc. Más tarde empezamos a movernos en los conciertos de Último Resorte en el Garaje de Sant Ramon de L’Hospitalet. Era un garaje donde habían tocado Decibelios, Último Resorte, Attak, Disturbio… y ahí empezamos a tener los primeros contactos con los grupos. Los Último Resorte ensayaban en L’Hospitalet en unos locales que alquilaba el mismo tío que llevaba El Garaje. En los primeros conciertos punks conocimos a Boliche y empezamos a ir por su casa. Tenía la batería montada en su habitación. Él fue nuestra puerta de acceso a un montón de música y a un montón de gente. También íbamos mucho al Patata, el típico bar de barrio para abuelos donde se juntaba la peña a hacer unas birras. Tenían una jukebox con el God Save the Queen de los Pistols y Manolo de los Decibelios siempre estaba por allí jugando a cartas.
Cuando era punk yo llevaba una chupa cruzada y me pinté las letras de The Damned en la espalda con pincel y tinta blanca, así que la gente, como no sabía mi nombre, empezó a llamarme Damned. A Puril le puso el mote la madre del Bolo. La mujer quería decir ‘pueril’ porque decía que tenía cara de viejo, pero se equivocó, porque ‘pueril’ quiere decir infantil. Entonces Bolo ya empezó a chotearse y acabó llamándole Puril.

L’Odi Social

En los conciertos de El Garaje de Sant Ramon contacté con Saina y Gos por primera vez. Ellos ya sabían que yo tocaba la guitarra. Iba casi cada día a currar a Vallcarca y bajaba en el metro de Lesseps, y ellos siempre estaban en unos futbolines que se llamaban Miky. Un día, al pasar por delante, me entraron: “Oye, ¿tú tocas la guitarra, no? Tenemos una banda que se llama L’Odi Social”. Llevaban unas chapas de L’Odi Social donde ponía “punk ilógico”. Yo les dije: “Yo no sé ni afinar la guitarra”, y ellos me dijeron: “Eso es lo de menos… ¿Quieres tocar?”.
Empezamos a quedar para ensayar en casa de Saina. Sus viejos tenían una tienda de comestibles y en la parte de arriba él tenía su habitación. Montábamos todo en una habitación pequeñísima para poder ensayar. Recuerdo que venían las señoras del barrio a comprar y le preguntaban a su madre: “¿Qué pasa ahí arriba?”. “Nada, mi hijo, que tiene un grupo…”. Y allí estábamos nosotros aporreando nuestros instrumentos.

Un día, al pasar por delante de unos futbolines que se llamaban Miky, me entraron Saina y Gos: “Oye, ¿tú tocas la guitarra, no? Tenemos una banda que se llama L’Odi Social”. Yo les dije: “Yo no sé ni afinar la guitarra”, y ellos me dijeron: “Eso es lo de menos… ¿Quieres tocar?”

En la casa de mis colegas de Vallcarca también tenían instrumentos y habíamos ensayado alguna vez. Básicamente ensayábamos en casas. Más tarde tuvimos nuestro primer local de ensayo en Roquetes, cerca de las casas de los gitanos. Siempre aporreaban la ventana y nos pedían que tocáramos una rumbita. Ahí también ensayaron GRB y Napalm. Más tarde ensayamos en el centro con Shit S.A. y Anti/Dogmatikss, en el local de Las Moscas.

1986, L’Odi Social, Plaça Guineueta con el Punky del Kafe Volter haciendo coros (Foto: Xavier Mercadé)

Éramos tontos: grabábamos en estudios profesionales cosas que podrían haberse grabado tranquilamente con un cuatro pistas en el local de ensayo y que hubieran sonado mucho mejor. Éramos inexpertos y nos metíamos en el estudio con unos técnicos que no tenían ni idea de cómo grabar este tipo de música. Además grabábamos todo en un par de días, incluso las mezclas, porque no teníamos presupuesto. Creo que si aquellas grabaciones quedaron más o menos bien fue porque nosotros sabíamos sacarles algo de sonido a nuestros amplis. Nuestro single lo grabamos en Maratón. Un desastre de gente, no hacían nada. Menos mal que nosotros traíamos toda la adrenalina y la velocidad y eso quedó reflejado en las grabaciones.

Del punk al hardcore

En L’Odi Social empezamos todos con las referencias inglesas como patrón. Pasamos de los Pistols, los Damned, los Buzzcocks, etc., a referencias americanas, y en esa misma época llegaron los MDC a Barcelona y arrasaron. Nos quedamos todos con la boca abierta. Yo creo que los MDC fueron un antes y un después en lo que era tocar rápido. A las dos o tres semanas todas las bandas que vimos ese concierto empezamos a acelerar nuestros temas y a tocar mucho más rápido. La gente de Piratas había traído anteriormente a los Peter and the Test Tube Babies y estaban de puta madre, pero los MDC eran otra cosa. Entre los MDC y los Dead Kennedys nos empezamos a interesar por las bandas americanas. Empezó a entrar Black Flag, Circle Jerks, DRI, Bad Religion de la primera época… Se juntó toda la actividad: Anti/Dogmatikss, algún que otro Maximum Rock and Roll que nos llegaba, el colectivo Fem d’Aquí de La Roca, etc.

L’Odi Social en el gaztetxe de Andoain. Todos al vuelo, incluso el Serra que iba de acompañante (Foto: Txisto/Archivo Gos)

Drogas

No teníamos ni un duro para comprar drogas, así que lo nuestro era mucho costo y un par de Xibecas. Eras joven y llevabas tanta adrenalina encima que no te hacía falta nada más. Cuando contactamos con los primeros punks como Xavi Shock y Panko todos iban puestos de jaco cada fin de semana. Recuerdo que Xavi me pidió en casa de un colega que le hiciera un torniquete para picarse, y yo le contesté qué pasaba. A mí me dan aprensión las agujas. Yo veía que estaban normales y de pronto empezaban a vomitar y me daba mucho asco. “¿Pero por qué coño se toman eso para estar vomitando?”. Le cogí mucha manía. Así que nosotros, que éramos jovencitos, acabamos pasando de ese rollo. Ni probarlo ni nada, no nos atraía.

Las letras contra la heroína eran porque estábamos todo el día juntos y queríamos denunciar algo que estaba destrozando a la gente y que tenía en ella un efecto contrario a lo que nosotros reivindicábamos en nuestras letras. Esa mierda les tenía apalancados

La moda era ir al Fantástico, comerse un ajo e ir por toda Barna dando vueltas y acabar donde fuese. Las letras contra la heroína eran porque estábamos todo el día juntos y queríamos denunciar algo que estaba destrozando a la gente y que tenía en ella un efecto contrario a lo que nosotros reivindicábamos en nuestras letras. Esa mierda les tenía apalancados.

Una comida durante su estancia en Mas Palou: Juanito, Gos, Damned, Saina, Poly y Puril (Foto: Archivo Gos)

Relaciones
No tuvimos tanta relación entre las bandas como hubiéramos deseado. Cada uno iba a su puta bola. Estaban los del centro, GRB y Subterranean Kids, que como ensayaban juntos tenían mucha relación. Nosotros estábamos aislados en el local de Vilamarí. La época en que estuvimos más conectados con la escena fue cuando bajamos al centro a ensayar al local de Las Moscas. El punto de reunión era el centro. Tampoco oías la música que estaban haciendo las otras bandas en ese momento. Las veías en directo y ya está, no nos llegaban cosas grabadas. Entre que el grupo grababa y que el disco veía la luz igual pasaban ocho meses, de manera que cuando salía ya no teníamos ni curiosidad por escucharlo. Nosotros íbamos a nuestro local, pero no visitábamos demasiado los locales de los demás. Cada uno hacía lo suyo con su estilo.

No oías la música que estaban haciendo las otras bandas en ese momento. Las veías en directo y ya está, no nos llegaban cosas grabadas. Entre que el grupo grababa y que el disco veía la luz igual pasaban ocho meses, de manera que cuando salía ya no teníamos ni curiosidad por escucharlo

En la época en que L’Odi no paró de tocar en Barcelona cada fin de semana nos pusimos casi de moda. Hablando con Boliche le decía que tenían que hacer lo mismo, que tenían que salir del local y tocar mucho más. Ellos aún pillaron el rollo, pero los GRB se quedaron muy apalancados en el local, no tocaban nunca. Parecía que estaban esperando el momento ideal para dar el gran concierto y al final acababan tocando en una mierda de sitio, con una mierda de sonido y con la gente de siempre, o sea que yo no sé para qué se dosificaban tanto. Ellos se lo miraban todo con lupa y creo que perdieron la oportunidad de hacer bastantes cosas.
Para la grabación del single nos ayudó la gente de La Roca. Lo fabricamos en Italia y los fue a buscar Poly con su novia en tren. El contacto fue a través del GDHC. Poly fue a una casa particular que tenía un taller e incluso le invitaron a comer. Luego se montó en el tren con todo el material que pudo y se volvió Barcelona. El resto nos lo enviaron.
Fotografía de portada: L’Odi en su local de ensayo con Damned (a la derecha) bromeando sobre como abrocharse la camisa al estilo Suicidal (Archivo Joni)

Extraído de Harto de todo: Historia oral del punk en la ciudad de Barcelona 1979-1987 de VV. AA. (BCore, 2011)


Al habla Fernando Pozas “Damned”. Nacido en 1963 en Begur, se traslada a Bcn con 10 años de edad. Barrio de La Sagrera

pt. IV («Saina»)

Raíces

Yo considero que he sido punk desde que nací. Siempre he sido un chaval muy problemático. De pequeño lo pasé fatal. Estaba en el colegio y siempre caminaba mirando al suelo. Me pegaban hostias para que levantara la cabeza. En casa no estaba demasiado bien. Era el hermano pequeño, el último que había llegado, y no me hacían ni caso. Todas estas cosas junto con el aburrimiento de que nunca pasara nada interesante fueron forjando mi carácter, así que cuando descubrí el punk y escuché a los Ramones por primera vez me di cuenta de que allí pasaba algo. Noté que aquello era música y me sentía identificado con ella. A partir de entonces un amigo y yo nos dedicamos a comprar discos, básicamente todo lo que llegaba de Inglaterra. Los comprábamos en una tienda de Gràcia que se llamaba Pan y Música, posiblemente de las primeras tiendas de Barcelona que empezó a traer discos de punk rock inglés.
Empiezas a adaptarte a una estética que, aunque no te convence del todo, tiene también una actitud. Recuerdo una anécdota estando en Sant Quintí de Mediona, un pueblecito cerca de Barcelona donde solía ir los veranos con mi familia. Yo ya iba de punki, pero la mayoría de los amigos del pueblo eran rockers. Estábamos sentados en un bar y de pronto apareció una manada de punkies de esos que van con cadenas en el cuello y candados y que cuando llegan se aparta todo el pueblo. Además no iban con la ideología de querer cambiar el mundo, sino todo lo contrario: su lema era “jode al que puedas”. Nos rodearon. Eran entre ocho y diez. Estaban el Ángel, el Xavi Shock y el Dimony como el peor de los peores, y me estuvieron abucheando y humillando en plena calle diciéndome que yo era un punki de plástico, un punki de juguete. Me arrancaron las chapas y las tiraron al suelo. Ése fue mi primer contacto con esa peña. Durante mucho tiempo los odié a muerte. Les plantaba cara, pero era sólo un crío de trece años. Esa gente en aquella época no respetaba a nadie, daban miedo. Semanas
más tarde me los volví a encontrar y estaba tan desesperado que acabé pidiéndoles una china para hacerme un peta. Lo hice para romper el hielo. No sé si eso les causó sensación, pero conseguí que acabarán dejándome en paz. Aun así hasta que no me vieron tocando con L’Odi no acabaron de respetarme de verdad.

Saina ensayando en el local con una Xibeca haciendo la función de ride (Archivo Gos)

Más tarde en Barcelona conocí al Poly a raíz de algún colega de Gràcia que era alpinista o boy scout, nada que ver con el punk. El tío era mucho más punki que nosotros. Era un poco más mayor y estaba súper entusiasmado con todo lo que oliera a punk, así que nos entró la euforia y empezamos a ir a conciertos en El Garaje de L’Hospitalet. Debía ser en 1980 y aquello me cambió la vida. Vi un concierto de Ruidos Molestos, Attak, Shit S.A. y Último Resorte. Era algo ultra salvaje; para mí fue un shock. No eran cuatro gatos, eran conciertos de verdad, la sala estaba a tope. Además había locales de ensayo y la mayoría de las bandas ensayaba allí. Todo era muy extremo. Después de aquello no he visto nada más extremo. Era un edificio destrozado con un garaje donde se hacían conciertos y locales de ensayo insonorizados a base de hueveras. Y todo autogestionado antes de que supiéramos lo que significaba y se utilizasen términos como ‘autogestión’, ‘autoproducción’ o ‘alternativo’.

La sensación que recuerdo es la de pasar miedo combinada con una emoción desmesurada; una sensación de pasármelo muy bien y de encontrarme en mi sitio. La gente era muy violenta y muy punk. Las drogas estaban por todas partes. Era el punk más autodestructivo y primitivo que he visto nunca, pero era súper auténtico

La sensación que recuerdo es la de pasar miedo combinada con una emoción desmesurada; una sensación de pasármelo muy bien y de encontrarme en mi sitio. El miedo era muy real. La gente era muy violenta y muy punk. Las drogas estaban por todas partes. Tomaban anfetas de manera salvaje y bebían de todo. Todo el mundo repartía pastillas, no había ningún tipo de conciencia. Era el punk más autodestructivo y primitivo que he visto nunca, pero era súper auténtico. Yo también necesitaba expulsar mi rabia de alguna manera. Igual para mí no era tan terapéutico bailar en un concierto o hacer cuatro pogos y tirarme desde el escenario. Para mí era más terapéutico meterme en el ajo, dentro, subirme a un escenario y sacar toda la mierda. Me despertó la vida. Si no me hubiera pasado esto posiblemente sería un zombi, como mucha gente. No sé qué tipo de experiencias habría tenido en mi vida, pero muy pocas probablemente. Ir a El Garaje cambió mi vida y la de mucha gente. Los punks se empezaron a multiplicar como moscas. En cuatro días, de cien pasamos a ser un montón.
Fue una gran época, pero tenía que acabar, no íbamos a ningún lado. No future, autodestrucción total, drogas… A esa edad no te das cuenta, pero no tardamos demasiado en empezar a cambiar. Pasaron como mucho un par de años hasta que cayó en mis manos un disco de Dead Kennedys, Fresh fruits for rotting vegetables, y allí sí que dije: “Vale, esto es lo que yo quiero”. Solo ver la portada pensé: “Esto es otro concepto. Las letras, el nombre del grupo… Esta gente está diciendo cosas sólo con el título”. Había un concepto; todo tenía importancia, no sólo la música: el logo, la foto… Me impactó muchísimo. Luego me llegó su single Too drunk to fuck y no podía creer que alguien fuera capaz de hacer una canción así.

L’Odi Social

Con el Poly teníamos ganas de hacer alguna cosa. Estábamos súper quemados por todo lo que nos rodeaba y teníamos la necesidad de canalizar esa rabia y exponer esas ideas. No nos dijimos “vamos a hacer algo o un grupo”, o “vamos a hacer algo para los demás”, sino que dijimos “vamos a cagarnos en todo”. Empezamos en un trastero con palos de escoba y fue muy real. Estábamos como locos. Nos queríamos llamar Suburbio. Me compré una guitarra, pero no llegamos a tocar nunca. Éramos cuatro y decidimos dejarlo. Fue entonces cuando el Poly decidió que montaríamos L’Odi Social. Yo empecé tocando la guitarra, pillamos a un tío para tocar la batería y de cantante a un chico que se llamaba Charly. Lo curioso es que nunca llegué a tocar la guitarra. Me la compré, la miré y pensé: “Esto es demasiado complicado”. Y le dije al que tocaba la batería que tocara él la guitarra y que yo tocaría la batería. No le sentó muy bien, así que nos volvimos a quedar el
Poly y yo solos. Ensayábamos en casa, en la mía o en la suya. Empezamos a conocer a más punkis y no sé cómo acabamos conociendo al Gos.

En la habitación que tenía en casa de mis padres empezamos a tener los primeros ensayos de L’Odi. Estaba justo encima del colmado de mi madre. Muchas veces la tienda estaba llena y nosotros estábamos ensayando justo encima. Tenía el suelo de madera y las señoras tenían que gritar para comprar un kilo de tomates

En la habitación que tenía en casa de mis padres, unos seis metros cuadrados donde dormía y hacía vida, empezamos a tener los primeros ensayos de L’Odi. Poníamos la cama en posición vertical para poder montar la batería e intentábamos tocar en ese espacio súper reducido. Recuerdo que los platos rozaban con la pared e iban dejando marcas y arrancando trozos de yeso. Esa habitación estaba justo encima del colmado de mi madre. Muchas veces la tienda estaba llena y nosotros estábamos ensayando justo encima. Tenía el suelo de madera y las señoras tenían que gritar para comprar un kilo de tomates. Sólo bajábamos a la tienda a coger Xibecas. Empezar algo así, en casa con la familia, era bastante anecdótico.

Poly, Gos y Damned cuando eran unos pipiolos (Archivo Gos)

El Poly era la bomba. Llegaba cada día con ideas nuevas, con letras. Yo era el más introvertido, no conectaba demasiado con la gente. El Poly se encargaba más de todas esas movidas y era el que más se movía. Era una persona de sorpresas y cambios constantes.
No teníamos aún la banda montada y ya nos llamaban para tocar. No teníamos ni temas. Hicimos un montón de bolos muy malos, incluso algunos frustrados; bolos donde no acabamos tocando. El primer concierto de L’Odi anunciado con un cartel y con equipo fue en el Instituto Montserrat con Brighton 64. Perro y gato en directo. Nunca antes había habido un concierto así.
La mayoría de la gente la conocí en el Zurich, el centro neurálgico del punk en Barcelona, el punto donde todos los días del año, a todas horas, podías encontrar a la peña. Y si no estaba uno, estaba otro; si no eran cinco, eran diez. Era el cuartel general. Allí conocimos al Fernando. Iba tan sumamente bien peinado, afeitado y maqueado con su chupa de cuero brillante y su pintada de los Damned perfecta en la espalda que le llamaban ‘el punki de juguete’. Era tan mono que parecía un muñeco de plástico. A partir de esa pintada en la chupa que llevó durante años le quedó el mote de Damned.

L’Odi Social fuimos unos inconscientes al cien por cien. En algún momento había alguno de los cuatro que lo era un poco menos y gracias a eso salvábamos algunas historias, pero lo bueno de L’Odi fue eso, que no había nada premeditado. Nos la sudaba todo, incluso grabar o editar

El Zurich, más que un meeting point, era un living point. Había gente que se pasaba días en aquellas escaleras. Cuando venía gente que no era de Barcelona era el sitio perfecto para contactar con la movida punk de la ciudad. Luego nos moviamos a la Plaza Real, al Texas. Yo no iba demasiado porque estaba toda esa gente más mayor y me daban un poco de reparo. Eran todos muy prepotententes y se metían con todo dios que no les pareciese suficientemente auténtico. Pero yo no tenía veinte mil pelas como otros para comprarme una chupa de cuero. Eso ya pasaba entonces, había mucho pijo. Algunos grupos como los Kangrena eran totalmente pijos.
L’Odi Social fuimos unos inconscientes al cien por cien, totalmente inconscientes. En algún momento había alguno de los cuatro que lo era un poco menos y gracias a eso salvábamos algunas historias, pero lo bueno de L’Odi fue eso, que no había nada premeditado. Nos la sudaba todo, incluso grabar o editar.
Fuimos pioneros autoproduciéndonos nuestro single. Nadie había hecho algo así en España. Lo grabamos en Maratón en el ‘85 y se planchó en Pisa (Italia). Se fabricó en Pisa como el que va a una panadería y pide diez barras de pan. Me refiero a que nos plantamos en Pisa y pedimos mil singles. Aquí se tenía que registrar todo y hacer mil historias legales. No lo queríamos hacer así, todo lo contrario: queríamos huir de todo ese sistema de mierda.

1986, L’Odi Social, Palau d’Esports. Nicaragua Rock (Foto: Xavier Mercadé)

Cuando tocamos en el Nicaragua Rock se vendieron once mil entradas, tres mil más de la capacidad del recinto. La recaudación fue la hostia, pero la mayoría de pasta se fue en los destrozos. Todavía recuerdo la cifra: 22 millones de pesetas en destrozos. Es una putada que toda esta movida tan interesante que se hizo en los ochenta se haya convertido en un mero mercadillo. Creo que el mundo alternativo de hoy en día es muy endogámico. Gente que hace grupos para tocar en los squats de sus amigos o en otros squats vecinos; a esa gente no le has de dar ningún mensaje porque ya se lo sabe. Lo interesante es hacer llegar ese mensaje a otra gente que no lo conozca. La gente que hoy en día quiere romper moldes o romper con algo lo hace para un público que ya piensa como ellos. Ésa es la diferencia respecto a lo que hacíamos nosotros. Nosotros cambiábamos la mentalidad de la gente. Esto no pasa hoy en día y es necesario.

La gente dice que hoy el nivel de vida es muy alto y que vivimos de puta madre. ¿Vivimos de puta madre? ¡Pero si cada día prohíben más cosas en Barcelona! Ya no se puede hacer nada en la calle. La mayoría de la gente que ha nacido y vivido aquí humildemente se ha tenido que marchar de Barcelona

La gente dice que hoy el nivel de vida es muy alto y que vivimos de puta madre. ¿Vivimos de puta madre? ¡Pero si cada día prohíben más cosas en Barcelona! Ya no se puede hacer nada en la calle. La mayoría de la gente que ha nacido y vivido aquí humildemente se ha tenido que marchar de Barcelona. Están cerrando la mayoría de las casas okupadas. Realmente creo que estamos en una muy mala época. Lo que pasa es que todo es muy bonito, está muy bien montado… Es un Matrix, se lo cree casi todo el mundo. Aunque la gente tenga un ordenador y pueda grabar un disco no quiere decir que estemos mejor. Tenemos medios para hacer música, pero ¿quién tiene ganas de salir a la calle y ser inconformista? Hasta las manifestaciones están tan asumidas por el sistema que no las encuentro efectivas. Los humanos evolucionamos hasta tal punto que acabamos chocando. Lo que hay que hacer es volver a las raíces en muchas cosas. Creo que la gente sigue jodida. Antes era un odio que saltaba a la vista; ahora cuesta más verlo. Que la gente vaya más bien vestida o que las casas estén restauradas en Barcelona no quiere decir nada. Que haya tanta oferta de todo ha hecho que la gente no tenga ningún tipo de ilusión por
nada. Todo es muy desapasionado.

Relaciones

Subterranean y GRB ensayaban juntos por necesidad. No creo que se pusieran a compartir el local porque fuesen grandes amigos, era una cosa de necesidad. Nosotros hemos compartido locales con mucha gente, pero puede que con Anti/Dogmatikss la relación fuera muy buena. Y posiblemente éramos más amigos de lo que algunas veces parecía. Éramos demasiado críos, demasiado jóvenes, demasiado inconscientes, incluso antisociales. Nos metíamos con todo lo que nos era extraño.
Nosotros hemos sido muy descontrolados, muy impetuosos. Nos hemos dejado llevar por la pasión y por los sentimientos, e igual hemos pensado poco en esa época. Y Anti/Dogmatikss era lo contrario: era un grupo que solamente pensaba. Después llegaba el momento en que salían al escenario y durante una hora se dejaban ir, pero su vida no era así normalmente. Era gente que se dedicaba a hacer fanzines, más culta, más de estar sentado y hacer un trabajo intelectual; gente totalmente necesaria dentro de este rollo. Nosotros podíamos aportar mucha energía y mucha gente se quedaba impactada, pero éramos de otra pasta.

1986, L’Odi Social, Pza. Guineueta. Festival Anti-OTAN (Foto: Xavier Mercadé)

Dentro de cada grupo, como en todas las buenas familias, ha habido conflictos. Y dentro de L’Odi siempre ha habido uno u otro que ha estado un poco aparte durante una época. Ése he sido yo, y el otro fue el Gos. Pero esto es ley de vida. La relación ha sido buena en general, con sus resentimientos y envidias… Naturaleza humana. Yo considero a mucha de la gente del rollo amigos míos hoy en día e igual en la época no los consideraba tanto. Con el tiempo ves el mundo de otra manera aparte de los recuerdos y la nostalgia.
Igualmente creo que hay resentimientos y cositas raras de entonces que aún siguen vivos hoy en día. Me di cuenta viendo el DVD del No acepto. Ves hablar a la gente de Euskadi y hablan con humildad, hablan bien de los demás y sinceramente; no les hace daño hablar bien de los demás. Aquí parece que hay gente a la que aún les hace daño hablar bien de los demás. No entiendo el porqué. En aquella época había una pequeña competencia que se compaginaba con la colaboración y también había respeto, y eso es lo más importante. No podemos ser todos amigos e ir de la mano. Había una unión y era muy bestia, pero hasta un límite.

Drogas

Teníamos la ilusión de largarnos de casa y vivir con nuestros amigos, que pensaban como nosotros (“¡Soy un puto bicho raro!”). Todo era muy emocionante, pero al principio la peña estaba muy, muy cascada. No había ninguna otra intención de hacer nada que no fuera drogarse. Hiciéramos lo que hiciéramos, siempre era para drogarnos. Si quedábamos para ir a ver un concierto era para drogarnos, si quedábamos para escuchar música era para drogarnos. Al principio era patético. Creo que los principios fueron la peor época. Además la gente se metía lo que fuera: media caja de Valium, una botella de vino, cervezas, cualquier pastilla que pudieras pillar del cajón de tu madre mezclada con alcohol. Era la época de El Garaje. Todo eran Maxibamatos y Dexedrinas. Todo el mundo iba de anfetaminas. La gente no dormía, nos pasábamos días despiertos. Éramos máquinas, robots. Estábamos completamente locos, desde esnifar cola a cualquier barbaridad. Luego todo esto fue evolucionando y se fue refinando.

Con L’Odi empezamos a descargar toda nuestra rabia y esa fue la droga más bestia que podíamos encontrar. Así que empezamos a frenar. Si no, no sé dónde hubiéramos acabado

Con L’Odi empezamos a descargar toda nuestra rabia y esa fue la droga más bestia que podíamos encontrar. Así que empezamos a frenar. Si no, no sé dónde hubiéramos acabado. Seguíamos, como todo el mundo, haciendo apología de la bebida… Pero nosotros nunca hicimos apología de las drogas. Tenemos un tema que se llama “Speed” que no es un tema en contra ni a favor, era una manera de dar un toque. Que la gente haga lo que quiera con su cuerpo, pero hay que decirle lo que hay. Tú no te enteras, pero cada día le estás dando la pasta a un tío por un trozo de tu vida que estás perdiendo. A nosotros nos pasó y caímos. Cada vez que te metes estás acortando años de vida. Con el speed, en una semana puedes perder la mitad de tu peso. A todos los de L’Odi nos sentó muy mal. Llegamos a puntos extremos. Días sin parar, sin comer… Fatal. Y eso nos afectaba incluso a la hora de tocar.

Dieguillo, Poly y amigos en el Fantástico (Archivo Gos)

Yo tuve un episodio muy bestia relacionado con las drogas. Recuerdo que dimos un concierto en Barcelona y aquella noche no encontraba el momento de irme a casa porque estaba con los amigos de fiesta. Estuvimos en la plaza del Sol hasta las cuatro o las cinco de la madrugada y yo a las siete tenía que coger un tren para Vitoria porque teníamos que tocar en Euskadi. Finalmente cogí el tren en un estado deplorable. No pude dormir en todo el viaje y me planté en Vitoria por la tarde. Me vino a buscar a la estación el Dieguillo y gente de Cicatriz. El rollo del vasco, ya se sabe: “Son las fiestas de Vitoria y vamos a muerte”. Supongo que en ese momento yo no sabía decir que no y nos pusimos a beber de bar en bar y el Dieguillo repartió tripis para todos. Al cabo de no sé cuanto tiempo (todo esto me lo han explicado), empecé a hablar en idiomas que nadie conocía, a meterme con la gente por la calle, a ponerme a correr como un loco donde no se podía apenas correr porque eran las fiestas y estaba petado de peña… Hubo gente que me vio gritando cosas que nadie entendía, encarándome con la gente. Se ve que intentaron pararme en más de una ocasión, pero no pudieron. Total, que acabé corriendo por Vitoria con cosas que le iba quitando a la gente como un tambor de los Blusa, que son como una banda de folklóricos vascos que salen a tocar en las fiestas. Ya me ves a mí corriendo con toda la banda de Blusa detrás… Me querían matar. Al final intervino la policía para protegerme. Vieron claramente que si me pillaban me iban a matar. Me detuvieron y opuse una resistencia fuera de lo normal. Destrocé el coche, le
arranqué uno de los retrovisores, peté una de las cristaleras, abollé la puerta… Hasta que consiguieron reducirme. Me esposaron por delante en vez de por detrás y me metieron en el coche. Le metí una ostia al conductor y le hice una brecha en la cara de once puntos. El policía me vino a ver al día siguiente al calabozo. El tío no se creía que era yo. Yo me lo he de creer porque he visto fotos y me lo han explicado gente que son mis amigos, porque si no nunca me hubiera creído una cosa así de mí. Salió un artículo en el diario y todo: “Punki
de L’Odi Social rompe coche de la policía en Euskadi”. Evidentemente, L’Odi no tocó. Yo estaba en un calabozo de Vitoria desde donde curiosamente se podía escuchar el concierto desde la ventana. Me tuvieron tres días allí y sin pensárselo me enviaron a una prisión de alta seguridad con la intención de aplicarme la ley antiterrorista. No sé cómo fue, porque estuve casi tres días para conseguir un boli y un papel; escribí una carta al juez y me acabaron liberando. Supongo que debí convencerle. Tuve un juicio y me absolvieron. Tenía un montón de denuncias y se ve que las retiraron todas, incluso la del policía al que le abrí la brecha en la cara. Tuve muchísima suerte.

Visitábamos Euskadi continuamente. Un verano volviendo de Vitoria con el Dieguillo me pasó una cosa que marcó un antes y un después en mi vida y en la historia de L’Odi. Llegamos en tren a Barcelona y pillamos el metro para ir a Gràcia. Paramos en Fontana y empezamos a bajar por Major de Gràcia. De repente fuimos atacados por unos skins nazis. Al Dieguillo lo reconocieron rápidamente, ya que había pasado muchas temporadas viviendo en Barcelona y era bastante popular. Creo que a mí me debieron confundir con el Roger de Skatalà. Para el caso, es lo mismo: éramos el tipo de gente que buscaban para perpetrar sus ataques. Seguro que cuando se enteró debió pensar: “¡Hostia,
tío, pensaba que era uno de Skatalà pero era de L’Odi Social! ¡Aún mejor!”. Básicamente nos asaltaron por la calle y la única cosa que nos dijeron fue: “¿Tú eres el Dieguillo?”. Me encasillaron en una puerta y no pude hacer nada. La puerta era como yo, no pude ni moverme ni esquivarlo. Me rajaron. Estuve tres meses de baja, un mes y medio en el hospital. Cambié totalmente. Es curioso, porque en el hospital recibí montones de visitas, incluso de gente a la que no conocía de nada. Durante semanas varios coches con peña armada estuvieron
rastreando la ciudad buscando a los skins que me atacaron. Era una sensación de comunidad brutal. Los pillaron en un bar de yayus de Gràcia. Llegaron a las manos, pero el que me apuñaló consiguió encerrarse en el lavabo del bar para evitar que lo lincharan. Se debió pasar allí toda la noche. Meses más tarde, un grupo de skins bastante numeroso se presentó en un concierto (creo que fue el de Scream en el Centro Cívico del Raval) buscándome. El tío quería pedirme perdón para que retirara la denuncia y así no tuviera que ir a juicio. Se había apuntado a la Legión para escabullirse temporalmente del juicio, pero sabía que al volver tendría que enfrentarse a él igualmente. Recuerdo que pasamos bastante miedo porque eran un montón e iban armados con palos. Al final me localizó y me dijo que me apuñaló por error, que buscaba a uno de Skatalà. Le dije que no tenía por qué hablar con él y que no me interesaba para nada lo que me tuviera que decir. Estaban muy excitados. Lo pasamos fatal. Finalmente acabó celebrándose el juicio. Se presentó vestido de traje y con pelo, con la raya a un lado, muy modosito. Lo acompañaban un par de monjas. Era surrealista. Yo pensaba: “¿Esto es real o qué?”. Vinieron las dos monjas a avasallarme para que lo perdonara. Hice la declaración y me largué. El tío no era nadie. Empezó a hacerse famoso y a estar entre los cabecillas de los skins nazis a partir de mi agresión.

Un verano volviendo de Vitoria con el Dieguillo me pasó una cosa que marcó un antes y un después en mi vida y en la historia de L’Odi. Llegamos en tren a Barcelona y pillamos el metro para ir a Gràcia. Paramos en Fontana y empezamos a bajar por Major de Gràcia. De repente fuimos atacados por unos skins nazis

Después de todo ese episodio salí con otra energía. Dejé de beber y empecé a cuidarme. La energía que requería L’Odi yo ya no podía darla. Bebíamos tanto y nos metíamos tanta mierda que era fatal. Creo que he sido una muy buena influencia en L’Odi porque esto también afectó a los demás y aunque en L’Odi nadie se corta menos yo, hubo un cambio de actitud. Empezamos a hacer un montón de temas, todo sonaba más hardcore, se notó hasta musicalmente. Estábamos más vivos, más activos. Al año siguiente nos largamos durante meses a una masía para hacer temas, para tocar. No teníamos ni un puto duro, pero nos daba igual, en Mas Palou nos buscábamos la vida. La masía tenía unas viñas que nadie cuidaba porque era una casa de colonias. Estuvimos viviendo de las uvas un mes. Cajas y cajas de uvas en la nevera, pasándolas por la licuadora. Luego robábamos en algún huerto y alguna cosa así, pero todo se iba agotando. Acabábamos bajando a Roses y saltando en algún que otro almacén de bebida. Robábamos alguna caja para nosotros, vino, cerveza y luego cajas con envases vacíos. Nos íbamos a otro almacén de la misma empresa y les vendíamos sus propios envases, los envases que les robábamos. Estuvimos meses sobreviviendo así. El disco se llamó Esventats porque hubo un mes seguido de tramontana y nos rayamos bastante. Nos estábamos empezando a volver locos.
Fotografía de portada: Un jovencísimo Saina mordiendo la guitarra (Archivo Gos)

Extraído de Harto de todo: Historia oral del punk en la ciudad de Barcelona 1979-1987 de VV. AA. (BCore, 2011)


Al habla Enric Canal “Saina”. Nacido en 1966. Barrio de Gràcia (Barcelona)

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