En las comunidades donde la gente debe calcular si su salario alcanzará para cubrir los precios del transporte y la comida, los discursos abstractos sobre el clima tienen poco impacto. Lo que realmente les interesa a los trabajadores es una visión concreta de un futuro mejor, no una advertencia sobre una catástrofe.
Ese es el argumento central del Sindicato Sudafricano de Trabajadores de la Industria Textil y de la Confección (SACTWU), cuyos organizadores están lidiando con una pregunta que los foros políticos internacionales rara vez responden. Concretamente, ¿cómo se consigue que la Transición Justa resulte relevante para los trabajadores que nunca han oído hablar del término? Simon Eppel, director de investigación del SACTWU, que estaba presente cuando se presentó el Manifiesto por una Transición Justa para la cadena de suministro textil y de la confección, conoce la brecha que existe entre las políticas y la planta de producción.
“En este momento, hablar de Transición Justa es como dar sermones. Hay que hacer algo contra el cambio climático. Pero los trabajadores no tienen ningún incentivo para asumir el riesgo. Hay que darles una razón para hacerlo”,
afirmó.
El problema de la reconversión profesional en una economía sin empleos
El Manifiesto por una Transición Justa aboga por la reconversión profesional y la reubicación de los trabajadores como pilares fundamentales del proceso. En líneas generales, el SACTWU apoya estas demandas, pero plantea una cuestión fundamental que a menudo se pasa por alto en los debates políticos a nivel mundial: la reconversión profesional solo funciona cuando hay puestos de trabajo a los que reconvertirse.
“Tradicionalmente, la parte más destacada del concepto de Transición Justa se centra en la reconversión y la reubicación de los trabajadores. Esto funciona en una economía de pleno empleo, pero no tanto en el sur global”,
explicó Simon Eppel.
En Sudáfrica, las tasas de desempleo son de las más altas del mundo. Por lo tanto, cuando se pide a los trabajadores que acepten la pérdida de sus puestos de trabajo a cambio de la promesa de oportunidades futuras, se les está pidiendo que se jueguen su sustento. El argumento del SACTWU es ampliar la visión de la Transición Justa más allá del empleo. El sindicato quiere garantizar que los trabajadores tengan una participación en los activos necesarios para la descarbonización y la producción sostenible.
“La pobreza no solo está relacionada con los ingresos. También está relacionada con los activos. En un futuro de crisis económicas, climáticas, tecnológicas y más, necesitamos pensar en cómo hacer que los trabajadores sean más resilientes, incluso mediante activos que les generen ingresos, no solo empleos”.
Una visión práctica: los trabajadores como copropietarios
El SACTWU ya está desarrollando modelos. La organización sindical está elaborando un programa de formación que parte de problemas que los trabajadores ya conocen, como las calderas de carbón de las fábricas textiles, que son perjudiciales para su salud. A partir de ahí, el objetivo es avanzar hacia soluciones colectivas.
“Se empieza por las calderas de carbón, cuyo humo los trabajadores respiran todos los días. Se establece la relación entre su salud, su comunidad y el desafío climático más amplio. A continuación, se proponen soluciones”,
dijo Simon Eppel.
Una de esas soluciones consiste en sustituir las calderas de carbón por tecnología solar térmica, lo que reduciría drásticamente el consumo de combustible. Pero, lo que es más importante, el SACTWU sostiene que los trabajadores no solo deberían beneficiarse de este cambio, sino también de tener una participación en él.
“¿Por qué el movimiento sindical no concibe modelos en los que los trabajadores puedan comprar maquinaria, el jefe se la alquile y ellos ganen un alquiler nominal cada mes? Este modelo podría promocionarse entre los compradores europeos como una forma de abastecerse de fábricas que practican un crecimiento sostenible y ecológico”,
planteó Simon Eppel.
Esta es una visión que el sindicato cree que los trabajadores podrían apoyar. No un sacrificio, sino una oportunidad compartida.
Lo que el sur global necesita del norte
La cadena de valor del sector textil minorista de Sudáfrica avanza a un ritmo diferente al de Europa. Los minoristas locales aún no exigen fibras sostenibles ni modelos de producción circulares. Esto significa que la presión del mercado que impulsa la transición en otros lugares simplemente aún no existe aquí. Pero el SACTWU tiene claro que esto no puede ser una excusa para esperar.
“Si se deja a su suerte, nuestro sistema local nos impulsará lentamente. Si queremos aprovechar las oportunidades, debemos presionar al sistema para que avance más rápido”,
aseguró Simon Eppel.
Para ello, el sur global necesita tres cosas del norte: el reconocimiento de que contextos diferentes requieren caminos diferentes, financiación asequible y, lo que es más crucial, compromisos de compra a largo plazo por parte de los compradores globales.
“Si los compradores dicen: ‘Les haremos pedidos, no por seis meses, sino con un compromiso de tres años, y aquí tienen el dinero y el acceso a tecnología’, entonces las fábricas podrán implementar los cambios. Eso es lo que se necesita para crear empresas y puestos de trabajo y para hacer posible la transición”,
añadió.
Sin esa señal de demanda por parte de los compradores del norte, ni siquiera las fábricas más dispuestas pueden justificar la inversión en tecnología verde.
Pasar de la defensiva a la ofensiva
Históricamente, los sindicatos han tenido un carácter defensivo, dedicado a proteger lo ya existente. Se trata de un cambio que Simon Eppel, quien lleva años trabajando con los trabajadores del sector textil en Cape Flats, considera que los sindicatos no pueden permitirse el lujo de eludir.
“No se puede actuar únicamente a la defensiva. También hay que pasar a la ofensiva. Si nos limitamos a defendernos de los riesgos, la naturaleza y la dirección del cambio nos serán impuestas y perderemos la oportunidad de forjar un futuro diferente al presente. Para pasar a la ofensiva, hay que proponer un mundo alternativo”,
explicó.
Eso significa experimentar, compartir lo que funciona entre los sindicatos a nivel mundial y estar dispuestos a asumir riesgos incluso cuando el resultado es incierto. El SACTWU está recaudando fondos para un programa de formación y proyectos piloto, y seleccionando fábricas en las que se puedan probar nuevos modelos.
Una transición que beneficie a todos
El Manifiesto por una Transición Justa plantea exigencias ambiciosas para las marcas, los empleadores y los Gobiernos. Si bien el SACTWU respalda este enfoque, insiste en que, a menos que esas demandas se basen en la realidad cotidiana de los trabajadores del sur global, corren el riesgo de quedarse precisamente en eso: exigencias sobre el papel.
“No hace falta aprender sobre el comportamiento humano básico ni sobre las necesidades humanas. Solo hay que pensar en los trabajadores como personas y no como meras políticas”,
afirmó.
Para el SACTWU, una Transición Justa no es un ejercicio de cumplimiento normativo ni una oportunidad de marketing verde. Por el contrario, es una oportunidad para construir una nueva relación entre los trabajadores, la tecnología y la propiedad. Una relación en la que las personas que confeccionan nuestra ropa también se beneficien del futuro de una industria que depende de ellas.