Categorías
Internacional

México: Epidemia de explotación

“A pesar de que muchas de estas empresas tienen líneas de producción no esenciales, la Mesa de Salud del Gobierno de Jalisco nunca decretó el paro de labores en estas empresas, lo que obligó a decenas de miles de obreros, la mayoría mujeres, a seguir laborando en las líneas de producción en condiciones de riesgo durante las primeras olas de contagios por COVID-19”.

Hace dos años, cuando la pandemia por coronavirus obligó a parar y detener la mayoría de las actividades educativas, comerciales y productivas en todo el mundo, muchos tuvimos el privilegio de trabajar en casa, pero grandes sectores de la clase trabajadora no tuvieron ese derecho. A la mayoría de quienes siguieron trabajando se les consideró parte de las actividades esenciales, donde destacó, de modo explicable el personal médico, así como trabajadores de sectores como transportes, de plataformas de entregas, comercio, farmacias y otros.

Sin embargo, muchos otros sectores industriales jamás pararon incluso cuando sus actividades no eran esenciales. Entre estos sectores destaca la industria electrónica y de las maquilas del país.

En la industria electrónica emplazada en la Zona Metropolitana de Guadalajara, hay más de 100 empresas (la mayoría extranjeras) y donde laboran cercar de 120 mil obreros. La peculiaridad de la clase trabajadora de la industria electrónica tapatía es que cerca de 70 por ciento de estos 120 mil obreros, son mujeres y especialmente madres solteras que son a su vez jefas de hogar.

A pesar de que muchas de estas empresas tienen líneas de producción no esenciales, la Mesa de Salud del Gobierno de Jalisco nunca decretó el paro de labores en estas empresas, lo que obligó a decenas de miles de obreros, la mayoría mujeres, a seguir laborando en las líneas de producción en condiciones de riesgo durante las primeras olas de contagios por COVID-19.

Amapola López, coordinadora de la Coalición de Extrabajadoras y Trabajadoras de la Industria Electrónica Nacional (Cetien), narró los riesgos, la pérdida de derechos y abusos que muchos trabajadores y trabajadoras de esta industria han padecido en estos dos años de pandemia (https://bit.ly/3wlL5Hq).

Aunque varias empresas aplicaron medidas sanitarias como el distanciamiento social y los ingresos vigilados con gel sanitizante, otras áreas de uso común, como el comedor, lockers, baños, bebederos, checadores y transporte no era posible guardar esas medidas de distanciamiento, explicó Amapola López.

Lo más graves que, con el pretexto de la pandemia, hubo una cadena de reajustes de producción que se tradujo en una serie de abusos a los derechos laborales de los trabajadores de la industria electrónica. Entre otras cosas, hubo varios despidos, señaló Amapola López.

“Aprovechándose de la pandemia, las empresas despidieron a mucho personal vulnerable. Se aprovecharon de situaciones de salud y de que la Junta de Conciliación no estuvo trabajando. Se les despedía sin liquidación o con poco liquidación a las personas vulnerables, se aprovecharon como para hacer una limpia. En algunas empresas redujeron su producción porque materiales que necesitaban para la producción venían de China, ciertas empresas y ciertas líneas de producción, pero nunca pararon. Entonces aprovecharon para hacer limpias, para hacer reajustes, para reacomodar personas de una planta a otra o cambiar turnos, o sea la empresa nunca le pierde. Jamás le perdió: reajustó, reacomodó, despidió personal que ya no le convenía porque se dio cuenta que tenían mucho personal ‘vulnerable’ y hubo toda esa situación de reajustar que provoco bastante violación de derechos y las autoridades no estaban”, detalló la coordinadora de Cetien.

En Ciudad Juárez, Chihuahua, con cerca de 330 empresas maquiladoras, las condiciones de precariedad laboral fueron semejantes. Mónica, una trabajadora de la empresa Regal Beloit relató que hubo muchas irregularidades desde que comenzó la pandemia. Dijo que la empresa “sólo mandó a descansar a mujeres embarazadas y a diabéticos; semanas después mandaron a descansar a las personas con obesidad. Para el día 14 de abril [de 2020] no se nos había entregado cubrebocas, gel antibacterial; no había jabón y mucho menos se nos revisaba la temperatura. Días después nos dieron un cubrebocas sencillo que no nos protegía de nada”.

Cuando comenzó el confinamiento por la pandemia de COVID-19 les hicieron firmar convenios adicionales, fuera de lo que estipulan sus contratos laborales: “Si queremos seguir y conservar nuestro trabajo, nos hacen firmar un documento para recibir menor porcentaje de salario, asistencia obligatoria de tan solo unos días a la semana, lo que equivale a menos prestaciones, entre otras condiciones que vulneran aún más nuestra situación económica. En Regal se fabrican motores eléctricos y cosas que van en electrodomésticos, nosotros no éramos esenciales y la empresa nunca cumplió con ningún decreto del Gobierno. A veces nos decían que éramos empresa esencial, y eso no se justificaba en ningún documento; entonces, como trabajadores, hicimos un paro el día 15 de abril y fue allí donde nos enteramos que había muerto el primero de nuestros compañeros por COVID-19, cosa que negó la empresa”, explicó Mónica para el portal de la Fundación Rosa Luxemburgo (https://bit.ly/3JvP47R).

Esta precariedad aumentó el estrés y presión emocional sobre los trabajadores de esta industria. Brenda, obrera de la maquila contó su testimonio; “Vivo aterrada en la incertidumbre, quiero que esto termine, ya no es vida vivir así de esta manera, incluso cuando me mandaron a descansar, unas compañeras habían enfermado antes y me fui a mi casa y a los tres días me empecé a sentir muy mal con síntomas similares a los del coronavirus, lo cual yo me aterre demasiado, estuve enferma de las vías respiratorias, pero gracias a Dios no era COVID-19”, según relatos recogidos para el estudio “Las trabajadoras de la maquila ante la COVID-19: testimonios de su dura realidad”, financiado por la fundación Friedrich Ebert en México (https://bit.ly/3IoXwEC).

Condiciones semejantes de precariedad se vivieron también en empresas de Tijuana, Baja California y en Monterrey, Nuevo León. Según cifras oficiales de la Procuraduría Federal de la Defensa del Trabajador (Profedet), citado por Animal Político, hasta octubre de 2920 recibió 191 mil solicitudes de asesoría por quejas de trabajadores, 25 por ciento más en comparación con 2019. De ese total, 82 mil casos tuvieron lugar solo durante la pandemia, entre abril y octubre, cuando los trabajadores denunciaron principalmente casos de despidos injustificados, recortes arbitrarios de salario, impagos de indemnizaciones, entre otros motivos (https://bit.ly/3iiGRba).

De modo que la pandemia agravó la situación laboral, de por si precaria, de los trabajadores de la industria electrónica. Con el pretexto de la pandemia, a muchos trabajadores “vulnerables” se les mandó a descanso con cobro a sus vacaciones y a muchos se les redujeron salarios. Hubo casos de trabajadores que les llegaba pago semanal por apenas 90 pesos. A pesar de ser grandes corporaciones con fondos multimillonarios, los empresarios de la electrónica descansaron todo el peso de la crisis económica detonada por la pandemia, en las espaldas de las y los trabajadores de esta rama industrial, quienes han vivido en estos dos años dos epidemias: la de COVID-19 y la de la explotación y los abusos de los empresarios de la electrónica. Y todo esto tolerado tanto por las autoridades de los estados como del Gobierno federal.

Por Rubén Martín

Periodista desde 1991. Fundador del diario Siglo 21 de Guadalajara y colaborador de media docena de diarios locales y nacionales. Su columna Antipolítica se publica en el diario El Informador. Conduce el programa Cosa Pública 2.0 en Radio Universidad de Guadalajara. Es doctor en Ciencias Sociales.