Las bajas laborales son el síntoma, no el problema

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Cuando la CEOE habla de las bajas laborales, siempre pone el foco en lo mismo: el coste económico que soportan las empresas, el aumento del absentismo y la necesidad de endurecer los controles. Un relato simplista. Pero hay una pregunta que casi nadie se hace: ¿por qué cada vez hay más personas que necesitan una baja laboral?.

Resulta sorprendente que apenas se analicen las causas que explican por qué España registra hoy más incapacidades temporales y, sobre todo, por qué estas duran mucho más que hace solo unos años. Por tanto, no se trata únicamente de que haya más bajas, sino también de que los procesos de recuperación se han alargado entre un 35 % y un 50 % en muy poco tiempo.

Sin embargo, la CEOE no dice nada de que España está entre los países de la Unión Europea donde las empresas asumen menos días de baja laboral. Eso no les interesa decirlo. Si una empresa se beneficia del trabajo de una persona durante décadas, ¿es razonable que no asuma ninguna parte del coste cuando esa persona enferma? El trabajo no es solo una relación mercantil; también implica derechos, protección social y responsabilidades compartidas. Los países europeos hacen participar a las empresas en este coste porque ello refuerza la prevención y la corresponsabilidad en las relaciones laborales. Trabajadores, empresas y sistema público forman una tríada en la que cada uno obtiene un beneficio de que exista una fuerza de trabajo sana. La riqueza no la genera únicamente el capital; la genera, sobre todo, el trabajo. Por eso es legítimo que una parte de los beneficios empresariales revierta en los trabajadores en forma de protección social cuando la enfermedad les impide seguir trabajando. La corresponsabilidad es una expresión del contrato social que sustenta el Estado del bienestar.

¿Qué está ocurriendo para que hoy un trabajador necesite entre un 35 % y un 50 % más de tiempo para recuperarse que hace solo unos años?

La respuesta difícilmente se encuentra en los tópicos sobre la cultura del esfuerzo.

Si la explicación principal fuera un cambio en el comportamiento de los trabajadores, cuesta entender por qué la duración de las bajas ha aumentado de forma tan intensa en patologías estrechamente vinculadas al envejecimiento, la salud mental o las listas de espera sanitarias.

Una primera explicación sería demográfica

Cataluña y España tienen una población activa cada vez más envejecida. Los trabajadores de mayor edad no son quienes acumulan más bajas. De hecho, la incidencia ha crecido más entre los menores de 35 años. Pero cuando un trabajador de más edad enferma, la recuperación es mucho más larga. Una incapacidad temporal dura de media unos 46 días entre los trabajadores jóvenes, mientras que supera los 79 días entre quienes tienen entre 55 y 65 años.

Cosas de la biología. No se supera igual una cirugía de rodilla, una hernia discal o una lesión de hombro a los treinta años que a los sesenta.

Esto pone de manifiesto una contradicción que debería preocupar tanto a los gobiernos como a las organizaciones empresariales. Desde hace años, las políticas públicas incentivan el alargamiento de la vida laboral ante el envejecimiento de la población y las tensiones sobre el sistema de pensiones. Alargar la edad de jubilación sin transformar la organización del trabajo, invertir en prevención y adaptar las condiciones laborales es trasladar el problema al sistema de incapacidad temporal.

La esperanza de vida ha aumentado, pero eso no significa que aumenten en la misma proporción los años vividos con buena salud. Es necesario adaptar los puestos de trabajo, reducir los riesgos físicos y psicosociales, impulsar la prevención y facilitar transiciones flexibles hacia la jubilación. De lo contrario, lo que se ahorre en pensiones puede acabar pagándose en incapacidades temporales, incapacidades permanentes y gasto sanitario.

También hay una cuestión que trasciende el debate sobre las pensiones. En una sociedad que afronta una crisis climática, con recursos naturales limitados y un modelo económico basado en un crecimiento constante de la producción y el consumo, ¿tiene sentido que la única respuesta sea trabajar cada vez más años? Si las ganancias de productividad, la tecnología y la automatización permiten producir más con menos mano de obra, quizá el debate no debería centrarse exclusivamente en alargar la vida laboral, sino también en cómo repartir mejor el trabajo, la riqueza y el tiempo de vida. El progreso no debería medirse solo por la capacidad de producir más, sino también por la capacidad de garantizar que las personas puedan llegar al final de su vida laboral con salud y disfrutar de una jubilación digna.

Una segunda explicación sería la salud mental

Las bajas por ansiedad, depresión, burnout o trastornos adaptativos han aumentado de forma muy importante. ¿Y qué factores influyen desde el mundo del trabajo? Una mayor presión por alcanzar objetivos, la hiperconectividad permanente, las dificultades para conciliar la vida laboral y familiar, la incertidumbre económica, el empeoramiento de las condiciones laborales, la inflación y el empobrecimiento de la población.

Pero esto también permite una lectura diferente: una sociedad que, afortunadamente, empieza a reconocer como enfermedades problemas que durante décadas se ocultaron o se soportaron en silencio. La AIReF aporta además otro elemento que merece reflexión. La incapacidad temporal es más frecuente entre trabajadores con contrato indefinido, en empresas grandes y en el sector público. Cuanta más estabilidad laboral existe, menos miedo hay a ejercer un derecho. Durante años, miles de trabajadores temporales acudían a trabajar enfermos porque sabían que una baja podía costarles la renovación del contrato.

Aquí hay un aspecto que a menudo queda fuera del debate. Para muchas personas con salarios bajos, la baja médica ya supone una pérdida importante de ingresos. En la incapacidad temporal por contingencias comunes no siempre se cobra el 100 % del salario, y eso hace que muchas personas sigan trabajando enfermas porque no pueden permitirse perder una parte del sueldo. Hay trabajadores que retrasan acudir al médico o prolongan su sufrimiento porque llegar a fin de mes es más urgente que cuidar de su salud.

Ningún trabajador decide unilateralmente estar de baja. La incapacidad temporal es un acto médico: es un profesional sanitario quien, de acuerdo con los criterios clínicos y el estado de salud del paciente, determina si esa persona está en condiciones de trabajar o si, para proteger su salud y evitar riesgos, necesita interrumpir temporalmente su actividad laboral.

Y una tercera explicación serían las listas de espera

Un trabajador pendiente de una resonancia, una intervención traumatológica, rehabilitación o una consulta de salud mental puede permanecer meses de baja sin que ello responda a la gravedad de su patología, sino simplemente a la incapacidad del sistema para atenderle antes, alargando así la duración de la baja.

Uno de los motivos que señalan todos los especialistas, tanto sindicales como empresariales, para explicar el aumento de la incapacidad temporal en España es el empeoramiento de los tiempos de respuesta de la sanidad pública. Los servicios públicos de salud de las comunidades autónomas acumulan largas listas de espera que prolongan bajas laborales que podrían resolverse antes.

Actualmente, más de 850.000 personas esperan una intervención quirúrgica en el Sistema Nacional de Salud, con una demora media superior a los cuatro meses. Cuando el sistema sanitario tarda en diagnosticar o tratar, también tarda más la recuperación y, en consecuencia, la reincorporación al trabajo.

Un debate imprescindible

¿Qué podemos hacer para que la gente enferme menos, se recupere antes y pueda volver al trabajo con todas las garantías?

El envejecimiento de la población activa, el incremento de los problemas de salud mental, las listas de espera, las nuevas formas de organización del trabajo y una mayor sensibilización social explican mucho mejor este fenómeno.

El debate que necesita el país es cómo evitar que las personas enfermen y garantizar que, cuando lo hagan, puedan recuperarse y reincorporarse al trabajo con todas las garantías.

Sorprende que en buena parte del discurso empresarial casi nadie hable de prevención ni de corresponsabilidad social.

Núria Losada Pla
Secretaria de Salud Laboral de la CGT de Cataluña

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