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Isaac Puente Amestoy, médico, anarquista, libertario

En los años veinte y treinta, el desarrollo del movimiento neomaltusiano anarquista y del eugenismo reformista ampliaron de forma considerable los foros de debate con relación al control de la natalidad, abriendo, al mismo tiempo, nuevos escaparates publicitarios en torno a la diversidad de técnicas e instrumentos anticonceptivos.

Por Víctor Moreno.

Tanto los anarquistas como los eugenistas no tuvieron ningún escrúpulo -a pesar del ambiente retrógrado e ignorante de la época-, en recomendar en periódicos y revistas, una rica y variada oferta de métodos y fórmulas anticonceptivas.

La tarea informativa no era fácil, toda vez que el uso de estos métodos, en especial el uso del preservativo, venía asociado a la tan denostada como utilizada prostitución. Entrar en una farmacia o “tienda de artículos de goma” era una odisea, donde se ventilaba el honor y el respeto de la Penélope en particular, por lo que, por regla general, se abstenían de asomar la cabeza en dichos establecimientos.

Tanto los anarquistas como los eugenistas no tuvieron ningún escrúpulo -a pesar del ambiente retrógrado e ignorante de la época-, en recomendar en periódicos y revistas, una rica y variada oferta de métodos y fórmulas anticonceptivas.

La tarea informativa no era fácil, toda vez que el uso de estos métodos, en especial el uso del preservativo, venía asociado a la tan denostada como utilizada prostitución. Entrar en una farmacia o “tienda de artículos de goma” era una odisea, donde se ventilaba el honor y el respeto de la Penélope en particular, por lo que, por regla general, se abstenían de asomar la cabeza en dichos establecimientos.

Tampoco la clase médica lo puso fácil. Más bien, sucedió lo contrario. De ahí que ni las pretensiones de divulgación llegaron a buen puerto, ni el esfuerzo realizado por médicos anarquistas y eugenistas se vio completado por la respuesta de la sociedad, que siguió manteniéndose en los diques de la ignorancia sexual. 

En este campo, Isaac Puente y Javier Serrano fueron dos médicos anarquistas que sobresalieron con creces en este menester de divulgación y de información científico sanitaria, criticando acerbamente el sistema político burgués del Estado que daba origen a esa situación. El golpismo se lo pagó crudamente: al primero lo fusilaron tras el golpe y el segundo tuvo que exiliarse a Francia.

En esta primera ocasión, el reportaje se referirá al médico vasco Isaac Puente Amestoy.

Isaac Puente Amestoy (1896-1936)

isaac puente foto

Nació en Las Carreras (Abanto Ciérvana-Vizcaya). Estudió Medicina en Santiago de Compostela y en Valladolid. En 1919, casó con Luisa García, con la que tuvo dos hijas. Empezó a ejercer como médico rural en Cirueña, obteniendo en 1919 la plaza de médico titular del partido de Maeztu, comarca con 20 pueblos, donde ejerció el resto de su vida. Tuvo una gran influencia tanto en los predios médicos como políticos; en el ámbito anarquista, especialmente, en la militancia de la FAI.

En el terreno del sindicalismo sanitario, fue uno de los promotores de la Federación Nacional de Industria de Sanidad de la CNT. En 1930, inició su actividad política institucional al ser nombrado diputado provincial de Álava, elegido Vicepresidente del Colegio de Médicos de Álava (1927-1930); sin embargo, permaneció sólo dos meses en ese cargo político, a pesar del carácter obligatorio que conllevaba aceptarlo.

En octubre de 1933, se le encargó a nivel nacional la redacción del pensamiento de lo que se conocería como comunismo libertario.

Como médico, defendió el maltusianismo y el naturismo.

En el primer número de la revista anarquista Generación Consciente (1923), sostuvo que “la eugenesia tenía cada vez más adeptos y era deber de todo médico difundir y propagar su enseñanza”, pues de no hacerlo, incurriría en “una gran responsabilidad moral”.

No por ello renunciaba a los principios del maltusianismo como lo refiere la siguiente cita: “Divulgar las leyes y conocimientos de la herencia a fin de evitar la criminal herencia patológica cuya monstruosidad solo la ignorancia puede disculpar; educar racionalmente a la infancia, iniciándola en la sexualidad y cultivando en ella sentimientos de Salud, Bondad y de Belleza, para influir más tarde en la pasión amorosa, la que debe obedecer a esa trilogía: propagar las condiciones de normalidad más favorables al acto de la fecundación; cuidados anteriores que requiere esta trascendental función para conseguir un producto lo mejor posible; medios de impedir la misma (neomalthusianismo) cuando deba evitarse; cuidados que requiere el embarazo; reglas para la buena crianza del niño de pecho (Puericultura) e Higiene profiláctica” (Puente, Generación Consciente, 1923. Pinchar para ampliar la imagen).

generacion-consc

La eugenesia no fue muy bien recibida por la sociedad católica y conservadora. Recordemos el Curso eugenésico Español de 1928, prohibido por la Dictadura, sin olvidar que el Código Penal en ese año añadió un nuevo artículo que prohibía las “teorías o prácticas anticoncepcionales fuera de publicaciones meramente científicas o actos de corporaciones técnicas”. De hecho, el concepto de neomaltusianismo se prohibió usarlo en la revista Generación Consciente, a pesar de hacerlo desde su fundación en 1923. 

Los contenidos de la revista, no solo eran incompatibles con la moral pública imperante, sino que ni siquiera tenía la consideración de publicación científica y seria. Para Puente, sin embargo, el término neomaltusianismo, al defender sus renovados objetivos en 1930, aseguraba que el concepto “Generación Consciente venía a capacitar al hombre mental y físicamente; venía a mermar esa cantera que suponen las familias numerosas de hambrientos, montón de carne inconsciente, analfabeta y depauperada, de que se abastecen los cuerpos sostenedores de esta sociedad inmoral y cruel, y es natural que había de captarse el odio y la guerra de todos los buitres que trafican y medran con la ignorancia y el dolor humanos. Hoy, al desaparecer la odiosa censura, la obra educativa de Estudios intensificará la propaganda neomalthusiana y eugénica, atendiendo con preferencia a su lema inicial de Generación Consciente». (La Redacción, oct. 1930).

Para Puente el neomaltusianismo se concebía como disciplina integral y relegaba “la eugenesia a una más de las razones de la práctica anticonceptiva», en concreto a la “fría razón” de no procrear cuando existan en la pareja casos de enfermedades hereditarias o “taras morbosas transmisibles” (oct. 1930).

Firmaba sus artículos como I. Puente y, mayormente, como “Un médico rural”. Lo hizo en la prensa obrera, sobre todo, en Solidaridad Obrera y en el suplemento Tierra y Libertad. Como especialista en temas de salud y de sexualidad se prodigó en revistas como Generación Consciente, Estudios, la Medicina Ibera, Revista de Medicina de Álava, El Pájaro Azul y Despertad.

TIERRA Y LIBERDAD, MANCHETA
SOLIDARIDAD OBRERA, 12.5.1937. MANCHETA
estudios portadas

Aparte de su ingente labor como publicista, serio y riguroso, nada frívolo, escribió libros como Divulgación de la embriología, Biblioteca de Generación Consciente, La fiebre sus causas, Tratamiento de la impotencia sexual, entre otros.

Compromiso periodístico

COMUNISMO LIBERTARIO

En su faceta como publicista en la prensa obrera se caracterizó por el uso de una claridad conceptual nada complaciente con el poder político, económico, religioso y moral. Sus análisis son tan impecables como implacables. Su estilo, sin ser seco, no deja de ser elegante, dada la precisión y rigor terminológico en el uso del vocabulario utilizado, siempre accesible al lector al que se dirige.

Al concebir su profesión como si fuese la vocación de un sacerdote o de un apóstol su jornada laboral duraba veinticuatro horas, siempre al servicio de los desheredados.

Al margen de sus análisis políticos anarquistas, me limitaré a rescatar sus opiniones relativas al mundo de la medicina, especialmente los publicados en un medio popular como el periódico Solidaridad Obrera, haciendo hincapié en tres de ellos.

Contra el médico funcionario

El primero de estos artículos lleva por título El médico funcionario, reproducido de la revista Ars Médica, y lo firma como Isaac Puente. Lo transcribo tal cual, sin comentarios. Interpretarlo desvirtuaría la fuerza de su pensamiento original.

“(El médico funcionario) tiene nulas convicciones políticas ni sociales arraigadas, que no le impiden aceptar como perfectos y justos la organización social, y el armatoste del Estado y hasta la finalidad de las instituciones. Sanidad y Beneficencia son poco más que dos derroteros burocráticos a seguir (…). (El médico funcionario) ha vendido su primogenitura por un plato de lentejas. Ha renunciado a su criterio personal, limitado a exponerlo solo cuando se le pide. Ha renunciado a tener ideas políticas, puesto que hay leyes que le prohíben manifestarlas. Y ha renunciado a tener ideas sociales, puesto que sin medir la hondura del abismo se ha adscrito a servir al orden dominante. No va nunca más allá de lo que le señala el reglamento (…) Para el médico funcionario todo es perfecto e invulnerable, desde la ciencia que ha adquirido en la Universidad, hasta el orden social en el que ha encontrado su acomodo. Es el mayor abuso que pueda hacerse de la propiedad intelectual; coger de ella solo lo que puede proporcionar ventajas egoístas y despreciar el deber y la responsabilidad que la propia conlleva”. (Solidaridad obrera, 11.3.1931 Pinchar para ampliar imagen).

Contra los intelectuales

El segundo se titula Los llamamientos a los intelectuales. El retrato que hace de ellos es mucho más agrio que el dedicado al médico funcionario. Podría perfectamente titularse La traición de los intelectuales, emulando idéntico título publicado en 1927 por Julen Benda, referido a los intelectuales que habían renunciado a la defensa de los valores universales sustituyéndolos por los valores particulares de la clase, de la raza o de la nación. Dice Puente:

“Son sordos de los peores. De los que no quieren oír. Y dirigirse a ellos es poco menos que clamar en el desierto. Detentadores de un privilegio, usufructuarios de una propiedad, disfrutando de una tolerante consideración social; educados para la sumisión a los poderes constituidos, y el acatamiento a los dogmas dominantes. Reconociéndoles de un modo tácito el monopolio del talento y la posesión de la sabiduría, nada tiene de extraño lo recalcitrante y fósil de su conservadurismo. Engreídos en la idea de su supuesta superioridad, consideran al obrero necesitado de tutela, e incapaz, por su cuenta, de hacer nada razonable. Tienen por esto una mentalidad política: la sociedad ha de estar dirigida por gentes preparadas, por intelectuales y el obrero debe esperar del acierto de quienes le manden la solución de todos sus problemas. Pueden aceptar el socialismo y el comunismo de Estado, pero no pasan por el sindicalismo ni por el anarquismo que los coloca a la misma altura que los demás hombres. No tienen dignidad, pue si de veras la sintieran no prestarían al papel de segundos y de comparsa a que nos relega el régimen burgués”.

A ello añadirá, su carácter endogámico y corporativista:

“Quieren hacer de la profesión un coto cerrado, consiguiendo del gobierno que tome medidas para evitar el exceso de profesionales. Si estuvieran seguros de que no les tocara a ellos, propondrían matar de cada diez a uno, que a tanto equivale el negar el acceso a la carreras a las nuevas generaciones de estudiantes. La revolución social habrá de hacerse sin los intelectuales. El proletariado tiene muy poco que esperar de estas clases conservadoras y retardatarias que se encastillan en las preocupaciones puramente profesionales, igual que un molusco en su concha. El yantar es solo su preocupación”. (Los llamamientos a los intelectuales 6.7.1932. Pinchar para ampliar la imagen).

Contra el comercialismo médico

Es el título del tercer artículo. Es el único que firma como “Un médico rural”. Dice así:

“La inmoralidad en el ejercicio profesional no despierta ya solamente las protestas ajenas, sino que provoca náuseas en los propios profesionales. Se prodigan técnicas justificadoras de altas cifras en las minutas. Se hacen exploraciones de lujo para cobrar 30 duros por una consulta que vale uno. Se promete más de lo debido por un tratamiento para aumentar su cotización. Se practican operaciones innecesaria para sacar al cliente unos miles de pesetas. Se cobran 500 pesetas por amparar un aborto provocado. Consultas espectaculares, ligereza en el diagnóstico, charlatanería, simulación de un interés que no se siente. Falta de interés por el cliente que paga mal o a quien se visita gratis. La inmoralidad no es privativa de nuestra profesión. En nuestra profesión, siempre que la necesidad económica nos pone en el disparadero, surge la inmoralidad.

Nos sentimos cómplices de un sistema al que vemos defender y amparar como si se tratara de la más moral de las instituciones. Un título académico es una patente para robar legalmente. Es necesario pensar en implantar un régimen social que nos asegure el disfrute de lo necesario y que no nos obligue a vivir, ni nos consienta vivir, a costa de la dispensación de nuestros conocimientos”. (Solidaridad Obrera, 28.7.1932. Pinchar para ampliar la imagen).

Compromiso político libertario

Antes de la llegada del golpe de Estado, pasaría dos años en la cárcel, exactamente de 1932 a 1934, por su militante anarquista. Tiene su ironía el hecho de que en 1932 fuera detenido por los “socialistas” “al ser acusado de tramar un siniestro complot sedicioso contra la República”. Fueron veinte días de detención gubernativa. De los 63 anarquistas detenidos, se procesarían ocho. Entre ellos, Isaac. Para su desgracia, el ambiente político de la ciudad se enrareció intencionadamente y, tras ser asesinado el guardia municipal Fidel Perea de Vitoria, el gobernador, sin prueba alguna, “les atribuyó su muerte, cuando el juez ya había procesado al presunto autor detenido que no era sindicalista” (Solidaridad Obrera, 27.4.1932).

La prensa calificó a Isaac Puente de “médico de ideas extremistas” (Heraldo de Madrid, 16.4.1932); El Siglo Futuro de “médico comunista” (16.4.1932); El Imparcial de “extremista” (17.4.1932). El periódico La Tierra saldría al paso diciendo que Isaac Puente, detenido en su domicilio de Maeztu, “no es de filiación comunista; tiene ideas libertarias, anarquistas y humanitarias poniendo su saber y ciencia al servicio de la clase explotada en primer lugar”. Con relación a su detención junto con los 63 compañeros citados, el periódico La Tierra dijo: “Si estas detenciones las achacan a que ha habido órdenes del Sindicato, van completamente equivocados, por cuanto a partir del 14 de abril no ha habido declaración de huelga general más que en la mente calenturienta del poncio, a quien le persigue el fantasma sindicalista a todas partes” (La Tierra, 22.4.1932).

Más tarde, el propio Isaac Puente escribiría dos cartas, una dirigida a los camaradas del periódico y otra al gobernador civil, José María Amilivia. En ella afirmaba que “nos creemos injustamente detenidos en satisfacción de una venganza política y de la rivalidad sindical de los socialistas, a cuyo servicio está, como es lógico, el señor Amilivia. Se ha querido estrangular en nosotros a la organización, encarcelar nuestro movimiento y nuestras ideas” (Solidaridad Obrera, 7.5.1932).

Su encierro en la cárcel, no le impidió “participar” en el Mitin del 18 de diciembre de 1932 celebrado en Barcelona donde se leyeron unas cuartillas escritas en el trullo y enviadas expresamente al acto. Ni siquiera su encarcelamiento, de 1932 a 1934, le impidió enviar sus artículos habituales a la revista Estudios, ni al periódico libertario.

Isaac Puente, neomalthusiano y eugenista

Puente, como Kropotkin, aceptaba que la degeneración del proletariado era un hecho evidente, pero, como el príncipe ruso, entendía que no era la herencia su causa, sino razones económicas, políticas, culturales y sociales las que anegaban en la miseria la salud de los trabajadores.

Aunque no era partidario del aborto como medida de control de la natalidad -era una medida dolorosa para la mujer-, consideraba que, si una mujer deseaba hacerlo, era una decisión que el médico debía respetar. Le parecía una inmoralidad y una injusticia que no se practicase el aborto a una mujer cuya vida o descendencia corriera peligro. Más que centrarse en los riesgos del aborto, Puente acentuaba su lado moral e ideológico. En su opinión, era una herramienta fundamental para la emancipación sexual de la mujer y la mejora de la sociedad: «Para nosotros la tesis del aborto es esta: Reconocimiento del derecho de la mujer a hacer abortar siempre que ella lo quiera. Su cuerpo es suyo» (Un médico rural, Estudios, 1932. Nº 105).

En cuanto a las distintas medidas anticonceptivas que había que tomar lo eran bajo las siguientes circunstancias: “1. Padres enfermos de sífilis o tuberculosis. 2. Padres que no gozasen de buena salud o cuando la relación sexual reproductora no fuera la ideal; 3) Cuando la madre corriera peligro en caso de una posible gravidez”. En un artículo, titulado “Nuestro deber biológico”  proponía que “habría que evitar procrear en condiciones “disgénicas”, es decir, cuando los padres sufrían enfermedades venéreas, cuando se consumía mucho alcohol o tabaco, o cuando la familia sufriera pobreza económica (Generación Consciente, nº 9 1924).

Participaba, también, de la idea de que los médicos debían esforzarse en informar de los medios anticonceptivos existentes a las mujeres y, “en caso de tener que practicarse algunos de ellos, fuera el médico quien lo hiciera”. No era muy partidario del uso del preservativo, pero, caso de utilizarse, aconsejaba que se hiciera “cuando la mujer no consiente en el empleo de los anticonceptivos o no puede contarse con su colaboración» o “cuando las relaciones se hacían sin las correspondientes garantías de sanidad y de prevención contra el contagio venéreo”. Entonces, lo recomendable eran preservativos de goma de buena calidad. Y, a continuación, describía las normas de su correcto empleo y conservación (Un médico rural, “El self-control», en Estudios, marzo de 1931).

Las colaboraciones de Isaac Puente en la revista Estudios son inagotables. En febrero de 1932, escribe “Aborto y anticoncepción”; en noviembre, “Conocimientos útiles anticoncepcionales”. En la revista había una sección tipo consultorio, donde el lector preguntaba lo que en esos momentos más le preocupaba. En un momento, indicará a varios lectores con dificultades para adquirir la venta de determinados productos el lugar dónde los podían adquirir. En los números de febrero de 1933, disertará sobre «De profilaxis anticoncepcional”. En marzo, junio y noviembre de 1934, sobre «Ventajas e inconvenientes de los procedimientos anticoncepcionales». Y, en marzo de 1935, de «Los periodos de esterilidad fisiológica en la mujer».

El inventario de los métodos anticonceptivos descritos en la revista de Estudios, entre 1930 y 1936, sería el siguiente: “1) Medios mécanicos: preservativos, pesario, obturador, capacete, esponja, borla. 2) Medios químicos: pomadas, cremas, óvulos, irrigaciones vaginales. 3) Medios quirúrgicos: esterilización mediante operación quirúrgica. 4) Medios radiográficos: esterilización mediante rayos X. 5) Medios serológicos: inyección del líquido seminal en la mujer. 6. Medios fisiológicos: el método preventivo de Ogino y Knaus basado en los períodos de esterilidad y fecundidad de la mujer”.

Hildegart Rodriguez en Profilaxis anticoncepcional. Paternidad voluntaria, escrito en 1932, reproducirá estos mismos medios anticoncepcionales añadiendo algunos más, y clasificándolos en métodos de uso femenino y masculino, con ilustraciones dibujadas por ella misma.

instrumentos pesarios

A partir de 1934, el método fisiológico Ogino será al que más atención le preste la revista Estudios. La estudiosa Mary Nash ve en esa fecha tardía el desfase tremendo de España ante la aplicación del método de dicho método (Neomalthusianismo anarquista y control de natalidad en España, 1984). 

Puente, como el resto de colaboradores, lo describe con todo detalle y minuciosidad. No solo su aplicación, sino los principios científicos en que se basa su funcionamiento y, muy especialmente, los mecanismos referidos a la fecundación, facilitando dibujos, gráficas y diagramas para hacer fácil su compresión. La revista confeccionará un calendario de propaganda señalando los días de esterilidad y fecundidad para un ciclo normal y regular de veintiocho días. En su afán informativo del método, les mueve la tesis de que “en toda mujer existe un período fecundo entre las dos menstruaciones, un periodo precedido y seguido de un período de esterilidad”. No obstante, el doctor Félix Martí Ibáñez lo rechazaría por considerarlo “inexacto” e “inseguro” y no, como se dijo, porque estuviese patentado por la Iglesia católica. Además, generaba mucha ansiedad y angustia en las mujeres que lo practicaban.

La esterilización con rayos X la consideraba peligrosa, por la inseguridad y dificultan en la dosificación. En cuanto a los medios serológicos, Isaac Puente se mostraba receloso por cuanto “se encontraba aún en fase de experimentación y ofrecía una acción protectora corta y un margen amplio de riesgo de fracaso”.

El procedimiento de la esterilización de la mujer, recomendado en los años de la II República, lo aconsejaba Puente para casos excepcionales, con ligadura de trompas.

La esterilidad del hombre mediante la vasectomía ofrecía menos problemas por tratarse de una operación menor. Pero, a pesar de ello, su mera propuesta generó un gran debate. Puente se vio precisado a distinguir entre vasectomía que era irreparable y vasotomía que permitiría la recuperación parcial de la potencia fecundadora del hombre en un futuro. Las suspicacias fueron enormes, toda vez que las prácticas esterilizadoras estaban impulsadas en esta época por el régimen nazi contra individuos que padecían alguna tara física o psíquica. Puente no deseaba en modo alguno que anarquismo y nazismo se confundieran ni de lejos, de ahí su interés en recalcar la decisión voluntaria del sujeto a la hora de decidir dicha técnica (Véase sobre este asunto la tesis doctoral de Alejandro Lora, El poder de la revolución: percepción y representación en el anarquismo español de los años treinta).

A este respecto, el doctor Javier Navarro y Coello afirmaba: “Es fácil la vasectomía para impedir la concepción. Es sumamente fácil, pero la ley la prohíbe” (Solidaridad obrera, 11.4.1934).

Asesinato en Pancorbo

Tras el levantamiento militar de julio de 1936 y al estar Maeztu en zona golpista y rebelde, Isaac Puente fue detenido el 28 de julio de 1936 y trasladado a la cárcel de Vitoria. Según vox pópuli, en la noche del 31 de agosto fue sacado de la cárcel y fusilado en el desfiladero de Pancorbo (Burgos).

Como cuentan sus biógrafos, su asesinato fue condenado por todo tipo de personalidades de la época, fueran de izquierdas como de derechas. A este respecto, Juan Ferrer decía que “la bondad de Puente era tan auténtica, que no tenía enemigos ni en la tierra reaccionaria donde moraba. Precisó una requisa forastera para que el bueno de Isaac Puente pudiera ser conducido al calvario ante el estupor de los maeztucinos”.

Dio nombre al Batallón Isaac Puente, la unidad militar nº 3 de las Milicias Antifascistas de la CNT del País Vasco que actuó en el Frente Norte durante la guerra, y que fue el batallón de choque nº 11 del Estado Mayor del Euzko Gudarostea. (Véase el documentado libro de Francisco Fernández de Mendiola, Isaac Puente, El médico anarquista, Editorial Txalaparta).

Como en tantos otros casos, su casa, patrimonio y bienes personales fueron expoliados por el régimen, a la par que intentó sepultar su nombre en la sima del olvido.

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